XLI ASAMBLEA GENERAL
CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

Día

28 de junio de 2010

Corría el año 1642 y entre el 13 y el 23 de octubre se celebraba en París la primera Asamblea General de la naciente Congregación de la Misión. En el viejo San Lázaro se reunían catorce misioneros: Vicente de Paúl y los superiores de las Casas, entre ellos, Antoine Portail, François du Coudray y Jean Dehorgny.

Más de tres siglos y medio después, en el año de gracia de 2010, en el 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac, siendo el vigésimo tercer sucesor de San Vicente el P. Gregory G. Gay, se celebra en París la XLI Asamblea General de la misma Congregación. En el actual San Lázaro, se reúnen 117 misioneros: 45 Visitadores, 4 Vicevisitadores, 60 Delegados y un Hermano.

Así resumiría un historiador el primero y el hasta ahora último eslabón de la cadena asamblearia de la Congregación de la Misión. En cualquier caso, este cronista da fe de que ha comenzado la XLI Asamblea General, con un lema tan ilusionante como interpelante: “Fidelidad creativa a la misión”. Este es el telón de fondo que, durante veinte días, van a tener a la vista los representantes de los cuatro puntos cardinales donde está implantada la Congregación de la Misión: escrutar nuevos caminos, nuevas expresiones, nuevos métodos para ser fieles a las raíces y a los signos de los tiempos.

Entre abrazos, saludos y demás efusiones fraternas, los participantes en esta Asamblea General han ido aterrizando en el corazón mismo de París. La ciudad los ha recibido con un calor húmedo, pegajoso, agobiante y casi tropical. La Asamblea ha empezado a caminar. Esperemos que el paso sea ligero, armónico y esperanzador.

CUATRO INTERROGANTES PARA EMPEZAR

A las nueve en punto de la mañana, en la capilla de San Vicente de Paúl, la celebración de la Eucaristía ponía el marco adecuado para comenzar esta Asamblea General. Una celebración sencilla, sobria, sin adornos extralitúrgicos ni solemnidades huecas. Presidía la Eucaristía, en inglés, el P. Superior General, Gregory G. Gay, y pronunciaba una homilía directa y sin concesiones a los tópicos protocolarios.

Destaco cuatro interrogantes que el P. General subrayaba con énfasis: “Como Congregación ¿dónde estamos? ¿Nos movilizamos hacia las víctimas de la opresión, la guerra y la violencia para venir en su ayuda o nos encontramos entre los que victiman? ¿Hemos llegado a atrincherarnos en nuestras experiencias apostólicas, en nuestra misión, haciendo las mismas cosas de siempre? ¿Ha perdido la sal su sabor?”


“DECLARO ABIERTA LA XLI ASAMBLEA GENERAL”

Con esta sencilla fórmula, el P. General ponía en marcha esta magna reunión. Y completaba esta puesta en marcha con dos cartas importantes. Una, del Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, donde, además de transmitir a todos los asambleístas la bendición apostólica del Papa Benedicto XVI, recuerda que la Congregación de la Misión siga siendo fiel a la evangelización de los pobres, a la misión de formar sacerdotes y a la misión “ad gentes”; y otra, del P. Richard Mc Cullen expresando su deseo de que esta Asamblea ayude a profundizar la fidelidad al carisma.

La Asamblea se celebra en el magnífico salón de plenos de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad. Es un salón amplio, hermoso y muy bien equipado con todo lo necesario, desde la pantalla gigante donde se va proyectando todo lo que ocurre en la sala, pasando por las cabinas de los traductores y el sistema electrónico de votación.

Esta Asamblea General es la tercera a la que asiste este cronista. Y, sin pretenderlo, su mente ha viajado al día primero de las dos Asambleas anteriores a las que asistió, la de 1986 y la de 2004. Le digo esto, amable lector, porque siempre ocurre lo mismo: el primer día de una Asamblea General es el peor para que se luzca el cronista. Y es que esta primera jornada ha transcurrido entre avisos, recordatorios, comprobación de los asistentes, elección de los escrutadores, elección del secretario de la Asamblea y del asistente del secretario, presentación a cargo de los Padres Turatti y Macías del itinerario seguido por la Comisión preparatoria de esta Asamblea General, más avisos, más aclaraciones... O sea, lo lógico y normal para que empiece a andar una Asamblea General. Algún asambleísta comentaba por los pasillos: ¿no estará ya agotado este método asambleario? ¿no habría que discurrir otro método, otro estilo para una Asamblea que pretende ser más pastoral que jurídica, más de diálogo de experiencias que de formulaciones estatutarias, aunque también contenga algunos aspectos jurídicos? Pero los más avezados en estas lides dicen que es inevitable este método, que es difícil encontrar otro. El cronista observa, toma nota y apela a aquello de que “Doctores tiene la santa madre Iglesia...”.

