P. SILVESTRE OJEA
GONZÁLEZ

Quien, por años, había dirigido
los destinos de la Provincia de Madrid, acababa de fallecer. Así que, era preciso nombrar su “eliseo”.
Y, ¿quien podía conocer mejor las entrañas del monstruo que quien había
vivido dentro?
Así
sucedió. El responsable de tomar la decisión se fijó en el P. Silvestre Ojea
González, quien, por cierto, no era ningún desconocido. Un cronista le califica
de sobresaliente en ecuanimidad por haber
pasado por el rectorado
del estudiantado, como lo hace la brisa, sin un grito. Un detalle le llama la
atención, la intocable cabellera: Hasta los últimos años, -el P. Ojea- la
mantuvo íntegra. Por lo que hace al
color, nunca peinó cana ya que el cuervo jamás
despegó totalmente; y, cuando el cisne quiso aterrizar, no pudo tomar
posesión total.
La
Provincia de Madrid era, en realidad, un monstruo. En tan enorme Provincia, nunca
se ponía el sol. Las estadísticas cantaban: 40 casas, con 325 misioneros, en España. En
Hispanoamérica, casas regadas en Méjico, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Bolivia,
Perú... Sitios todos en los que los misioneros ejercían intenso apostolado en
parroquias, seminarios y colegios. Hasta
en Asia había paúles: la Misión de Cuttak y la
Provincia de Filipinas. El Visitador de Madrid era, además, el Director
espiritual de las 10.000 Hijas de la Caridad españolas.
Evidentemente, dominar este
monstruo requería capacidad. Del P. Ojea se afirmaba que hablaba poco, pero
que, con su mirada, expresaba lo que callaban sus labios. Sumamente cuidadoso
de no molestar a nadie prefería el bien de los demás al suyo propio. Su andar
lento y pausado eran la mejor señal de su
“introspectividad”.
De momento, su termómetro
registraba excelentes calificaciones: Humanidades, en el Monte Medo, a los pies
de “la Santiña”;
Filosofía, en Hortaleza y Teología en Madrid.
Ordenado sacerdote, había sido destinado al Colegio de Limpias donde
aprovechaba las vacaciones, para viajar a Irlanda a fin de imponerse en el
inglés y ser más útil. Completó sus
estudios eclesiásticos en Roma.
Con maxima cum laude
consiguió el doctorado en filosofía y teología. Acerca de esto su compañero
hace el siguiente comentario: ... con su
trabajo arduo, callado y constante, nos ha enseñado a todos lo que hemos de
hacer en el lugar en que nos haya
colocado
Que la constancia fue una de sus
virtudes, podrían certificarlo la mayoría de los formandos
que pasaron por sus manos. Otra de sus
preocupaciones fue un gran celo por
ser cartujo en casa. Sin embargo, esto no fue óbice para que visitara las comunidades de
ultramar: Filipinas, La India y las dos Américas.
Juzgó conveniente hablar con los
súbditos y enterarse de las necesidades de las Provincias filiales
desparramadas por la inmensa geografía. No es cuestión de ponernos a hacer una
lista de cualidades. Sin embargo, no se comprende que haya una vida de cartujo sin un alto grado de espiritualidad. Cuando el
P. Ojea faltaba a la oración, era para alarmarse. ¡Muy mal tenía que estar! Su
más humana faceta de gobernante quedó plasmada en
Hasta los últimos años, gozó de
una apetecible salud. Sólo al final, la cama
se convirtió en un púlpito desde donde predicaba la paciencia y la aceptación
de la voluntad de Dios. Repetidas veces pidió perdón por los escándalos que
pudiera haber dado a
MARTINIANO LEÓN, C. M.