P. BENJAMÍN HUERGA GONZÁLEZ

 

Cuadro de texto:  

Nombre:            Benjamín
Apellidos:          Huerga González

Fecha nac.          05 / 05 / 1910
Lugar nac           San Cristóbal de
                           Entreviñas
                           (Zamora)

Vocación:          14 / 09 / 1927
Ordenación:       15 / 09 / 1935

Venezuela:        1937 - 1941

España:             Salamanca        
Baracaldo      Hortaleza
Limpias
Madrid

Muerte: 	           24 / 11 / 1988

De sus años de estudio, se conservan pequeños detalles que pergeñan ya su talante. Quienes le conocieron resaltan un carácter elegante, ordenado, callado... Sin embargo, fluidamente claro en sus exposiciones y  exacto cumplidor del compromiso.

 

Eso sí, despistado in excelsis, vivía en el mundo de sus pensamientos. Gotera ésta que encubría con otras altas dotes. Por ejemplo, ser un notable tenor al que escucharle, producía deleite. Se cuenta que, con motivo de la muerte del Padre General, se celebraron oficios en la Basílica “La Milagrosa”. Ocasionalmente, Benjamín Huerga  se encontraba allí por haber venido desde Cuenca a una revisión médica. Cantó los solos de tenor y su preciosa y afinada voz, nítida y vibrante, llamó la atención.

 

Ante la amenaza de la guerra, inmediatamente después de la ordenación, los neosacerdotes fueron trasladados a Potters Bar (Inglaterra). Allí, concluyó sus estudios y fue destinado a Venezuela. En el Seminario-Colegio de Calabozo -pleno llano venezolano- se entregó con alma, vida y corazón a la educación. Sólo por corto tiempo;  porque, en 1941, ya está en España. De tan breve estancia, siempre guardó emocionados recuerdos. Pasados los años, uno de sus  ex-alumnos, ministro del Gobierno venezolano, le escribía: Le invitó a que se dé una vueltita por Calabozo para que vea como hemos progresado.

 

En España, le vemos hecho un brazo de mar en Salamanca donde misiona, anima ejercicios espirituales y predica. Dicen que con sencillez, con elegancia y persuasivamente. Sin haber sacado el jugo completo a sus prédicas, fue nombrado superior del Colegio de Baracaldo. Por un año nada más, porque, al finalizar el curso, le designaron  “Director de novicios”.

 

Cerca de  ochenta  jóvenes estaban  esperándole en Hortaleza. A esta la tarea dedicó los mejores diez años de su vida que, por cierto, coincidieron con los tiempos de mayor afluencia vocacional (Hortaleza, 1956-1950; Limpias (1950-1956). No menos de mil candidatos escucharon sus consejos. Lógicamente, no todos alcanzaron la meta.

 

Bien le conoció quien le describe: Impresionaba su tipo hierático, de pie, de rodillas o sentado, con la cabeza erguida haciendo algún movimiento pausado de izquierda a derecha. Solía mantener los ojos cerrados cuando estaba en oración. Su tono sentencioso imponía respeto. No lo manifestaba, pero se adivinaba el interés y el aprecio que mostraba  por cada uno y el sufrimiento que le ocasionaba el tener que despedir a alguien. Su correspondencia patentiza esas notas de sensibilidad que, a veces,  pasaban desapercibidas, sobre todo, entre los que le juzgaban más como juez que como padre.

 

El que desee conocer  su pensamiento como director de novicios que acuda a una conferencia que él dictó a finales de septiembre de 1956. Lleva por título: Conocimiento del novicio. Ahí queda recogida su experiencia de formador en contacto continuo y responsable con unos jóvenes a quienes trataba de educar para el futuro. Su labor de formación  prosiguió al ser nombrado “director espiritual del estudiantado”. Es decir, de sus antiguos novicios. Pero, eran otros tiempos..  

 

De “formador” hasta  ser nombrado superior de la comunidad de San Pedro y, un poco más tarde, vicario de la Basílica “La  Milagrosa”. Con el P. Primitivo Gonzalo, formó lo que los parroquianos dieron en llamar, el dúo dinámico por las filigrana musicales. Pero, por más que recobraba sus  cualidades de juventud, no logró levantar el ánimo.  Eran los tiempos. Con motivo de la división de la Provincia de Madrid, la Casa Central era un “hervidero”. Difíciles tiempos para dirigir la comunidad. Liberado de oficios, entra en una etapa de paz y de sosiego. Despreocupado de obligaciones, sigue siendo el compañero amable y cortés. Su dedicación pastoral se reduce a atender la capellanía de la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad. El 24 de noviembre de 1988, se cerraron sus vivarachos ojos y su preciosa voz se apagó en la tierra para cantar en el cielo la gloria del Señor.

 

MARTINIANO LEÓN, C. M.