EL HUMOR Y LOS ARTILUGIOS

En medio de la pesadez, siempre hay un espacio para el humor. Y esta vez ha sido por obra y gracia de la tecnología. Resulta que, antes de votar, hay que comprobar los artilugios para votar. Y en esta probatura los asambleístas han empleado un tiempo bastante considerable, hasta que, por fin, han acertado a darle al botón correcto. Unos echaban la culpa a los artilugios, otros a los que manejaban los artilugios, y algunos a cualquier fantasma que pasaba por allí. Todo ello, con buen humor, risas y aplausos.

PRIMERA PIEDRA DE TOQUE: EL DIRECTORIO

Si hay que destacar un protagonista en este primer día, éste se llama “Directorio para la Asamblea General 2010”. La Comisión preparatoria ha elaborado un nuevo Directorio para sustituir al de la Asamblea anterior, el P. Fernando Macías lo ha presentado, los asambleístas le han puesto enmiendas, y se ha comenzado a votar. Y lo que parecía que iba a resultar rápido y fácil, se ha convertido en la primera dificultad.

Y en esta tarea estaba la Asamblea cuando ha llegado el final de la jornada, siendo secretario electo el P. Corpus Delgado, asistente del secretario el P. Rolando Santos, y ocupando el sitio de moderador provisional el P. Javier Álvarez.

CELESTINO FERNÁNDEZ

 

Día

29 de junio de 2010

Escribo esta crónica a la “hora de las brujas”. La Casa Madre de San Lázaro está en absoluto silencio. De vez en cuando, se oye el chirriar de una puerta. El calor sigue siendo agobiante. Los asambleístas duermen el sueño beatífico de los justos. Muchos de ellos han vibrado, gritado y cantado viendo el partido de fútbol del Mundial de Sudáfrica entre España y Portugal, porque también de fútbol vive el asambleísta, y no sólo de estatutos, mociones y votaciones.

Se ha terminado la segunda jornada de esta Asamblea General. Ha sido un día tranquilo, plácido, sin atascos reseñables en la maquinaria asamblearia. Da la impresión de que la Asamblea está calentando motores para caminar con un ritmo bastante ágil. Es lo que suele ocurrir en el segundo día de todas las Asambleas. Las vacilaciones y dudas del primer día dejan paso a la normalidad.

Por otra parte, el ambiente de la Asamblea, desde el inicio, es cordial, fraterno y entrañable. Las diversas lenguas y culturas no son obstáculo para la convivencia. Algún asambleísta, novato en estos acontecimientos, me decía que el clima de la Asamblea no tenía nada que ver con un antipático Babel, sino con un gozoso Pentecostés. Por lo demás, ha sido un día de “Superiores Generales”. El lector, si sigue leyendo, se dará cuenta del por qué.

 “GRACIAS POR TODO LO QUE RECIBIMOS DE LA CONGREGACIÓN”

Esta ha sido una de las frases que los asambleístas han escuchado al principio del trabajo mañanero. Y su autora ha sido Sor Evelyne Franc, Superiora General de las Hijas de la Caridad. Con la sencillez que la caracteriza, Sor Evelyne -presentada por el P. Javier Álvarez, Director General de las Hijas de la Caridad- se dirigió a todos los asambleístas. Y lo que parecía que iba a ser un mero saludo protocolario, se convirtió en una reflexión vicenciana, profunda y actual.

