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Pues sepa el paciente lector que la XL Asamblea General de la Congregación de la Misión ha terminado el día 29 de julio de 2004, a las 10, 09 de la mañana. Anote también, por si fuera necesario, que el calendario es dadivoso con esta señalada fecha y otorga los especiales auspicios de santos tan renombrados como Marta, Lucila, Lupo de Lerins, Adán y Beatriz. Tampoco se olvide de que ésta es la última crónica, que suma el número diecinueve desde que comenzó esta magna reunión. Y tenga en cuenta, para que usted la lea con más benevolencia, que ha tenido que ser escrita a uña de caballo, por imperativo de las prisas, los viajes, los desocupamientos y otras vicisitudes propias de toda clausura.
Por
lo demás, la Asamblea ha finalizado como empezó: con un ambiente de fraternidad,
de cordialidad y de buena convivencia. En este preciso momento, los asambleístas
y los colaboradores están compartiendo, distendidamente y todos juntos, un
frugal almuerzo, algunos se hacen las últimas fotos, otros se despiden
efusivamente, otros intercambian sus direcciones de correo electrónico. Es la
despedida, pero es también la prueba de que la Congregación es amplia y
ecuménica, universal y familiar. Y es también el reflejo de que casi un mes de
convivencia hace que se llegue al convencimiento de que es más lo que nos une
que lo que nos separa, y que el lenguaje del corazón es más fuerte y cálido que
todos los idiomas gramaticales.
ENTRE EL SUEÑO Y LA ESPERANZA
“La esperanza no es un sueño, pero hace que los sueños sean realidad. Dichosos los que tienen sueños y están listos para pagar el precio de que esos sueños lleguen a ser verdad”. Estas hermosas palabras del Cardenal Suenens pueden valer muy bien como epílogo de esta Asamblea. Las pronunció, al final de su homilía, el P. Gregory G. Gay, Superior General, en la Misa que, a las 7 de la mañana de este día 29, se concelebró en la iglesia del Colegio Leoniano, y que clausuraba litúrgicamente la Asamblea. Con la acostumbrada mezcla de lenguas, todos los asambleístas y colaboradores, además de algunas Hijas de la Caridad, dieron gracias a Dios, cantaron con gozo, oraron como hermanos y reflexionaron, a la luz de la Palabra de Dios, sobre los cambios actuales y la experiencia de fe y de confianza en el Dios de la vida.
LA ADULTEZ DE LA “CRIATURA”
En la crónica anterior, quedaba en el aire la pregunta sobre cómo
sería, por fin, el Documento final, o, dicho metafóricamente, cómo llegaría a su
adultez definitiva la “criatura documental” que estaba naciendo. La respuesta
tuvo lugar el día 28 en la sesión plenaria de la tarde. Los asambleístas, en esa
sesión, se dispusieron a dar la carta de adultez a la dichosa “criatura”. Y lo
hicieron sin mayores dificultades.
A estas alturas de la Asamblea, el lector ya se habrá habituado a estos rituales asamblearios. Por si todavía no se ha enterado bien, le diré que los tres “arquitectos” de la Comisión de redacción explicaron las enmiendas recibidas: las que modificaban sustancialmente el texto, las que lo hacían con menos fuerza, y las que no aportaban nada y habían sido rechazadas por la Comisión; que la Asamblea fue votando detalladamente el Documento: enmienda por enmienda, punto por punto, párrafo por párrafo..., hasta redondear una considerable cifra de votaciones; y que, por esas cosas que tiene el mecanismo parlamentario, todavía no quedó aprobado el Documento de manera formal, jurídica y reglamentaria. Tendría que ser en la sesión de esta mañana, día 29, cuando, por fin, la Asamblea aprobó totalmente el llamado Documento final de la Asamblea General. La “criatura documental” había llegado a su adultez.
Y los asambleístas, a petición del moderador, lo hicieron con un nuevo y original método: el plausómetro, o sea, que el Documento final fue aprobado mayoritariamente con un aplauso. Este cronista confiesa que no estuvo muy atento para medir la duración y la intensidad de los aplausos. Y tampoco puede asegurar si los aplausos respondían a que, por fin, se había acabado el proceso de gestación y de nacimiento de la “criatura”, o si certificaban la esbeltez y la belleza de la misma.
UN REPORTAJE CON HUMOR E IMAGINACIÓN
Entre tanta seriedad y reglamentación, no estuvo nada mal un espacio para el humor y la distensión. Y de ambas cosas se encargó un reportaje fotográfico que, en formato de “power point” se proyectó durante un cuarto de hora. Su autor merece ocupar un hueco en los anales de las Asambleas Generales, y se llama P. Thomas Stehlik. Fue una visión panorámica desde el comienzo de la Asamblea, hecha con imaginación, buen humor y excelentes fotografías.
... Y CLAUSURA
“Por
la autoridad que se me ha concedido como Superior General, declaro esta Asamblea
legítimamente clausurada”. Con estas palabras, el P. Gregory G. Gay puso el
punto final a la XL Asamblea General. Antes, según el artículo 48 del
Directorio, había pedido el consentimiento a los asambleístas. Y, un poco antes,
había pronunciado el discurso de clausura. Un discurso estructurado en tres
partes: agradecimiento a todos los que, de una u otra forma, han hecho posible
la preparación, puesta en marcha, animación y mantenimiento de esta Asamblea,
con una insistencia mayor en el anterior Gobierno General y, sobre todo, en el
P. Robert P. Maloney, que también dio gracias a Dios y a todos los presentes;
atención al Documento final en su lectura y en su puesta en práctica; y recuerdo
de algunos puntos de su encuentro con los misioneros jóvenes.
Estas crónicas comenzaron en actitud de servicio y así han querido mantenerse a lo largo de todo el tiempo asambleario. Soy consciente de que unos hubieran preferido más comentarios, otros más datos minuciosos, e, incluso, algunos más noticias curiosas. Este cronista ha preferido la narración objetiva salpicada con cierto humor, dando por supuesto que el lector sabe bucear entre textos y líneas.
Además, este cronista no quiere dejar en el olvido a dos colaboradores extraordinarios que han hecho posible la universalidad de estas crónicas. Me refiero al P. Joseph V. Cummins y a Pascal Bremaud, traductores al inglés y al francés respectivamente. Sin ellos, la labor de este cronista se habría visto muy limitada. Y, desde luego, mi agradecimiento también va por usted, lector benevolente, que ha tenido a bien leer estas modestas crónicas. Hasta siempre.
A más de uno le ha podido asaltar la tentación de pensar que hoy el cronista no iba a tener trabajo. Ciertamente, los asambleístas apenas han pisado la sala de plenos. Y esto casi siempre lleva consigo la idea de que no hay material noticiable suficiente para hilvanar una crónica. Pero advierto, de antemano, para el lector despistado, que una Asamblea no sólo se desarrolla en la sala de sesiones, como ya dije en alguna crónica de días pasados. Y hoy los asambleístas han trabajado mucho y, al parecer, bien. Durante toda la mañana y parte de la tarde, los distintos grupos continentales han estado estrujándose el cerebro, buscando afanosamente una serie de desafíos que completen y hagan más operativo el Documento final. Este cronista se asomó discretamente a algún grupo y puede certificar la riqueza reflexiva y dialogal que allí había.
Por
otra parte, la “criatura documental” ha nacido del todo y ha sido presentada en
sociedad a toda la Asamblea. Y esto ya es noticia. No ha sido una presentación
de gala y a bombo y platillo, pero ya sabemos cómo es y cuáles son sus rasgos
fundamentales. La Comisión de redacción ha trabajado con soltura, estilo,
rapidez y orden, y ha sabido vestir con bastante atractivo a la “criatura”
naciente. Lo cual no es poco en la difícil tarea de acicalar un texto trilingüe.
O sea, que esta jornada puede quedar, en la historia de la XL Asamblea General, como una de las más ocupadas y laboriosas. Lo cual viene a confirmar que no siempre coincide la apariencia con la realidad ni el ruido con los truenos.
DESAFÍOS, LÍNEAS DE ACCIÓN, COMPROMISOS...
Es la labor realizada durante algún tiempo
del día anterior y durante casi toda la jornada de este martes. No es cuestión
de entrar en discusiones filológicas sobre si los grupos continentales tenían
que buscar “desafíos”, “líneas de acción”, “medios”, “compromisos”... Lo más
importante es que han tratado de concretar una serie de cuestiones tocantes y
sonantes que afectan realmente a la Congregación de la Misión. Dicho de otro
modo, han intentado bajar de la teoría a la práctica para que el Documento final
no se quede solamente en la geografía de las buenas intenciones.
Y lo han hecho por continentes, porque la inculturación es una premisa ineludible, a pesar de vivir en un mundo globalizado. El grupo de Europa y Medio Oriente, el de Latinoamérica, el de USA, el de África y Madagascar, y el de Asia-Pacífico han buceado en el amplio y hondo mar de la “vocación vicenciana”, de la “actividad apostólica” y de la “vida comunitaria”, y han encontrado una larga lista de tesoros escondidos que es necesario rescatar, actualizar y animar.
Comprenderá el lector amable que no le relate todos esos “tesoros”. Le adelanto que los verá convenientemente expuestos en el Documento final. Pero sí le diré que corresponden a cada uno de los tres apartados antedichos; que a cada apartado le tocan tres “tesoros”; que si se multiplican nueve “tesoros” por cinco continentes nos da la nada despreciable cifra de cuarenta y cinco. Aunque también es verdad que hay algunas coincidencias, pero con matices propios y específicos de cada continente.
