MANUEL MOLINERO MORALES
Nombre: Manuel Apellidos: Molinero Morales Lugar nac. Villanueva de los
Infantes (CR) Fecha nac 19
/ 03 / 1910 Vocación: 14 /09 /1928 Llega a Vla: 10 /10 / 1934 Diaconado: 27 / 11 /1977 Muerte: 15 / 01 / 1995
Pasó casi toda su vida en Caracas. En concreto, en el Prado de María donde se le
conocía como “El Hermano”. No porque no hubiera
otros del gremio, sino porque él lo había monopolizado. En “Memorias de un manchego en Venezuela” Molinero
reparte así sus días: “Me encuentro en el
cincuentenario de mi estancia en el
Prado de María. En la primitiva casita,
la de una sola planta, viví hasta que fue
derribada para levantar lo que hoy es el Seminario. En la nueva construcción viví dieciocho años y,
en la actual Casa Provincial, la que está adosada a
Había nacido en La Mancha y el andarín misionero siempre recordará
con cariño a su Villanueva natal Se gloriaría de que la había santificado Tomás de Villanueva y de que la había
dado fama Don Francisco de Quevedo.. Pues, tanto del uno
como del otro, Molinero había heredado algo. Del clásico, la palabra fácil y el
gracejo para contar chascarrillos que, a nivel comunitario, le
convertían en el “animador de la
recreación”. Al santo, le imitaba en la caridad. ¡Buen
chico ese Molinero...! solían repetir los mendigos.
A los diez años, le puso su padre a cuidar ovejas. “No
recuerdo haberle dado nombre a ninguna, como hiciera san Vicente,... pero, me encantaba pintar cruces en las pizarras y depositarlas
en los huecos de los árboles.
Cuando comenzaba a apuntarle el bigote, se lo afeitó la vocación. Así que no pudo “echárselas de tenorio” sino que hubo de
pensar en ser “fraile o cura” Antes de decidirse, hizo sus cálculos: “Soy demasiado
viejo para iniciar la larga carrera eclesiástica. Seguro que me sorprende el
servicio militar y tengo que abandonar. Pero si me meto a Hermano, profeso antes y, cuando me
toque ir a la mili, seré profeso y me habré librado”
Como
buen manchego, encarnaba a Don Quijote. No precisamente por su figura ya que
era bonachón y regordete, como Sancho. ¡Ya quisiera para sí el ilustre
escudero la vocación de servicio de
nuestro Hermano! Molinero era Quijote por los fantásticos molinos que llevaba en
su imaginación y. hasta, en su apellido...
En su taller de orfebre, “La Metamorfosis”, “desfacía entuertos de santos” como Don Quijote de gigantes. A un san Ramón
lo había “desentuertado” en un Vicente de Paúl “bien
pincho” ¿Fue su vida una quijotada?
Sí. La aventura más llamativa su salida para Venezuela, que le recibió en este
clima de encanto:.
“Al amanecer, nos encontrábamos
remontando Orinoco arriba ¡Qué impresión!
Selva a las dos orillas. ¡Bandadas de loros, pericos, guacharacas! ¡Qué
paisaje! Todo tan distinto de La
Mancha…. Así se lo narraba a sus
familiares en la primera carta que les
escribió.
.
Enamorado
del selvático Orinoco, pasó tres años en
sus orillas. Hasta que fue destinado a
Caracas. El quijotino Hermano tenía, también, su Dulcinea: La
Virgen de la Antigua patrona de
Villanueva. Como habían llegado algunos del pueblo, organizó con ellos la
fiesta del reencuentro A los infanteños les encantó. Molinero colaboró “rascándole el lomo al armonio”.
Aventura fue, también, su decisión de iniciar estudios a los sesenta
años El
día que se ordenaba de diácono recibió felicitación del P. James Richardson
quien le pedía que “después de un año, le
escribiera dándole cuenta de su experiencia”.
En comunidad, nos hacía esta evaluación: “Ya
he realizado más de ocho mil bautizos. Así que, fácilmente puedo llegar a los diez mil. Algunos han sido de gente mayorcita
como la joven de veintiocho años y la universitaria de veintidós. No solamente he bautizado en Venezuela
sino en Argentina y en España cuando voy
de vacaciones. Matrimonios sólo he
presidido ocho de los cuales, tres en España y uno en Argentina”.
A pesar
de su “diaconado”, Molinero siguió
deleitándonos con “su tradicional sopa de
ajo”. De tal forma que el cronista de Caracas precisa: “Manuel Molinero era un Hermano
cinco estr3ellas: La de la servicialidad, la de la dedicación al trabajo,, la de la perseverancia, la del compañerismo y la de su devoción a la Virgen”.