Sor Evelyne evocó el amplio y terrible mundo de la pobreza, la sociedad insolidaria, la urgente evangelización integral de los pobres, el don del sacerdocio, el acompañamiento de las Hijas de la Caridad por parte de la Congregación de la Misión, el servicio compartido entre ambas Compañías, la unión indisoluble entre la caridad y la misión, la necesidad de ser testigos del buen Dios, la lucha por la familia, el dejarse transformar por el Espíritu... Ciertamente, han sido unas palabras llenas de realismo y dentro del marco de fidelidad creativa que se propone esta Asamblea General.

“SER PROFETAS DEL AMOR DE DIOS EN TODO EL MUNDO”

Y esta ha sido una de las frases del Superior General, P. Gregory G. Gay que ha resonado con fuerza en la sala de plenos. Porque toda la tarde de este segundo día ha estado dedicada al informe del Superior General. En todas las Asambleas Generales el informe del Superior General constituye un punto preceptivo y sumamente importante. El P. Gregory G. Gay ha repasado públicamente su andadura y la de la Congregación en estos seis años.
Ha sido un informe completo y concreto. No se ha andado con teorías o consideraciones de alto y abstracto coturno. Ha dividido su informe en siete grandes capítulos: Visitas y eventos especiales; nuevas iniciativas; formación continua; misiones internacionales; Familia vicenciana; recomendaciones para el futuro; y conclusiones. No ha abusado de algo tan tópico como son los soportes tecnológicos. Solamente ha proyectado en la pantalla un  índice pedagógico y unas cuantas imágenes ilustrativas después de cada capítulo. La sobriedad tecnológica es algo que siempre agradecen los oyentes.

Por cada capítulo han ido pasando algunas realidades como los 73 países visitados, la constatación de la viveza del carisma vicenciano y del servicio a los pobres, la colaboración entre la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad y las diversas ramas del árbol vicenciano, el empeño por infundir el sentido misionero a toda la Congregación, la creación de una Comisión para promover el cambio sistémico como una nueva “imaginación de la caridad”, los talleres para cohermanos en dificultad, el SIEV, el sentido internacional de la Congregación, la formación continua para nuevos Visitadores, los talleres para Ecónomos provinciales, la formación continua de los Hermanos, el programa del CIF, las misiones internacionales, las Asambleas Generales de todas las ramas de la Familia vicenciana, diversas celebraciones con motivo del 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac...

Y, por supuesto, también han desfilado algunas recomendaciones “hacia dentro” y “hacia fuera”, como la reestructuración de la Curia y de Consejo General, el aumento de Asistentes Generales con su misión específica, la representación geográfica de los Consejeros Generales, la reconfiguración de Provincias para una mejor evangelización de los pobres, la solidaridad entre Provincias... Para concluir con cuatro urgencias: necesidad de la oración, necesidad de vida comunitaria, bienes en común y creatividad en la evangelización.

Respire un momento el lector, vuelva a leer la lista anterior -es sólo un resumen muy apretado-, intente meditarla y saque las consecuencias pertinentes. Le aseguro que tendrá meditación y reflexión para una larga temporada.

FELICITACIONES Y VOTACIONES

Y en medio de estas grandes intervenciones también han existido, al menos, dos momentos importantes. Uno breve y emotivo: la felicitación a varios asambleístas y ayudadores -entre ellos el que esto escribe- por sus aniversarios de vocación, de ordenación sacerdotal y de santos pratronos Pedro y Pablo; y otro importante y decisivo: la votación del dichoso Directorio de la Asamblea (excepto la cuestión concerniente a los Estatutos), que obtuvo mayoritariamente la luz verde.

Continúa el silencio nocturno en la Casa Madre. El cronista termina de hilvanar estas líneas como mejor sabe y puede. Y mañana será otro día.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 3º

30 de junio de 2010

Tengo que confesar que carezco de dotes adivinatorias. Y, consiguientemente, tengo que acusarme del pecado de prejuicio, anticipación ligera o falsa previsión. Me explico. Al llegar al salón de plenos, a las nueve menos cinco de la mañana, eché un vistazo al orden del día de esta tercera jornada de la Asamblea General. Mis primeros pensamientos me dibujaron un día aburrido, monótono, lleno de formalidades reglamentarias, de números cansinos, de estadísticas frías y de organigramas técnicos y tediosos. En definitiva, el típico día gris de toda Asamblea, donde un cronista se encuentra ayuno de algo noticiable.