Y APARECIÓ EN PÚBLICO LA “CRIATURA”
“El cronista de la Asamblea, cuando se nombró esta Comisión de redacción, decía que éramos tres arquitectos que deberíamos construir un edificio con los materiales que la propia Asamblea nos proporcionara. Materiales de palabras, frases, enmiendas, correcciones, etc. Pero la Asamblea nos ha dado también el proyecto de ese edificio, que es el Documento final, y los planos del mismo. Así que sólo hemos tenido que seguir las indicaciones marcadas, siendo peones de obra que intentan hacer bien su trabajo. Estamos seguros de que entre los asambleístas hay mejores peones y que cada uno podría haber colocado los materiales ofrecidos de otra manera y con otro gusto. Estamos seguros también de que el resultado final a unos agradará más y a otros menos, y tenemos la certeza de que es una obra de todos los aquí presentes y esperamos que sea acogida como hechura de todos y presentada, con ilusión de padres, a las Provincias, Vice-Provincias y Comunidades que ofrecieron sus aportaciones y que ahora esperan el resultado de todo el trabajo previo a esta Asamblea y el de la Asamblea misma”.
Así presentó públicamente a la “criatura documental” el portavoz de la Comisión de redacción, el P. Pablo Domínguez. Lo hizo con sencillez, modestia, bien decir y aplomo. Además, explicó, ajustadamente, los criterios que han guiado a la Comisión en su nada fácil trabajo, y los cambios que han introducido.
Mientras
el portavoz de la Comisión hablaba, los asambleístas tenían en su mano el
elaborado Documento final: siete páginas con buen diseño, correcta distribución
de títulos y subtítulos, y de lectura bastante ágil.
A usted, inquieto lector, le puede asaltar otra tentación: pensar que ya está terminado el Documento final, que el Documento presentado es ya el definitivo, que la “criatura” ha dejado de ser niña y ya es persona adulta, que ya está todo hecho. Bueno, pues, deseche esa tentación. Porque el programa sigue: los asambleístas se retiraron a sus lugares respectivos para leer, reflexionar y examinar por grupos el Documento. Y, lógicamente, para formular enmiendas por escrito a la Comisión de redacción antes de las nueve de la noche.
Así que sigue en pie el suspense: ¿cómo será definitivamente el Documento final de la Asamblea? La respuesta, como decía la canción de Bob Dylan, está en el aire.
Cuando empiezo a escribir esta crónica, son
las seis en punto de la tarde y los asambleístas están trabajando por grupos
continentales. Las últimas gotas del típico aguacero de verano caído sobre Roma
van dejando paso a un calor pegajoso y tropical. La Asamblea ha estrenado un
nuevo lunes perezoso y rutinario. En el aire flota el recuerdo del fin de
semana, con el descanso doméstico para unos y el viaje a Asís para otros. No
faltan los asambleístas preocupados por confirmar su pasaje de regreso o por
trazar adecuadamente el mapa de ruta después de la Asamblea. En definitiva, el
ambiente empieza a oler a días finales.
Y cualquier observador que visitara hoy los lugares habituales de la Asamblea, escucharía un cúmulo de expresiones técnicas tales como “enmienda”, “párrafo”, “moción”, “introducción”, “conclusión”, “redacción”... E, inmediatamente, caería en la cuenta de que la Asamblea ha entrado totalmente de lleno en un trabajo que, hace ya muchos días -prácticamente desde el principio- comenzó por etapas intermitentes. Desde ahora, ese trabajo va a ocupar intensamente todas las jornadas asamblearias. Porque el tiempo se echa encima y todavía queda por terminar lo que, en alguna crónica, he calificado como la columna vertebral de la Asamblea: el Documento final. Suele ocurrir en muchas Asambleas: se va dejando la elaboración del dichoso Documento para el final, y, lógicamente, el calendario no se detiene. Todo ello, con el agravante del cansancio acumulado y la tentación de las prisas, que nunca han sido buenas consejeras.
Y LA “CRIATURA” SIGUE NACIENDO
Confieso humildemente que la jornada de hoy no es la más propicia para el lucimiento de un cronista. Haga usted la prueba: siéntese, a las 9 de la mañana, en el sitio correspondiente en el aula de sesiones plenarias, observe cómo van apareciendo los llamados relatores de las Comisiones, escuche atentamente sus explicaciones metodológicas y de procedimiento, vuelva a prestar atención a explicaciones diversas, no se olvide de anotar si un asambleísta apoya un párrafo o no está conforme con una línea del mismo, siga las instrucciones electrónicas del moderador -los que estén a favor, que pulsen el botón verde, los que estén en contra, que pulsen el botón rojo-, prepárese para un rosario interminable de votaciones, confíe en que la pantalla de los votos no se atasque, y, por supuesto, ponga usted cara de estar asistiendo a un espectáculo interesantísimo.
En
resumen, así ha transcurrido la mayor parte de este día. Comenzó el relator de
la Comisión tercera, P. Alfredo Becerra, para retomar el trabajo, que inició al
final de la sesión mañanera del sábado, referente a la parte de Documento
titulada “Revitalizar nuestra vocación”. Siguió el relator de la Comisión
cuarta, P. Jorge Pedroza, con el capítulo llamado “Actividad apostólica”. Y puso
el broche final el relator de la Comisión quinta, P. Bernard Quinn, con la
última parte del Documento de trabajo: “Renovar nuestra vida comunitaria”.
Y, en las tres comparecencias, se cumplió, básicamente y a rajatabla, el mismo ritual: presentación, explicación, aclaraciones, votación de cada párrafo propuesto por la Comisión, donde van incluidas las enmiendas aceptadas, y votación de las enmiendas no aceptadas.
Y la Asamblea, que no estaba para grandes experimentos ni elocuentes parlamentos, aprobó todo lo que las diversas Comisiones fueron proponiendo, excepto una palabra del párrafo segundo y todo el párrafo octavo de la cuarta Comisión. Y la “criatura documental” dio un paso más en su esperado nacimiento. Y los asambleístas concluyeron la jornada trabajando, por grupos continentales, para concretar una terna de desafíos más urgentes para su propio continente en lo tocante a la “revitalización de la vocación vicenciana”, a la “actividad apostólica” y a la “vida de comunidad”.
“JUVENTUD, DIVINO TESORO...”
No se trata de glosar el famoso poema de Rubén Darío. Se trata del encuentro que, después de la cena, han tenido los miembros jóvenes de la Asamblea con el Superior General. Y, aunque no entraba dentro de la programación oficial de la Asamblea, merece la pena reseñarlo, aunque algunos traten de alargar la juventud bastante más allá de lo que indican las leyes de la biología.
Después de una oración con textos escriturísticos y música de fondo, el P. Gregory G. Gay habló de algunos retazos de su juventud sacerdotal y misionera. Y resaltó, sobre todo, las tres apoyaturas fundamentales para superar las lógicas dificultades que tuvo en su etapa juvenil: la entrega evangelizadora, la ayuda de los compañeros y la oración.
Uno de los puntos centrales del encuentro consistió en la exposición breve y panorámica de la realidad de los miembros jóvenes en cada continente. Fueron apareciendo cifras, gozos, luces, sombras, fallos... Se trató simplemente de un esbozo que bien podría ser estudiado con amplitud y detenimiento. Todo ello, completado con preguntas al Superior General en torno a lo que él espera de los misioneros jóvenes, la ayuda que puede prestarles, la posible forma distinta de una próxima Asamblea General, la vida comunitaria, el talante personal actual y futuro del Superior General...
Y, como no podía ser menos, también hubo una lista de sugerencias o peticiones al Superior General: un encuentro de misioneros jóvenes a nivel provincial, continental y, sobre todo, internacional; el envío de circulares a los misioneros jóvenes como medio de animación y de formación permanente; un Delegado general para los misioneros jóvenes; una serie de visitas del Superior General, como un “hermano mayor” que nos acompaña.
La foto del grupo con el Superior General selló para la posteridad este encuentro espontáneo y familiar de casi dos horas de duración.

También hubo foto oficial de todos los asambleístas el sábado de la semana pasada. Y en esa foto están contenidos 6307 años. Ni más ni menos. Son los años que suman todos los asambleístas juntos, desde el más joven, P. Adriano Sousa, con 29 años hasta el de mayor juventud acumulada, P. Victor Bieler, con 75 años. Si la sabiduría y la virtud la dan los años, calculen ustedes las toneladas de ambas cosas que hay en esta Asamblea.
Y
así echaba a andar esta media jornada sabatina. El programa anunciaba dos actos
importantes de muy distinta naturaleza: un encuentro con la Superiora General de
las Hijas de la Caridad y la ardua tarea de continuar preparando un nacimiento
digno para esa “criatura” que se llamará Documento final. Y ambos actos se
cumplieron al pie de la letra. Con más entusiasmo el primero, con más monotonía
el segundo. Hay que reconocer que la Asamblea ha entrado en su recta final y que
empieza a acumularse lo que, en latín evangélico, se denomina “pondus diei et
aestus”, o sea, que veinte días de Asamblea son veinte días de Asamblea.
“ES UNA ALEGRÍA PODER DIRIGIRME A USTEDES”
Sor Évelyne Franc es francesa, ha estado en
África y Taiwán, ha sido Ecónoma General, y, desde hace poco más de un año, es
la Superiora General de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Habla francés,
inglés y chino, y, no tardando mucho, dominará el español y el italiano. Al
cronista le ha parecido una mujer inteligente, llena de vida, dinámica,
intuitiva, sencilla y con grandes dotes de comunicación.
Después de dar las gracias al P. Robert P. Maloney, expresó sus respetos y los de todas las Hijas de la Caridad al nuevo Superior General, saludó al Director General, P. Javier Álvarez, presente en la sala, citó a este modesto cronista, y elogió a todos los miembros de la Congregación de la Misión por su trabajo con las Hijas de la Caridad. Y pronunció una conferencia de unos cuarenta minutos.
