P. BENJAMÍN HUERGA GONZÁLEZ

De sus
años de estudio, se conservan pequeños detalles que pergeñan ya su talante.
Quienes le conocieron resaltan un carácter elegante, ordenado, callado... Sin
embargo, fluidamente claro en sus exposiciones y exacto cumplidor del compromiso.
Eso sí, despistado in excelsis,
vivía en el mundo de sus pensamientos. Gotera ésta que encubría con otras
altas dotes. Por ejemplo, ser un notable tenor al que escucharle, producía
deleite. Se cuenta que, con motivo de la muerte del Padre General, se
celebraron oficios en la Basílica “La
Milagrosa”. Ocasionalmente, Benjamín Huerga se encontraba
allí por haber venido desde Cuenca a una revisión médica. Cantó los
solos de tenor y su preciosa y afinada voz, nítida y vibrante, llamó la atención.
Ante la
amenaza de la guerra, inmediatamente después de la ordenación, los neosacerdotes fueron trasladados a Potters
Bar (Inglaterra). Allí, concluyó sus estudios y fue
destinado a Venezuela. En el Seminario-Colegio
de Calabozo -pleno llano venezolano- se entregó con alma, vida y corazón
a
En España, le vemos hecho un
brazo de mar en Salamanca donde misiona, anima ejercicios espirituales y
predica. Dicen que con sencillez, con elegancia y persuasivamente. Sin haber
sacado el jugo completo a sus prédicas, fue nombrado superior del Colegio de
Baracaldo. Por un año nada más, porque, al finalizar el curso, le
designaron “Director de novicios”.
Cerca
de ochenta jóvenes estaban esperándole en Hortaleza.
A esta la tarea dedicó los mejores diez años de su vida que, por cierto,
coincidieron con los tiempos de mayor afluencia vocacional (Hortaleza,
1956-1950; Limpias (1950-1956). No menos de mil candidatos escucharon sus
consejos. Lógicamente, no todos alcanzaron la meta.
Bien le
conoció quien le describe: Impresionaba
su tipo hierático, de pie, de rodillas o sentado, con la cabeza erguida
haciendo algún movimiento pausado de izquierda a derecha. Solía mantener los
ojos cerrados cuando estaba en oración. Su tono sentencioso imponía respeto.
No lo manifestaba, pero se adivinaba el
interés y el aprecio que mostraba por
cada uno y el sufrimiento que le ocasionaba el tener que despedir a alguien.
Su correspondencia patentiza esas notas de sensibilidad que, a veces, pasaban desapercibidas, sobre todo, entre los
que le juzgaban más como juez que como padre.
El que
desee conocer su pensamiento como
director de novicios que acuda a una conferencia que él dictó a finales de
septiembre de 1956. Lleva por título: Conocimiento
del novicio. Ahí queda recogida su experiencia de formador en contacto
continuo y responsable con unos jóvenes a quienes trataba de educar para el
futuro. Su labor de formación prosiguió
al ser nombrado “director espiritual del estudiantado”. Es decir, de sus
antiguos novicios. Pero, eran otros tiempos..
De
“formador” hasta ser nombrado superior
de la comunidad de San Pedro y, un poco más tarde, vicario de la Basílica
“La Milagrosa”. Con el P. Primitivo
Gonzalo, formó lo que los parroquianos dieron en llamar, el dúo dinámico por las filigrana
musicales. Pero, por más que recobraba sus
cualidades de juventud, no logró levantar el ánimo. Eran los tiempos. Con motivo de la división
de la Provincia de Madrid,
MARTINIANO LEÓN, C. M.