Pues resulta, querido lector, que esta jornada ha sido todo lo contrario. Ciertamente, ha habido alguna votación y se ha trabajado muy brevemente por grupos lingüísticos, pero el grueso del día ha tenido una sorpresa que este cronista juzga interesante y merecedora de toda la atención. Y como enseñan en las clases de redacción periodística, lo más importante debe ir lo primero en cualquier noticia que merezca la pena. A eso voy.

NÚMEROS CON VIDA O LA RADIOGRAFÍA DE UNA CONGREGACIÓN

Me refiero al informe que ha presentado el Secretario General, P. Claudio Santangelo. Un informe de cinco páginas y media con el complemento de unas precisas y justas proyecciones en la pantalla. Un informe de números y estadísticas, pero lleno de vida, de personas, de reflexiones serenas, de interrogantes agudos. Un informe enmarcado en una frase tan humana como evangélica y vicenciana: “Los mejores recursos de la Congregación son los mismos misioneros”.

El P. Claudio, con aplomo y dominio de la escena, ha trazado lo que podríamos llamar la radiografía de la Congregación de la Misión durante estos seis últimos años. Evidentemente, a muchos les puede resultar una radiografía negativa, pero la realidad es tozuda y es la que es. Ha presentado la evolución numérica de la Congregación; los ministerios en número y porcentajes; las tendencias de los misioneros en las Provincias: nuevos incorporados, fallecidos, expulsiones, incardinaciones en el clero diocesano, dispensas del ministerio sacerdotal; y la evolución de estudiantes “admitidos”. Cuando el P. Claudio estaba hablando, este cronista pensaba en el abanico de reacciones por parte de los asambleístas y de los posibles lectores. Reacciones de preocupación, de pesimismo, de perplejidad, de interrogación, de confianza... Y se me venía a la mente la apelación constante de Vicente de Paúl a “cabalgar a lomos de la Providencia”.

He aquí algunos datos expuestos por el Secretario General: de 3.435 miembros en 2004 hemos descendido a 3.299 misioneros a fecha del 31 de diciembre de 2009. Significa un promedio de pérdida de 27 misioneros por año. Las parroquias siguen presidiendo, con bastante ventaja, la ocupación ministerial de la Congregación. Ha descendido el número de los misioneros dedicados a la formación de los nuestros, a las misiones “ad gentes” y a la animación de las Hijas de la Caridad. Ha aumentado el número de jubilados y enfermos. Sigue siendo pequeña la presencia en las misiones populares. En los últimos seis años, 72 misioneros han sido expulsados, 37 se han incardinado en las diócesis, 13 Hermanos y estudiantes han sido dispensados de los votos por el Superior General, y 26 han obtenido de la Santa Sede la dispensa del ministerio sacerdotal. Hay 209 ausentes en todo el mundo, es decir, la Provincia más grande después de Polonia.

El descenso es evidente. Y el P. Claudio se hacía una pregunta: “¿Cuál puede ser la razón principal de este déficit?”. Cualquier lector respondería que la clave está en algo tan normal como los fallecimientos o la escasez de vocaciones. Sin embargo, el P. Claudio apuntaba en otra dirección: la causa principal son las expulsiones, las incardinaciones en las diócesis, los dispensados de los votos y los dispensados del ministerio sacerdotal.

La sala ha reaccionado ante este informe. Han sido muchas las intervenciones de los asambleístas y pudieron ser muchas más si el implacable reloj lo hubiera permitido. En forma de preguntas o de reflexiones, los asambleístas han conseguido que esta Asamblea sea dialogante. Se notaba que el tema preocupa, que detrás de los números hay dolores, tragedias, esperanzas y desesperanzas, vidas y personas, desgarros y soledades, cansancios y desencantos. Este cronista se agarra a una frase de San Vicente citada por el P. Claudio al final de su informe: “El trabajo de nuestro Señor se realiza no tanto por la multitud de trabajadores, sino por la fidelidad del pequeño número que Él llama”


DE MODERADORES Y OTRAS FORMALIDADES DOCUMENTALES

La Asamblea tiene que avanzar y para ello es necesario terminar de poner a punto las “formalidades” que todavía faltan. Me refiero a los tres moderadores, a la constitución de la llamada Comisión central y al Documento de consulta. Tres requisitos imprescindibles en una Asamblea General.