Sus palabras se centraron en tres coordenadas fundamentales: La unión de las dos Compañías desde el origen, gracias a la intuición y a la tenacidad de una mujer, Luisa de Marillac, y a la acción del Espíritu Santo; una panorámica de algunos cambios que introducen las nuevas Constituciones en la relación de los Sacerdotes de la Misión y las Hijas de la Caridad; y la colaboración de las dos Compañías en la animación espiritual y en el servicio al pobre.
El diálogo amplio y espontáneo de los asambleístas con Madre Évelyne, como familiarmente se la conoce, ratificó lo dicho por ella al principio de su conferencia: “Es una alegría poder dirigirme a ustedes...”.
PREPARANDO LA “CRIATURA DOCUMENTAL”
O, dicho en lenguaje prosaico, la exposición de los trabajos que las Comisiones han llevado a cabo en la corrección y reelaboración del Documento de trabajo con miras al Documento final de la Asamblea. Recuerde, atento lector, que éste es uno de los objetivos más importantes que se ha propuesto esta Asamblea desde su ya remota preparación: un Documento para toda la Congregación.
Bueno,
pues esta mañana se ha dado un avance gozoso en esta tarea. En un primer
momento, el P. Patrick Griffin, relator de la segunda Comisión, ha expuesto, con
maestría profesoral, el trabajo realizado en torno a la segunda parte del
Documento: “Los cambios producidos y su impacto...”. Explicó las enmiendas
aceptadas, las rechazadas, las razones de la aceptación y las del rechazo, y los
asambleístas aprobaron, uno por uno, todos los párrafos presentados por la
Comisión.
En un segundo momento, el relator de la tercera Comisión, P. Alfredo Becerra, con precisión y sencillez, hizo la misma operación explicativa sobre la tercera parte del Documento: “Revitalizar nuestra vocación”. Y se dejó para el lunes la conclusión de este trabajo, por una causa justa y razonable: el imperio implacable del reloj.
Este cronista se despide, como todos los asambleístas, hasta el lunes. Y, como todos los asambleístas, desea lo mejor al P. Benjamín Ramaroson, Visitador de Madagascar, que se ha despedido de la Asamblea para someterse a una operación quirúrgica.
Al atardecer, me comentaba un asambleísta, con humor y sin pizca de malicia: “En las letanías, habría que introducir una jaculatoria que dijera: De sesiones como la de esta mañana, líbranos Señor”. Y es que la jornada de hoy ha sido muy parecida a esos días abrileños con mañanas brumosas, grises, aburridas, cansinas, y tardes soleadas y alegres. Es la servidumbre que tiene toda Asamblea de estas características. Hay temas que es necesario tratar, pero que casi siempre llevan a la Asamblea a un estado anímico de cansancio y aburrimiento. Y uno de esos temas suele ser, invariablemente, el de los Postulados, los Decretos, las recomendaciones... Ocurre en todas las Asambleas. Y mucho me temo que seguirá ocurriendo por los siglos de los siglos.
Menos
mal que la tarde dio un giro, si no copernicano, al menos de cierta animación.
Habían quedado atrás las enmiendas, los matices jurídicos, el rosario de
votaciones, y los asambleístas pudieron gozar de una tarde distendida y
distinta, con una “mesa redonda” de los responsables de las diversas ramas del
laicado vicenciano. En algunos corrillos se comentaba si no habría que ir
pensando en buscar, con creatividad y audacia, otro formato de Asamblea para
ocasiones venideras.
UNA MAÑANA ENTRE POSTULADOS Y DECRETOS
Contemple usted un informe de 26 páginas,
comience a leer Postulados que se refieren a las Constituciones y Estatutos,
continúe leyendo Postulados diversos, y finalice examinando Decretos. A
continuación, siga usted leyendo Postulados que la Comisión propone que sean
discutidos y aprobados por la Asamblea General, distinga usted entre varias
categorías de Postulados, preste atención a otros Postulados dirigidos al
Superior General y a su Consejo, caiga en la cuenta de algunos Postulados para
someterlos a la consideración de las Conferencias de Visitadores, distinga si
quiere usted que una cosa sea Decreto o simplemente recomendación... O sea, que
cualquier observador puede acordarse del mito de Sísifo, del viaje de Ulises a
Ítaca y hasta de los laberintos kafkianos. Y, eso, a pesar de que el relator de
la Comisión, P. Alberto Vernaschi, lo explicaba con la condescendencia del
jurista acostumbrado a mil batallas, y la sonrisa del experto comprensivo.
Pero, como todo tiene principio y final, la mañana terminó con la aprobación de todo lo que la Comisión había propuesto. Y muchos pensaron que se podían haber ahorrado tantas vueltas y revueltas. Pero así es la dinámica de una Asamblea, y siempre queda la satisfacción de resolver un complicado rompecabezas.
UNA TARDE ENTRE LA FAMILIA VICENCIANA
El orden del día anunciaba una tarde “especial”. Como ya viene siendo costumbre en las últimas Asambleas Generales, son invitadas a hablar las personas que están al frente de alguna Asociación laica vicenciana. Y, en esta Asamblea, también han dejado constancia de su presencia.
El
P. Benjamín Romo, Delegado para la Familia Vicenciana, presentó a los ocupantes
de la “mesa redonda”: Anne Sturm, alemana, Presidenta Internacional de A.I.C.,
José Ramón Díaz Torremocha, español, Presidente Internacional de la Sociedad de
San Vicente de Paúl, Francisco Pires, portugués, miembro del Consejo
Internacional de J.M.V., el P. Charles Shelby, norteamericano, Coordinador
Internacional de la Asociación de la Medalla Milagrosa, y Eva Mª Villar,
española, Presidenta de MISEVI. Y los cinco dieron las gracias por ser
invitados, citaron al P. Robert P. Maloney como gran impulsor y revitalizador de
la Familia Vicenciana, no mostraron ningún síntoma de nerviosismo o “miedo
escénico”, se encontraron como en casa, y expusieron los gozos y las esperanzas,
los problemas y los éxitos, los deseos y los retos de cada Asociación.
Anne Sturm destacó la evolución de la A.I.C. durante los diez últimos años, evolución marcada por la era de la comunicación, por la globalización política y económica, y por la implicación más activa de la mujer en la Iglesia y en la sociedad.
José Ramón Díaz Torremocha recalcó, sobre todo, un tema muy constante en su pensamiento: la relación entre el sacerdote acompañante y los laicos. Y empleó una imagen gráfica: “estar sin estar, como supo estar Sor Rosalía Rendu”.
Francisco Pires apuntó, entre otras cosas, el dato más significativo de J.M.V. en estos últimos años: la consolidación de una “estructura internacional” y de un “sentido de internacionalidad”; subrayó algunas dificultades; y pidió que los sacerdotes de la Congregación que continúen brindando ayuda espiritual y formación vicenciana a los grupos de J.M.V.
El P. Charles Shelby describió los cambios que han tenido lugar en la Asociación Internacional de la Medalla Milagrosa desde la última Asamblea General de 1998. Y expuso algunos planes y proyectos para el futuro.
Eva Mª Villar comenzó con una confesión: “Desde octubre de 1997 hemos vivido convencidos de que nuestro caminar y nuestra buena suerte van guiados por el Espíritu Santo”. E hizo un sucinto recorrido por los momentos más importantes de MISEVI. Y tampoco se olvidó de pedir a los misioneros de la Congregación de la Misión que “nos acompañen en nuestro crecimiento”.
Lógicamente, los asambleístas entablaron un diálogo abierto con los cinco, preguntando, exponiendo, aclarando... Todo ello, con la confianza y la sencillez de quienes forman parte de una misma familia.
La Asamblea ha cumplido hoy, día de Santa Brígida, patrona de Europa, su jornada diecinueve. Van aumentando los papeles. El termómetro se ha parado en la zona del calor agobiante. Las Comisiones encargadas de los retoques del Documento final hacen horas extra. El ambiente general mantiene sus altas dosis de convivencia y buen humor. Y los asambleístas esperan, con alivio, el fin de semana.
Es cosa sabida que la Asamblea no se celebra solamente en la sala de plenos. Tiene su complemento espontáneo y distendido en los pasillos, en el comedor, en los paseos por la ciudad, en los diálogos informales y ocasionales... Y en estos ámbitos extraparlamentarios ha comenzado a surgir un tema de interés general: el Documento final de la Asamblea. Muchos asambleístas se preguntan cómo nacerá la “criatura documental”; otros se preocupan por su “desarrollo”, o sea, si tendrá un crecimiento más o menos armónico y una buena calidad de vida; y no faltan los que no ven muy claro si tendrá un atractivo suficiente.
Y es que la Asamblea es consciente de que el
Documento final asoma por el horizonte como un compromiso ineludible que no se
puede soslayar. No es que el éxito o el fracaso de una Asamblea dependa de un
Documento, pero bien está lo que bien acaba. Y, ante documentos, mensajes o
instrucciones, a este cronista siempre le viene a la memoria el consejo que le
daba Don Quijote a su escudero Sancho, cuando éste fue nombrado gobernador de la
ínsula Barataria: “Sancho amigo, no hagas muchas pragmáticas, y si las haces
procura que se cumplan”.
Permítame el lector esta disertación introductoria, para añadir que la jornada de hoy ha vuelto a demostrar que la Asamblea es como un mosaico de diversos colores. También, en este día, se ha puesto en juego toda la variedad asamblearia: votaciones, diálogos, explicaciones, reflexiones personales, trabajo de los grupos lingüísticos..., en definitiva, lo que ya viene siendo habitual en la programación diaria.
UN DIÁLOGO A CINCO BANDAS
Ha sido lo más significativo y noticiable de esta jornada. Y, prácticamente, ha sido la ocupación asamblearia de toda la mañana. Antes, con rapidez y maestría, la Asamblea dio buena cuenta de las enmiendas de la primera parte del Documento de trabajo que quedaron pendientes del día anterior.
