P. EUGENIO SÁDABA SÁDABA

 

Cuadro de texto:  

Nombre:              Eugenio
Apellidos:            Sádaba Sádaba

Lugar nac,           Cárcar (Navarra)
Fecha nac.           25 / 08 / 1930

Vocación:            21 / 09 / 1947
Ordenación:         12 / 09 / 1954

Manatí:                1956 - 1966
San Juan:             1966 / 2000

Muerte:                20 / 05 / 2000

La vocación misionera de Eugenio hay que analizarla en el entorno de la guerra civil. Por aquellos días, a los niños  -sobre todo, a los de Navarra- les afecta la llamada “fiebre del seminario”. Nada tiene de extraño que Eugenio, nacido en  un hogar cristiano de la ribera, se contagie. Pero, ¿por qué a los Paúles de Pamplona? ¿No sería que  algún misionero le sedujo?

 

Extraído del campo, nunca dejó de amar a su terruño. Le tiraban las raíces. Así que,  cada vez que podía, volvía a disfrutar con los suyos. Como la gente del campo, Sádaba era hombre bueno por naturaleza. Lo mismo que la tierra de donde procedía, no hacía falta regarle para que diera buen fruto. Desde niño, estaba consubstanciado con el espíritu de trabajo. Apropiada envoltura de aquel cuerpo alto y enjuto. ¿Hecho de raíces? 

 

En el seminario, se completó ese amor a los pobres que él había heredado de familia. ¡Que no se sentían orgullosos los Sádaba cuando llegaban al Seminario y verificaban que las manos del san Vicente niño, que repartía harina a los pobres, dibujado en una de paredes de la Iglesia “La Milagrosa” eran las manos de su hijo seminarista!

 

Como flores naturales, las virtudes humanas convertían a Eugenio en un ser acogedor.  Callado, silencioso, se constituía en la expresión de lo inesperado. De tal forma que uno de sus Visitadores dijo de él: Es el misionero más exquisito de la Provincia. Pues, de puntillas, sin molestar a nadie se despidió de todos. El amante del diálogo, el solidario, ya no habló más. Y dejó de preocuparse por las  causas justas.

 

Al polifacético Eugenio Sádaba le caían todas las responsabilidades. La creatividad es, sin duda, el mejor recuerdo que nos ha dejado. En todo los ministerios brilló su buen hacer y eficacia. Esta múltiple actividad la desarrolló en dos solos destinos: la Parroquia “La Candelaria” (Manatí) y  la “Casa Central” (San Juan). Si  no participó activamente en misiones, fue debido a su salud. De todas formas, le acompañan las obras de un gran misionero.

 

En Manatí -1956 a 1966- desempeñó los oficios de párroco-superior y administrador de los bienes económicos de la Provincia. Como responsable de la comunidad, construyó  la casa parroquial y varias capillas. En el apostolado, fue director diocesano del Movimiento Familiar Cristiano. Cito este dato que aporta el historiador de la Provincia: Cuando en 1973, el  obispo de la diócesis, presentó su renuncia al Papa por débil estado de salud, se barajaron varios candidatos. Poseo la certeza de que uno de los nombres de la lista, era el de Eugenio Sádaba.

En la Casa  Provincial, le ajustaron todos lo galones: superior, párroco, director del colegio y director de las Hijas de la Caridad. Como actividad “ad extra” creó el Departamento de Servicios Pastorales. En música, editó el popular Cantemos de las mil y una ediciones. El Contigo en la enfermedad fue una ayuda para cuando más se necesita. En el año 1988, aparece Palabra y Vida, publicación bimensual con la reflexión sobre el evangelio de cada día. Llegó a ser tan popular que  alcanzó los  45.000  números de tirada.

 

Todo  era posible para quien era un hombre de fe. Lo demuestra con su fidelidad a la oración, en lo  personal y en lo comunitario. Esto le hizo atrayente para muchos.

 

Es cierto, quien había comenzado cerca de su familia con una pequeña maleta, se iba ligero de equipaje pero lleno de ilusiones. La última de ellas, El Fondo del Pobre. Bella iniciativa de quien tenía manos para los pobres. Los buscaba donde estuvieran: en Puerto Rico, en  República Dominicana, en Haití, en Bolivia, en  Cuba... Ya sé que si me oyera decir estas cosas, me mandaría callar, alegando que eso es culto a la persona. Se lo he oído decir muchas veces.

 

MARTINIANO LEÓN, C. M.