Pues bien, han sido elegidos los tres moderadores en las personas de los Padres Jean Landousies (por la lengua francesa), Gabriel Naranjo (por la lengua española) y Dennis Holtschneider (por la lengua inglesa). Y han sido elegidos también los cinco miembros que, junto al presidente, secretario y moderadores, formarán parte de la Comisión central: los Padres Javier Álvarez, Elie Delplace, Mikel Ngoka, Alberto Vernaschi y Stanislav Zontak.

Y para que la Asamblea tenga una ayuda iluminadora, el P. Giuseppe Turati presentó el Documento de consulta que ha preparado para esta Asamblea la Comisión preparatoria. Un Documento que no es votado porque quiere ser una guía para mejor dialogar.

MESA REDONDA

La jornada ha terminado con una especie de “mesa redonda” compuesta por tres representantes de otras tantas regiones de la Congregación en el mundo. Así, los tres han ido relatando las luces y las sombras de esas regiones en estos últimos seis años. El P. Corpus Delgado ha hablado en nombre de la CEVIM (Conferencia de Visitadores de Europa y Oriente medio), el P. Mikel Ngoka ha expuesto lo realizado por la COVIAM (Conferencia de Visitadores de África y Madagascar) y el P. Gabriel Naranjo ha desmenuzado los trabajos y los días de la CLAPVI (Conferencia de América Latina y el Caribe). Ciertamente, han aparecido más luces que sombras. Lo cual siempre es alentador.

CELESTINO FERNÁNDEZ


Día 4º

1 de julio de 2010

Si este cronista quisiera resumir en dos palabras la jornada asamblearia de este primer día de un mes de julio tórrido y asfixiante, sin duda lo tendría muy fácil: “economía y pobres”. Dos palabras que se distancian y se acercan, que se contradicen y se necesitan. Pero no piense usted, perplejo lector, que me he equivocado de lugar. No estoy en una reunión del G-8, del G-20 o de Wall Street.. Sigo estando en una Asamblea General de unos misioneros que tienen muy clara su condición de evangelizadores de los pobres. Por eso, entenderá usted perfectamente la relación entre la economía y los pobres. Estas dos palabras hacen referencia a los dos bloques temáticos que han llenado casi por completo el trabajo de hoy.

No sé si por casualidad, esta jornada ha tenido también un prólogo significativo. Porque, a las ocho de la mañana, los asambleístas han comenzado el día celebrando la Eucaristía en un lugar donde los pobres son acogidos, queridos, escuchados y atendidos. Me refiero a la Capilla de las Apariciones, en la Rue du Bac. Todo un símbolo y un recordatorio para los misioneros de los pobres.

 

“SIN RECURSOS NO HAY MISIÓN”

Éste ha sido el mensaje central que el P. John W. Gouldrick, Ecónomo General, ha querido dar a los asambleístas. Hoy le tocaba a él exponer su informe sobre economía. Y lo ha hecho con competencia, con sabiduría y con muchas pinceladas de humor. El cronista admite que es un perfecto lego en esto de la economía y que los términos técnicos de la ciencia económica le suenan a sánscrito.

Pero me he fijado en una idea que ha vertebrado el discurso del P. Gouldrick: la economía debe estar al servicio de la evangelización de los pobres. Y, constantemente, he recordado a San Vicente de Paúl y su realismo en esta materia para un mejor y más eficaz servicio a los pobres. Entenderá ahora el lector el por qué de la unión de esas dos palabras, “economía y pobres”, a las que he hecho referencia al principio. Entenderá también la razón principal de un informe económico en una Asamblea de la Congregación de la Misión.

EL CLAMOR AGUDO DE LOS POBRES

Hace muchos años, allá por las calendas de 1979, la reunión del CELAM, en Puebla (México), urgía a los cristianos a “abrir los oídos para escuchar el clamor agudo de los pobres”. Hoy, en esta Asamblea, se ha vuelto a recordar esta urgencia ineludible. Y se ha hecho de dos formas: con la imagen y con la palabra.