Y así, se inició un diálogo de los asambleístas con el recién elegido Gobierno general de la Congregación de la Misión: el Superior General, el Vicario General y los tres Asistentes Generales. Los asambleístas entregaron por escrito sus preguntas, el moderador, P. John Rybolt, hizo de entrevistador y los cinco fueron respondiendo a cada pregunta con paciencia, sencillez, educación y naturalidad. Tal vez el lector curioso quisiera escudriñar todas y cada una de las preguntas y respuestas. Pero tenga en cuenta que este cronista tuvo el atrevimiento de llenar catorce folios con letra bien apretada y, aunque hubo preguntas y respuestas excelentes, esta crónica no es la Enciclopedia Espasa ni el Atlas Universal. Por eso, permítame que le resuma algunas ideas sobresalientes.
Las preguntas versaron sobre múltiples y
variados asuntos: las ayudas a las Misiones Internacionales y a las Provincias
más pobres; la formación de los formadores; los sueños y deseos para la
Congregación; la estructura y metodología de la Asamblea General como medio de
animación; la implicación de la Curia general en un trabajo directo con los
pobres; la formación del clero; el acompañamiento de JMV; los sacerdotes jóvenes
de la Congregación; el futuro de las Misiones y de la Familia Vicenciana; la
posibilidad de un Asistente General para África; la reducción del número de
Provincias para unir fuerzas; la necesidad del aumento de vocaciones en Europa;
el futuro de las Misiones Internacionales; la experiencia ministerial que más
les ha marcado; la celebración de la Asamblea General en otros lugares; los
medios de comunicación en la Congregación... Añada usted a esta letanía general
otras preguntas más personales al nuevo Superior General y tendrá un
cuestionario propio de un examen de doctorado.
Y las respuestas fueron, con frecuencia, en la dirección de un mejor servicio a la Congregación; de un apoyo a lo que ya se está haciendo en las ayudas a las Misiones y a las Provincias pobres; de una mejor coordinación en las Conferencias de Visitadores; de una disponibilidad en la evangelización de los pobres; de una Congregación fiel al carisma de San Vicente y capaz de responder a los desafíos de hoy; de unas Asambleas más ágiles y operativas; de una implicación mayor en la formación de los nuestros y en la formación del clero; de un acompañamiento constante a los sacerdotes jóvenes; de una consolidación de las Misiones Internacionales; de una cercanía mayor a nuestros cohermanos de África; de una invitación urgente a leer, estudiar y vivir las Constituciones; de un testimonio más transparente y significativo de nuestra vida...
En definitiva un diálogo rico, familiar y siempre necesario. Algún asambleísta me decía que, a pesar de la excesiva duración y de algunas preguntas repetitivas, estos diálogos son “la vida de la Asamblea”.
UN HUECO PARA LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Siempre es una alegría para este cronista que
los medios de comunicación de la Congregación tengan una voz pública, aunque sea
modesta. Y hoy la han tenido. Porque el P. Orlando Escobar ha presentado dos
plataformas informativas y formativas: “Nuntia” y “Vincentiana”. Como
responsable de ambas, ha explicado, con precisión y buen estilo, la evolución,
el contenido, el presente y el futuro de estas publicaciones. Y ha resaltado la
ayuda que tantos cohermanos, con sus artículos y traducciones, han prestado,
sobre todo, a la revista “Vincentiana”.
Si usted, paciente lector, quiere saber cómo ha terminado este día, anote en su agenda varias cosas: que nos ha visitado un obispo llamado Milan Sasik, titular de la diócesis de Mukhachevo (Ucrania); que, por fin, se han unido en un solo bloque todos los Postulados y se han estudiado en los grupos lingüísticos; y, sobre todo, que el espíritu de los asambleístas se ha visto enardecido por una Misa de rito congoleño, con gran colorido, con una animación nada frecuente en la liturgia occidental, con unos cantos preciosos de un coro de laicos nativos, con un ritmo tan vivo que envolvía todo el espacio de la iglesia del Colegio Leoniano. O sea, un aire nuevo para concluir bien la jornada.
Algunos asambleístas esperaban una audiencia más o menos privada
o especial con el Papa. Otros, más entendidos en cuestiones vaticanas, preveían
y auguraban una audiencia general. Y así ha sido. Pasadas las 9 de la mañana de
este miércoles romano, los asambleístas y colaboradores se han mezclado con el
pueblo fiel en el “Aula Pablo VI”. Allí, en un marco arquitectónico
impresionante, presidido por un alegórico frontispicio de la Resurrección, cerca
de diez mil personas variopintas y de diversa procedencia han expresado con
cánticos, vítores, aplausos y rezos su cariño a Juan Pablo II. Los miembros de
la Congregación de la Misión han formado parte de toda esta multitud,
destacándose por sus impecables trajes clericales.
El Papa, como acostumbra en estas audiencias, ha glosado brevemente la estrofa 14 del Salmo 118: “Lámpara es tu palabra para mis pasos...”, ha saludado a todos los grupos en sus respectivos idiomas, ha citado a “los participantes en la Asamblea General de la Congregación de la Misión”, y ha impartido la bendición apostólica. Al final, el P. Gregory G. Gay, nuevo Superior General, el P. Robert P. Maloney, el Vicario General y los Asistentes Generales han saludado personalmente al Papa.
Por otra parte, la Asamblea ha reanudado, por la tarde, sus trabajos. Recuerde el lector que, en la crónica de ayer, este cronista hacía votos para que el camino asambleario no sufriera demasiados atascos. Sin embargo, esta tarde ha sido pródiga en idas y venidas, pasos hacia delante y pasos hacia atrás, dudas metódicas y oscuridades momentáneas, consultas al Directorio y deliberaciones de la Comisión central. O sea, que este cronista veía peligrar sus buenos deseos y súplicas. Pero se consuela pensando que esto es lo que suele ocurrir cuando una Asamblea comienza una nueva andadura.
“TIENEN UNA GRAN HISTORIA QUE REALIZAR”
Creo que la mejor manera de completar la audiencia general de esta mañana, es el mensaje que Juan Pablo II ha enviado al Superior General de la Congregación de la Misión y que éste leyó ayer en la sala de plenos. Es un mensaje breve, pero incisivo, y que sintetiza una serie de urgencias para el presente y para el futuro de la Congregación.
El Papa comienza subrayando los dos aspectos centrales que deben permanecer en la identidad de la Congregación de la Misión: la evangelización de los pobres y la formación del clero. Hace hincapié en la relación con Cristo a través de la oración personal y litúrgica. Lanza un llamamiento a la audacia y a la creatividad “explorando nuevos caminos para transmitir el mensaje liberador del evangelio a nuestros hermanos y hermanas que sufren”. Anima a seguir, con nuevas energías, la tarea de la formación, y traza el perfil adecuado del buen formador: “sacerdote con madurez humana y espiritual, experiencia pastoral, competencia profesional, capaz de trabajar en equipo”. Recuerda y agradece el pasado de los misioneros, pero alerta contra el conformismo: “todavía tienen una gran historia que realizar”. Y pone una nota de ánimo y esperanza: “Duc in altum, remen mar adentro, no teman arriesgarse, echen las redes para la pesca, el Señor mismo será su guía”.
DERIVACIONES JURÍDICAS
Si el asambleísta novato pensaba que esta Asamblea “eminentemente pastoral” se iba a librar de Postulados, Estatutos y demás familia jurídica, o no leyó bien el programa de la Asamblea o ya aprenderá con el tiempo. Porque también a esta Asamblea le ha tocado su pequeña ración de jurisprudencia.
Y
para demostrarlo, ahí estaba el P. Alberto Vernaschi, portavoz de la Comisión
encargada de estudiar, examinar y presentar los Postulados. En la mesa de cada
asambleísta apareció una hermosa colección de 31 Postulados de toda especie y
condición, pero resultó que había más Postulados llegados durante la Asamblea y
todavía no recogidos convenientemente, y también resultó que podían ir llegando
más Postulados hasta el mismo día final de la Asamblea. Es decir, que aquí venía
el primer rompecabezas asambleario. ¿Solución? La que daría el mismísimo
Salomón: poner fecha tope a la llegada de nuevos Postulados (las 12 de la noche
de hoy, miércoles 21 de julio de 2004), y aparcar la votación de los Postulados
hasta que los “nuevos” estuvieran estudiados y examinados por la Comisión.
QUE USTED LO VOTE BIEN
Y lo votaron. Aunque, alguna vez, la pantalla electrónica hizo
sus guiños y los números
crecían en progresión geométrica. Me refiero al texto elaborado
de la primera parte del Documento de trabajo. Lo presentó el relator de la
primera Comisión, el P. Javier Álvarez. Como suele hacerse en estos casos,
explicó las enmiendas aceptadas y las rechazadas, se dio un cuarto de hora de
lectura personal del texto y de las enmiendas, se votaron, una por una, las
enmiendas esenciales aceptadas por la Comisión... Y los asambleístas las fueron
votando y aprobando con buen ritmo, pero sin llegar al final. Como en los
programas de televisión, el tiempo se echó encima y se dejó la segunda parte
para el día siguiente.
Una Asamblea también tiene un lenguaje peculiar y específico. Y, a partir de ahora, se empezarán a oír en la sala expresiones como “enmienda aceptada”, “enmienda rechazada”, “enmienda que modifica sustancialmente el texto”, “enmienda menor”... Es una forma, tan válida como otra cualquiera, de aprender ciencia parlamentaria. Y, como diría el sabio, el aprender no ocupa lugar.
Si estas crónicas, imitando al insigne mitólogo griego Hesíodo, se titulasen “Los trabajos y los días”, bien podría decirse que la Asamblea va concluyendo sus trabajos y agotando sus días. Y, si al lector le parece exagerada esta afirmación, le añadiré que, hoy mismo, esta magna reunión ha concluido uno de sus trabajos prioritarios: la elección del nuevo Gobierno General de la Congregación de la Misión.
Recuerde el lector asiduo que los “trabajos electorales” comenzaron hace una semana, que primero fue elegido el Superior General, que después le tocó el turno al Vicario General, y que, en el programa de este martes caluroso, se anunciaba la elección de los tres Asistentes Generales. Y, por fin, los asambleístas han cumplido su objetivo, después de tres horas y media y con siete votaciones bastante ágiles y fluidas, y no exentas de algunas papeletas exóticas.
TRES HOMBRES Y UN DESTINO
Los
Padres José Antonio Ubillús, José María Nieto y Gérard Tran Cong Du forman,
desde esta mañana, con el P. Gregory G. Gay y el P. Józef Kapusciak, el equipo
encargado de dirigir los pasos de la Congregación de la Misión durante los seis
años venideros. Son tres hombres para un destino común. Y este cronista les
puede asegurar su competencia y preparación para tales menesteres.
Tienen una procedencia peruana, española y vietnamita, pero es previsible su fácil conjunción y su esperanzado ánimo. Y es absolutamente segura su opción netamente vicenciana. Los tres apuestan por un futuro sin nubarrones y por un coraje evangélico. ¡Suerte y adelante!
SU TARJETA DE PRESENTACIÓN
Como alguien dijo, una persona se va haciendo desde sus raíces, sus andaduras, sus convencimientos, sus circunstancias y sus utopías. Por eso, este cronista les ha cedido la palabra a los tres elegidos, para que ellos mismos se presenten. Y lo han hecho con bastante amplitud.
--P. José Antonio Ubillús: “Nací en Olmos, Lambayeque, Perú, el
30 de junio de 1942. Hice mis estudios primarios y secundarios en el Colegio
‘Manuel Pardo’ de Chiclayo, regentado por los Padres Paúles. Me incorporé a la
Congregación el 15 de febrero de 1969, y me ordené de sacerdote el 27 de
diciembre de ese mismo año. Estudié filosofía en el Seminario Conciliar “Santo
Toribio de Mogrovejo” de Lima, y teología en la Pontificia y Civil Facultad de
Teología de Lima. Amplié mis estudios en Roma, en la Universidad Gregoriana,
concluyendo con el Doctorado en Teología, en 1973. He trabajado en el ministerio
parroquial como vicario, párroco y vicario episcopal, y también me he ocupado de
la pastoral vocacional y de la formación de los nuestros, además de ser profesor
en el Instituto Superior de Estudios Teológicos de Lima (1975-1978) y en la
Pontificia Universidad Católica del Perú (1974-1992). También he sido Visitador
de la Provincia de Perú (1990-1998), Presidente de la Conferencia de Religiosos
de Perú (1990-1997), Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral
Bíblica, Catequesis y Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal de Perú
(1996-1998). Y, durante los seis últimos años, he sido Asistente General. Acepto
este servicio a la Congregación desde mi opción evangélica y vicenciana por los
pobres”.
--P. José María Nieto: “Nací el 18 de julio de 1955, en Palencia, una ciudad del norte de España. Soy el primero de cinco hermanos, a quienes mis padres educaron en la fe cristiana. De la mano de mi madre y de las Hijas de la Caridad, ingresé, a los 10 años, en el Seminario Menor de la Congregación de la Misión, en Tardajos (Burgos). Ingresé en nuestro Seminario Interno de Ávila, el 11 de septiembre de 1972. Estudié filosofía y teología en Madrid y en Burgos, y fui ordenado sacerdote el 25 de enero de 1981. Poco después, fui enviado a Roma, donde estudié Teología Dogmática (1981-1983). Durante los diez años siguientes, trabajé en el Seminario Interno de Ávila y, simultáneamente, formé parte del Equipo de Misiones Populares de la Provincia de Madrid. Como misionero, he tenido el gozo de trabajar en España, en Honduras y en Puerto Rico. He tenido también el privilegio de participar como invitado en una Asamblea General de las Hijas de la Caridad. Fui nombrado Secretario General de la Congregación de la Misión, servicio que he desempeñado desde 1999 hasta ahora. En el momento de mi aceptación de este nuevo servicio, quiero dar gracias a Dios por todas las personas que Él ha puesto en mi camino, y quiero pedir que oréis por mí para que sea un fiel discípulo de Jesucristo y de San Vicente de Paúl”.
--P. Gérard Tran Cong Du: “Nací el 15 de mayo de 1945, en Nam Dinh, Norte del Vietnam. Fui ordenado sacerdote el 4 de junio de 1974. Mis ministerios han sido varios y variados: párroco de la parroquia del Sagrado Corazón en Dalat, Vietnam; profesor de Teología Moral en el Seminario y en las comunidades religiosas; Director Provincial de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Vietnam; Director del Seminario Interno; y Director de los estudiantes vicencianos del ciclo de filosofía. Agradezco la confianza que han depositado en mi. Dejo a un lado mis propios intereses y acepto lo que la Congregación me pide en estos momentos”.
LA COMISIÓN DE REDACCIÓN O UNA TAREA DE ARQUITECTOS
Imagínese usted un montón de palabras, frases, conceptos, citas, sílabas, líneas, entrelíneas y demás derivaciones lingüísticas; entregue todo ese arsenal a tres señores y dígales: quiero que me construyan, con ese material y sólo con ése, una casa teológica, pastoral, vicenciana, práctica, operativa, realista, profunda, sencilla, digna, habitable, moderna, y que resista todos los vientos y tempestades de los próximos seis años.
Algo así se les pide a los integrantes de la Comisión de Redacción del Documento final de la Asamblea. Y los tres aguerridos arquitectos de la mentada Comisión, propuestos por la Comisión Central y aprobados por la Asamblea, se llaman y son los Padres Pablo Domínguez, Bernard Massarini y Gregory Cooney.
EL TURNO DE LA QUINTA COMISIÓN
Sin
prisa pero sin pausa, los asambleístas van estudiando, enmendando, matizando y
completando de diversos modos y maneras el Documento de trabajo. También hoy se
ha hecho un hueco para que los grupos lingüísticos y algunos asambleístas a
título personal expusieran su trabajo y reflexión sobre la cuarta parte de dicho
Documento. Y, como siempre, ha sido una exposición detallada, aunque compleja y
monocorde.
Y también hoy le ha tocado el turno de presentación a la quinta Comisión del Documento. Su portavoz, el P. Bernard Quinn, ha explicado brevemente el contenido y el plan de trabajo de la parte quinta y última de este texto básico. Los grupos lingüísticos no han tardado ni un minuto en ponerse manos a la obra para estudiar esta parte. Al cronista le consta que, en estos grupos, hay mucha reflexión, mucho diálogo y mucha aportación viva y vibrante.
UN PROYECTO NECESARIO E IMPORTANTE
Para finalizar la jornada asamblearia, el P. John Rybolt presentó un proyecto más que interesante: la Historia de la Congregación de la Misión. Se trata de un trabajo de investigación en seis volúmenes. Los dos primeros ya están escritos, pero faltan los cuatro restantes. Y el P. Rybolt ha animado a todos a aportar su preparación histórica y sus cualidades historiográficas para poder llevar a cabo este magno y necesario proyecto. Sin duda, merece la pena el esfuerzo y la dedicación.
También en la Asamblea ha resonado la voz del Papa Juan Pablo II por medio de un amplio y cordial mensaje dirigido al nuevo Superior General. Y como mañana los asambleístas y demás colaboradores tendremos una audiencia con el Papa, este cronista prefiere insertar el mensaje papal en el marco de esa audiencia.
Por lo demás, la Asamblea entra en una nueva etapa, no sé si más ágil o más pesada. El cronista espera y desea que el camino asambleario no sufra mayores dificultades o que, al menos, mantenga el mismo ritmo que ha tenido hasta ahora. Que, dicho sea de paso, no es mucho pedir.
Esta es la mayor novedad del día. Pero no ha sido lo único noticiable. Los asambleístas hanvuelto al trabajo después de un largo descanso
de fin de semana. Y lo han hecho con responsabilidad, con sentido del deber y
sobreponiéndose a la pereza típica de todo lunes. Y la Asamblea ha seguido,
fielmente, el camino trazado por el programa, donde se mezclan informes,
exposiciones de los grupos, votaciones y todos los mecanismos propios de esta
clase de reuniones. Hablando con algún asambleísta nuevo, me decía que le
resultaba muy monocorde y repetitiva esta forma de Asamblea. Pero, hay que
reconocer que, hoy por hoy, es la forma más eficaz de llevar adelante una
maquinaria tan grande y compleja. Son muchos y muy variados los temas que la
Asamblea tiene que afrontar, y no es nada fácil encontrar un formato distinto,
aunque requiera dosis de paciencia y templanza, virtudes siempre recomendadas
por los maestros de la vida espiritual.
A LA QUINTA, VA LA VENCIDA
El refrán español dice que “a la tercera, va la vencida”, pero la Asamblea -que no suele atenerse a refranes- no ha dejado en tan mal lugar el dicho popular. Porque, en la quinta elección, hubo nuevo Vicario General. El moderador de este pleno, el P. John Rybolt, ofició el acostumbrado ritual por quinta vez: aviso de lo que dice el Directorio en el número 41 (con la particularidad de que, en esta quinta votación, se requería solamente la mayoría absoluta de votos), reparto de las papeletas, recogida de las mismas por parte de los dos escrutadores, recuento de las susodichas, lectura de los nombres escritos en las papeletas... Y, como muchos son los apuntados y uno sólo el elegido, resultó que el P. Józef Kapusciak fue el elegido.
La aceptación pública por parte del elegido, el aplauso de todos, el abrazo del Superior General, P. Gregory G. Gay, y del P. Robert P. Maloney al nuevo Vicario General, y las felicitaciones espontáneas de muchos asambleístas fueron otros tantos momentos del acontecimiento más importante de esta jornada.
“QUE LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES SEA UNA REALIDAD”
Esta frase puede resumir uno de los aspectos más destacables del nuevo Vicario General. Porque este cronista, al acabar la sesión de la mañana, le ha hecho tres preguntas al P. Kapusciak. Y él ha respondido con una amabilidad, una sencillez y una humildad exquisitas:
--Cuéntenos algo de su vida.
--P. Vicario General: Nací el 25 de noviembre de 1950 en Podwilk, al sur de Polonia, como quinto hijo de mis padres, campesinos sencillos y muy religiosos. He pasado mi infancia en el campo, frecuentando la escuela y apacentando el ganado, vacas y ovejas. A los 18 años, entré en la Congregación de la Misión, siguiendo a dos hermanos míos que ya eran miembros de ella. Hice el Seminario Interno (1968-1969) y los estudios de filosofía y teología en Cracovia desde 1969 hasta 1975. Fui ordenado en 1975, y trabajé dos años (1975-1977) en la pastoral juvenil, en una parroquia grande. Durante los años 1977-1981, hice mis estudios de especialización en la Pontificia Universidad Gregoriana, concluyendo con el Doctorado en Espiritualidad. Vuelto a Polonia, he trabajado todo el tiempo en el campo de la formación: he sido Director de nuestro Seminario Mayor en Cracovia, Rector del Seminario Mayor de la diócesis de Gdansk, Superior y Rector del Instituto Teológico de los Padres Vicencianos en Cracovia. En 1998, fui elegido Asistente General de la Congregación de la Misión, y he estado en este servicio durante los últimos seis años.
--¿Cuáles serían, a su juicio, los tres problemas más importantes de la Congregación de la Misión en estos momentos?
-P. Vicario General: la formación inicial y permanente de sus miembros, sobre todo, en las Provincias jóvenes con un elevado número de vocaciones, y la formación de los formadores; la fidelidad a nuestro carisma, o sea, la transparencia de nuestra identidad vicenciana; la falta de vocaciones y el envejecimiento de los cohermanos en las Provincias de Europa Occidental y de Estados Unidos.
--¿Tiene algo importante que decir la Congregación de la Misión al mundo de hoy?
-P. Vicario General: Creo que sí, y este es mi deseo, que la Congregación de la Misión sepa mostrar al mundo que la opción preferencial por los pobres, declarada por la Iglesia, no es sólo un bello slogan, sino una realidad.
SEGUIMOS CON LOS INFORMES
El
lector de estas crónicas ya habrá caído en la cuenta de que casi no hay jornada
asamblearia donde no se intercalen algunos informes. Y hoy tampoco podían
faltar.
En primer lugar, los Padres Hugh F. O’Donnell y Juan Julián Díaz Catalán han hablado brevemente sobre el CIF (“Centro Internacional de Formación). Han presentado la importancia, los logros, los desafíos y el futuro de dicho organismo. Y, por supuesto, han animado a todas las Provincias a que aprovechen este dinamismo formativo.
Y el Ecónomo General, P. Elmer Bauer III, ha guiado a los asambleístas por los mares procelosos de la economía. Lo ha hecho con profesionalidad y pedagogía, en una materia donde casi nunca abundan los grandes conocimientos.
EL TURNO DE LA CUARTA COMISIÓN
Y, como ya viene siendo habitual, tampoco ha faltado hoy la
presentación de una parte del Documento de trabajo, que, al fin y al cabo, es la
columna vertebral de esta Asamblea. En esta jornada le ha tocado el turno a la
cuarta Comisión, encargada de la parte del Documento titulada “Revigorizar
nuestra actividad apostólica”. Su portavoz, P. Jorge Pedroza, ha explicado la
metodología y el contenido de este capítulo, para facilitar el trabajo a los
grupos lingüísticos.
Y, como una Asamblea también se compone de pequeños detalles, hoy los ha tenido. El primero, ha sido la visita del P. Yves Laroche, Superior General de los Religiosos de San Vicente de Paúl, rama muy apreciada de la Familia Vicenciana. El segundo, un acto festivo, como broche de la jornada, donde los asambleístas han demostrado sus altas dotes en el canto y su buen humor en el arte de la convivencia.
Los
asambleístas más experimentados en las aerolíneas saben que, en cierto momento
del viaje, el comandante del vuelo lanza un mensaje a los pasajeros: “Señores y
señoras, comenzamos a descender, sigan con los cinturones abrochados”. Esa es la
impresión que ha sacado este cronista en la jornada asamblearia que ha
finalizado hoy, fiesta de la Virgen del Carmen, a las 7 de la tarde. Porque se
empieza a percibir una especie de bajada de tensión en la Asamblea. Lo cual es
normal y lógico. Estamos, prácticamente, en el ecuador de la Asamblea, se han
vivido jornadas de mucha atención y emoción, las primeras jornadas de toda
Asamblea suelen tener grandes dosis de empuje... Y, como en la vida misma, a
grandes épocas de vitalidad siguen también etapas de decaimiento y de cansancio.
Los más avezados en estas magnas reuniones no se extrañan en absoluto. Los menos
avezados lo irán aprendiendo poco a poco.
En definitiva, esta ha sido una jornada a medias entre los plenos, los trabajos en grupo, las exposiciones de los grupos... O sea, una jornada que ha tenido todos los componentes que habitualmente tiene un Asamblea.
DOS INFORMES CLAROS Y CONCRETOS
Ha sido lo primero que ha tenido lugar en la jornada de hoy. El
Vicario General, P. José Ignacio Fernández de Mendoza, y uno de los Asistentes
Generales, el P. Józef Kapusciak, han expuesto sendos informes claros,
concretos, pedagógicos y muy bien estructurados. Al terminar sus exposiciones,
cualquier observador, aún el menos entendido en esos menesteres, ha podido
hacerse una idea bastante exacta y cabal de ambos oficios congregacionales.
El P. José Ignacio Fernández de Mendoza ha ido explicando, con la ayuda de las Constituciones, las funciones del Vicario General, los casos extraordinarios que pueden afectar al oficio de Vicario General (ausencia, impedimento, cese del Superior General), la hipótesis de cese del Vicario General, la naturaleza de su cargo, las actitudes fundamentales que debe tener... Y ha concluido con una imagen gráfica: el Vicario General debe saber estar, como Juan el Bautista, en un segundo plano.
El P. Józef Kapusciak ha tratado “el trabajo de los Asistentes Generales”. Ha dividido su informe en dos partes: hacia dentro y hacia fuera. O, en otras palabras, el trabajo en la Curia General y el trabajo fuera de la Curia General. Y ha ido desgranando tareas tan diversas como la participación en las reuniones del Consejo General, el examen de los documentos que llegan de las Provincias, de las Vice-Provincias y de las Misiones Internacionales, la elaboración de documentos de la Congregación, la preparación de Encuentros de diverso tipo, el trabajo personal y particular, las visitas canónicas ordinarias, extraordinarias y ocasionales, la actividad pastoral... Y también ha terminado con una conclusión realista referida a todos los Asistentes Generales: “Todos hemos intentado hacerlo lo mejor posible, considerando nuestro trabajo como una ayuda al Superior General y como un servicio a la Congregación”.
A LA BÚSQUEDA DE UN “MIRLO BLANCO”
Cualquier aficionado a la naturaleza sabe que el “mirlo” es un pájaro negro. Y cualquier aficionado a los refranes sabe que la expresión “mirlo blanco” es algo así como querer encontrar lo imposible, lo absolutamente ideal, lo milagroso. Bueno, pues algo parecido intentaron hoy los diversos grupos lingüísticos en sus exposiciones sobre los “cinco criterios” que juzgaban más importantes en un Asistente General. Advierta el lector que, durante la semana próxima, tendrán lugar las elecciones para Vicario General y para Asistentes Generales. Y esta búsqueda de cualidades es el prólogo o el pistoletazo de salida para las referidas elecciones.
Y, naturalmente, los diversos grupos fueron lanzando sobre los asambleístas actitudes de este tenor: que trabaje en equipo, que sepa escuchar, que sea trabajador, que sepa lenguas, que tenga salud y energía, que posea una visión global de la Congregación, que se adapte a todas las culturas, que viva el carisma vicenciano, que sea práctico y eficiente, que sea cercano y abierto, que sea animador, que tenga una gran vida interior, que sea capaz de relaciones sociales, que conozca bien la espiritualidad vicenciana, que tenga visión de futuro, que tenga sintonía y complementariedad con el Superior General, que posea equilibrio entre lealtad y libertad, que ayude a hacer procesos de discernimiento personal y comunitario, que sea sencillo y humilde, que sea creativo, que posea experiencia de gobierno, que tenga capacidad comunicativa, que tenga una mente crítica y analítica...
Ya me dirá, asombrado lector, si esta extensa y hercúlea relación no es como para soñar con un “mirlo blanco”. Pero, a lo mejor, los asambleístas son capaces de eso y de mucho más. ¿Chi lo sá?, que diríamos en “itálico modo”.
ENTRE ENMIENDAS, MODIFICACIONES Y NÚMEROS
Tampoco en esta jornada han faltado las enmiendas, las modificaciones y demás matices. Porque otra vez los grupos han vuelto a expresar en voz alta y en el pleno su trabajo. Y lo han hecho a propósito de la segunda parte del Documento de trabajo. Le ahorro al lector el monótono relato de estas cuestiones. Forman parte del entramado metodológico de una Asamblea. Y son ayudas necesarias para la mejor elaboración del Documento final.
Y
tampoco han faltado los números. No me refiero a la economía, sino al número de
Asistentes Generales que tiene o que debería tener la Congregación. La Asamblea
se pronunció sobre este asunto con un voto mayoritario a favor de que siga como
está, es decir, un Vicario General y tres Asistentes Generales.
Estamos al borde del fin de semana. Los asambleístas han trabajado, han orado, han votado, han dialogado, han elegido nuevo Superior General, y han convivido fraternalmente durante toda esta semana. Les espera un sábado y un domingo “de libre disposición”, como dice el programa oficial. O sea, un merecido descanso.
EL P. GREGORY G. GAY, NUEVO SUPERIOR GENERAL
DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN
Esta es la noticia de la XL Asamblea General. El día 15 de julio del año 2004, a las 17, 30, ha sido elegido Superior General de la Congregación de la Misión, el P. Gregory G. Gay. Él estará al frente de esta barca de la Compañía durante los próximos seis años. Y él hace el número veintitrés de los sucesores de San Vicente de Paúl.
Y
esta es la crónica de una elección histórica y maratoniana. Porque ha durado
casi dos días, con diez votaciones consecutivas. Porque ha estado salpicada de
suspense, con tres cohermanos que han renunciado por razones personales,
legítimas y legalmente admitidas. Y porque, en definitiva, ha sido una elección
con todos los ingredientes necesarios para no aburrirse, con la salsa suficiente
para formar un condimento vivo, y con la dosis de expectación justa para
mantener la tensión. Ciertamente, la elección de Superior General es el acto más
importante y decisivo de cualquier Asamblea General. Y esta Asamblea ha
realizado su cometido buscando siempre lo mejor para la Iglesia, para la
Congregación y para los pobres.
ERAN LAS CINCO Y MEDIA DE LA TARDE
El poeta español Federico García Lorca inmortalizó, en una famosa
elegía, las “cinco de la tarde”. En esta Asamblea, treinta minutos después de
esa “hora inmortal”, es decir, a las “cinco y media”, concluyó el recuento
definitivo y definitorio de la décima votación. El moderador anunció
públicamente el resultado, preguntó al elegido si aceptaba la elección, el
elegido respondió afirmativamente y, en ese preciso momento, el P. Gregorio G.
Gay fue proclamado nuevo Superior General. Y, como no podía ser de otra forma,
todos los asambleístas, los colaboradores y, por supuesto, este cronista,
puestos en pie, ratificaron con un aplauso cerrado y caluroso esta elección.
Incluso, para que no faltase de nada, la sala comenzó a llenarse de zumbidos y
flashes fotográficos.
El P. Robert P. Maloney le cedió al nuevo Superior General la presidencia asamblearia. Y el P. Gregory G. Gay pronunció, entre los nervios lógicos pero con una amplia sonrisa, unas palabras de saludo y agradecimiento al anterior Superior General y a todos los asambleístas.
Como es natural en estos casos, todos los presentes fueron pasando, uno por uno, a dar el abrazo de fraternidad al nuevo sucesor de San Vicente. Y, a la vez, dieron también el abrazo sincero de agradecimiento al P. Robert P. Maloney.
EN PRIMERA PERSONA CON EL P. GREGORY G. GAY
Apenas fue elegido como Superior General, el P. Gregory G. Gay ha concedido una pequeña entrevista a estas modestas crónicas. Lo ha hecho con una gran amabilidad, cordialidad y cercanía. Y ha respondido con toda sencillez a las siguientes preguntas:
--Cuéntenos algunos datos de su vida.
-P. General: Nací en 1953, en un pueblo llamado Baltimore, en Maryland. Soy el segundo de diez hermanos; todavía viven mis padres. Mi conexión con la Congregación de la Misión arranca de un tío mío misionero de la Congregación, que trabajaba en la República de Panamá. Cuando yo era joven, él me contaba sus experiencias misioneras, y ahí surgió mi vocación. Me ordené en el año 1980. He trabajado cuatro años en la Formación, en Filosofía, y fui profesor, a la vez, en la Universidad de Niágara. En 1985, fui a Panamá, y trabajé en una Parroquia misionera; luego trabajé como formador en Filosofía, Teología y Seminario Interno. También trabajé en otra Parroquia misionera. Fui coordinador de la Misión de la Provincia de Filadelfia en Panamá. En febrero del año 2000, fui nombrado Visitador de la Provincia de América Central. No hace mucho, fui elegido por un nuevo período de cuatro años. Y aquí estoy.
--¿Le ha costado decir “sí” cuando el moderador le ha preguntado si aceptaba la elección?
-P. General: Sí, me ha costado. Aunque ya estaba preparado. Me ha costado porque el P. Maloney ha dejado el listón muy alto. Pero amo a la Congregación y estoy dispuesto a lo que Dios quiera.
--¿Le asusta la tarea y la responsabilidad de su nuevo servicio?
-
P. General: Apenas llevo unos minutos en este servicio. Sé, por
experiencia, los retos que implica el ser Visitador; habrá que multiplicar esos
retos por más de 50 Provincias, más las Hijas de la Caridad y la Familia
Vicenciana.
--¿Cuáles son sus tres primeros deseos para la Congregación de la Misión?
-P. General: El celo misionero; profundizar y estrechar lazos fraternos no sólo locales, sino provinciales e interprovinciales; y que nuestro espíritu de oración atraiga a muchos jóvenes a la Misión.
--El Superior General de la Congregación de la Misión es también Superior General de las Hijas de la Caridad. ¿Cuál sería su primer mensaje para ellas?
-P. General: Voy a comenzar con una anécdota. Mi primer trabajo pastoral, como misionero joven, fue el de capellán de las Hijas de la Caridad. Doy gracias a Dios por el ejemplo de oración, de humildad y de servicio de aquellas Hermanas. Desde entonces, siempre he tenido un cariño especial para las Hijas de la Caridad. Y deseo que siempre podamos trabajar eficazmente la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad para el bien de los pobres, nuestros amos y señores.
--¿Y para la amplia Familia Vicenciana?
-P. General: Una de las cosas que más me ha animado en estos años, ha sido el resurgimiento del laicado vicenciano. Actualmente, era -hasta hace unos minutos- el Director Nacional de JMV, en Guatemala. Vine a esta Asamblea con el propósito de hacer todo lo posible para reafirmar nuestro trabajo en colaboración con los laicos, y, a la vez, promover su formación.
--¿Cómo se encuentra de ánimo en estos momentos?
-P. General: Estoy tranquilo, alegre, me siento querido y apoyado por los cohermanos. Tenemos una Congregación bella.
POSTDATA
No quiero poner punto final a esta crónica sin antes dar las gracias, desde lo más profundo del corazón, al P. Robert P. Maloney, por sus doce años de Superior General. Que Dios le bendiga siempre y copiosamente.
La crónica de esta jornada
debería titularse algo así como “Historia de un viaje interior”. Y no me refiero
a excursiones turísticas o a reportajes geográficos exóticos. Resulta que hoy
los asambleístas han cambiado de trabajo. Y, en lugar de transitar por plenos,
grupos o papeles, se han dedicado a recorrer su propio interior con tres
indicadores fundamentales: oración, reflexión y discernimiento. Y todo ello, en
un ambiente, ámbito o clima que, comúnmente, suele denominarse como “retiro” o
“acción de apartarse del mundanal ruido para entrar dentro de uno mismo e
inspeccionar profundidades íntimas”.
Creo, amable lector, que ya sabe usted el motivo de este “viaje interior”: la inminente elección del nuevo Superior General. Y, lógicamente, ante un hecho de tanta trascendencia, los asambleístas saben que hay que ponerse a la escucha del Espíritu.
Este cronista hubiera querido describir ese “viaje interior” de cada asambleísta. Pero, como es absolutamente imposible y nada aconsejable, tiene que optar por el relato de otra historia, la del “viaje exterior”, que también ha sido importante.
EL ESPÍRITU SANTO COMO PROTAGONISTA
Así podríamos resumir los dos hechos “exteriores” que han tenido lugar en esta jornada asamblearia. En primer lugar, la Eucaristía concelebrada por todos los asambleístas y demás colaboradores en la capilla del Colegio Leoniano, a las 7 en punto de la mañana. Bajo la presidencia del Asistente General, P. José Ignacio Fernández de Mendoza, los asambleístas han comenzado la jornada como se debe comenzar: en torno a la mesa del Señor, formando una verdadera comunidad fraterna y pidiendo la luz del Espíritu en un momento “especial” y decisivo.
Y,
a las 9 en punto, en la sala de plenos, el P. Fernando Quintano, venido
expresamente desde Madrid para esta ocasión, ha pronunciado una conferencia de
cuarenta y cinco minutos sobre “El discernimiento cristiano”. Con aplomo
magisterial, con verbo fluido y con experiencia contrastada, ha ido guiando a
los asambleístas por los nada fáciles recovecos de la ciencia del
“discernimiento”. Su esquema ha sido tan sencillo como profundo: partiendo del
discernimiento humano, ha llegado al discernimiento cristiano; se ha detenido en
Jesús como modelo y maestro para un auténtico discernimiento, subrayando tres
situaciones concretas; ha incidido en los criterios que inspiraron el
discernimiento de Jesús; se ha centrado en la relación entre el discernimiento y
la historia real y concreta; ha enfatizado la necesidad del discernimiento en
los tiempos que nos ha tocado vivir; y ha trazado algunas líneas pedagógicas
para ejercitar el discernimiento: oración, pobreza interior y humildad. Su
conclusión ha sido una mezcla de apelación a la responsabilidad y de expresión
de buenos deseos: “Que el Espíritu Santo les inspire lo que sea mejor para la
Iglesia, para la Congregación y para los pobres a los que está llamada a
evangelizar”.
Por lo demás, el resto de esta crónica la han escrito los asambleístas, todos y cada uno, en su propio y variopinto “viaje interior”. El cronista desea que haya sido una crónica meditada, reflexionada y escrita con las palabras más adecuadas.
CELESTINO FERNÁNDEZ
dejado
atrás el grato fin de semana para encontrarse, de nuevo, con la cotidiana
realidad de plenos, trabajos en grupo, enmiendas,
reuniones, papeles, horarios, y demás mecanismos de la Asamblea. Además, se
disponen a encarar una semana llena de acontecimientos extraordinarios: retiro
de oración y reflexión, elección del nuevo Superior General, elección del
Vicario General, elección de los Asistentes Generales... Podríamos decir que se
trata de una semana “distinta” y, en principio, más noticiable.
“TENÍA QUE LLEGAR ESTE DÍA”
Este es el comentario que me hacía un asambleísta al final de esta jornada. Y, por supuesto, no se refería a ningún anuncio mesiánico. Se refería, simple y llanamente, a lo que ha acontecido en este lunes de la segunda semana. Y lo acontecido es que la Asamblea ha tenido momentos de despiste, de vacilaciones, de perplejidades, de no saber cuál era el camino exacto, de pequeños tropiezos...
Este cronista insistió mucho, durante la semana anterior, en que la Asamblea estaba caminando bien, con agilidad y precisión. Pero hay que admitir que, en toda Asamblea normal -y ésta lo es- siempre hay algún día más o menos descolorido. No me cansaré de recordar que la Asamblea es como un tren que hay que echar a andar con toda su maquinaria complicada, y todos los trenes -por perfectos que sean- tienen algún momento de lentitud y de atasco. Los asambleístas más curtidos en estas lides saben que esto es normal, y que, incluso, puede ser bueno, para que el tren asambleario reemprenda la marcha con nuevos bríos.
Por otra parte, los despistes de esta jornada tampoco han sido de gran envergadura. Como siempre sucede, han sido despistes de método o de coordinación. Pero a unos niveles no muy significativos.
ANOTACIONES, ENMIENDAS, MATICES...
Bien quisiera yo que esta crónica narrase hechos y palabras apasionantes, polémicas, llenas de garra periodística... Pero no hay más cera que la que arde. Porque la primera parte de la mañana ha estado ocupada en el relato de los diversos grupos lingüísticos sobre lo trabajado en torno a la primera parte del Documento de trabajo. Y el lector perspicaz ya puede imaginarse que estos relatos suelen ser monocordes y un tanto monótonos. Y así, cada grupo (tres de lengua inglesa, uno de lengua francesa, uno de lengua italiana, tres de lengua española y uno de lengua portuguesa) han ido repitiendo un rosario de enmiendas, de matices, de añadiduras, de supresiones, de afirmaciones, de modificaciones a los varios y variados párrafos de esta primera parte del referido Documento de trabajo.
Ardua labor le queda a la primera Comisión para aceptar, rechazar, adaptar o reelaborar todo ese material de los grupos. Un trabajo propio de finos orfebres.
UN DILEMA RESUELTO
No se asuste, curioso lector. Esta Asamblea no se ha
dedicado a resolver el clásico y filosófico dilema de Aquiles y la tortuga. El dilema que
ha resuelto es más práctico y sencillo.
Se trata de que la Comisión central pidió a los grupos lingüísticos que se pronunciasen sobre
algo que, simplificando mucho, viene a decir lo siguiente: si a la hora de
establecer los desafíos para toda la Congregación, también debe hacerse para los
continentes, y si la Asamblea debe dar orientaciones o líneas de acción a las
Provincias para concretar esos desafíos. Todo ello, para ayudar un poco a las
Comisiones tercera, cuarta y quinta.
Y el dilema -si es que en algún momento llegó a serlo- no tuvo mayor complicación. Los grupos lingüísticos, mayoritariamente, dijeron que sí, que se haga en la Asamblea, que no hay, al fin y al cabo, ningún inconveniente, que es justo y necesario.
EL TURNO DE LA TERCERA COMISIÓN
Supongo que, poco a poco, el lector se va acostumbrando al
lenguaje asambleario. Y, entre este lenguaje, aparece con frecuencia la palabra
“Comisión”. Pues bien, hoy le ha tocado el turno a la tercera Comisión. Su
portavoz, el P. Alfredo Becerra, expuso, con brevedad y concisión, el contenido
de la tercera parte del Documento de trabajo, añadiendo cuatro pinceladas sobre
el posible método para estudiar esta parte. Y, con la obediencia y prestancia de
siempre, los grupos lingüísticos se fueron a sus respectivos lugares de trabajo.
Mañana los asambleístas tendrán un día diferente. El retiro de oración, reflexión y discernimiento les dará la ocasión propicia para practicar la primera parte de la famosa máxima de San Vicente de Paúl: “Cartujos en casa...”.
Casi sin darse cuenta, la Asamblea ha cubierto la primera etapa de
su carrera. O, dicho más técnicamente, ha finalizado su primera semana de
trabajo. Y, a decir verdad, lo ha hecho con paso seguro, ágil y preciso. Apenas
ha tenido dudas o vacilaciones. Si usted, curioso lector, consultase el programa
previsto por los organizadores para esta primera semana, comprobaría que esta
Asamblea lo ha cumplido con la exactitud de un reloj suizo. Tal vez a usted le
parezca que esto no es noticiable, pero los avezados en estos acontecimientos
asamblearios dicen que rara vez una reunión de estas
características llega a cumplir medianamente el programa establecido. Y esta XL Asamblea lo está
haciendo, al menos por ahora.
Esta sexta jornada en realidad ha sido media jornada. Los asambleístas, como todo grupo laborioso, tienen derecho al fin de semana. Y así, se ha trabajado hasta la hora de la comida. Naturalmente, también esto estaba previsto. Y los asambleístas han elevado plegarias de alabanza al Señor y a los organizadores por el descanso reparador que les espera.
UNA FAMILIA NUMEROSA Y CONSOLIDADA
Por supuesto, me refiero a la Familia Vicenciana. Porque éste ha sido, prácticamente, el tema de esta media jornada. El P. Benjamín Romo, Delegado del Superior General para la Familia Vicenciana, expuso, durante cuarenta y cinco minutos, su informe correspondiente. Aunque, para ser exactos, solamente se centró en la primera parte, dejando el resto para otro día.
Con
orden y lógica, fue entrelazando una serie de apartados: el camino recorrido en
los últimos años; la dedicación de un cohermano para la Familia Vicenciana
Internacional, con sus visitas de animación, su actividad formativa, su
comunicación epistolar, sin soslayar las limitaciones o lagunas que pudiera
haber en su servicio. También ha echado una mirada al futuro y se ha detenido en
un ramillete de prioridades para consolidar mucho más un laicado adulto, maduro
y comprometido en el servicio a los pobres. Y ha destacado tareas urgentes como
la formación, la espiritualidad vicenciana, la colaboración, la organización, el
compromiso por la justicia y la caridad, el acompañamiento serio y de calidad,
la coordinación, la animación, la atención entusiasta a los jóvenes...
El lector supondrá -y supone bien- que no ha sido una exposición cerrada y magisterial. Porque, inmediatamente, se ha establecido un diálogo de los asambleístas con el P. Benjamín Romo. Un diálogo largo, amplio, diverso, variado y, a veces, excesivamente repetitivo. Pero, al fin y a la postre, un diálogo que siempre informa y enriquece.
ENTRE EL LATÍN ECUMÉNICO Y LAS LENGUAS VIVAS
Así ocurrió a las 12 en punto. El programa anunciaba la
celebración de la Eucaristía bajo la presidencia del Arzobispo Mons. Franc Rodé
C. M., recientemente nombrado Prefecto de los Institutos de Vida Consagrada y de
las Sociedades de Vida Apostólica. Y así se cumplió el programa en el salón de
plenos de la Asamblea, alternando el latín con la diversidad de lenguas vivas,
la quironomía gregoriana con la música actual.
En su homilía, Mons. Rodé evocó la figura de San Vicente de Paúl en el descubrimiento de los pobres, en la organización de la caridad, en la evangelización y en la formación del clero. Subrayó la savia vital de las Reglas Comunes destacando aquella frase de “cartujos en casa y apóstoles en el campo”. Enfatizó la humildad del corazón y, sobre todo, la sencillez como santo y seña del miembro de la Congregación de la Misión. E hizo una llamada a la santidad, a trabajar en la propia perfección, a revestirse del espíritu de Jesucristo, a darse a Dios muriendo a uno mismo.
Y la jornada terminó con la perspectiva del descanso, de la excursión turística o del ocio apacible y doméstico. Cada asambleísta habrá escogido su programa de fin de semana. Este cronista también hace uso de ese derecho y se despide hasta el lunes.
“Hemos llegado a un momento muy importante de la Asamblea General.
El número 39, párrafo 1º, del Directorio dice: ‘Algunos días antes de la fecha
señalada para la elección del Superior General, tendrá lugar una votación
indicativa. Cada miembro de la Asamblea puede nombrar solamente un
candidato...’. Podemos votar a cualquier miembro de la Congregación de la Misión
con voz pasiva. Escriban muy claramente el nombre y el apellido del cohermano”.
Con estas palabras del P. Robert P. Maloney, Superior General, comenzaba el pleno de la tarde. Y es que uno de los objetivos prioritarios de la Asamblea es la elección del nuevo Superior General. Y esta votación llamada “indicativa” es el prólogo de tal elección. Tenga usted la seguridad, atento lector, de que todos los asambleístas tienen clara conciencia de que han entrado en un momento clave de la Asamblea.
Por lo demás, la jornada ha transcurrido con tranquilidad. Al cronista le ha parecido una jornada muy interesante, sobre todo, por el diálogo que, en el pleno mañanero, se ha establecido con el P. General. Ten