A primera hora de la tarde, se apagaba la luz en el salón de plenos y surgía, en la gran pantalla, la historia de Marilén. La historia de una mujer destrozada por la vida y machacada por una sociedad insolidaria. La historia de tantas y tantas víctimas de una sociedad sin corazón. Un documental italiano breve pero impactante. Unas imágenes con calidad cinematográfica, pero, sobre todo, con calidad humana y vicenciana. Un aldabonazo para abrir los ojos y los oídos.
Y si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, no es menos cierto que también se necesitan las palabras. Y aquí entró el punto fuerte de la tarde: la intervención de un invitado especial llamado Andrea Riccardi, fundador y animador de la Comunidad de Sant’Egidio. Una Comunidad nacida en Roma en 1968, extendida por más de 70 países y formada por unos 50.000 miembros.

Andrea Riccardi, con gran talante profético y encendida vehemencia, fue desgranando sus más profundas convicciones ante un auditorio atento. Se refirió al miedo imperante, al deseo compulsivo de seguridad y de bienestar, al mercado global en que se ha convertido el mundo, a la violencia, a la guerra, al diálogo, a la paz, a la globalización de la solidaridad, a la reconstrucción del tejido humano, a la falta de comunicación, a la soledad, al amor, a las comunidades pacificadoras, a la oración, a la escucha de la Palabra, a la capacidad de visión...

Y, sobre todo, estableció un principio fundamental: hay que partir de los pobres, de la solidaridad con los pobres; no hay que partir de nuestros problemas o de los problemas de nuestras comunidades, sino del problema de los pobres. Y sólo si partimos de los pobres, seremos capaces de resolver nuestros problemas. Por eso, tiene que haber dos pilares: la oración y los pobres.

En definitiva, una intervención interpelante y muy apropiada para una Asamblea que quiere encontrar caminos nuevos para una fidelidad creativa. El diálogo de los asambleístas con Andrea Riccardi confirmó la viveza, la fuerza y las intuiciones de su conferencia. Algún asambleísta me comentaba que Andrea Riccardi le había recordado a Federico Ozanam.

 

ANOTACIONES FINALES

Para ser justos y exactos, este cronista no se olvida del P. Alberto Vernaschi, siempre con su claridad y pedagogía de buen canonista, que abrió la mañana presentando el capítulo octavo del Directorio en lo referente al procedimiento para la votación de los Estatutos.

Y así transcurrió este día cuarto de la Asamblea General de la Congregación de la Misión, siendo moderador el P. Dennis H. Holtschneider y reinando un clima tan caluroso en la atmósfera como en los asambleístas.

 

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 5 º

2 de julio de 2010

El título de este quinto día de la Asamblea General me lo ha inspirado un traductor, uno de los misioneros que pone su don de lenguas al servicio de esta magna reunión. Y es que si ayer la voz de los pobres resonó en la sala por medio de la imagen y la palabra, hoy los pobres se han hecho presentes por medio de las obras. Por eso, este conspicuo traductor me indicaba que el título más exacto podría ser: “Muestrario de servicios en favor de los pobres”.

Y es que toda la jornada de hoy ha sido prácticamente eso: una exposición significativa de lo que la Congregación de la Misión está haciendo en el mundo por la evangelización integral de los pobres, de los marginados sociales, de los excluidos. Evidentemente, ha sido sólo un muestrario. Para relatar todos los servicios, trabajos, desvelos, proyectos, iniciativas que los misioneros de la Congregación de la Misión llevan a cabo en todos los Continentes, serían necesarios muchos meses de Asamblea. Y, desde luego, en este muestrario se han querido incluir algunos proyectos o iniciativas que llevan cierta carga de originalidad y de creatividad.

Por lo demás, la Asamblea va avanzando. Según algunos, con más lentitud de lo esperado. Según otros, con la normalidad de un evento de estas características. Y, por supuesto, tampoco faltan los que opinan que da la impresión de que todavía no se ha entrado en la materia propia de una Asamblea General. Tal vez, despiste un poco el hecho de que esta Asamblea pretende ser, sobre todo, un foro de diálogo y un intercambio de experiencias que iluminen el tema global: “Fidelidad creativa a la misión”. Y si algún asambleísta, por casualidad o distracción, se olvidara de ello, ahí está, en el frontispicio de la sala, el logotipo de la Asamblea para recordarlo con insistencia.

EL AMOR ES INFINITAMENTE INVENTIVO

Tomo prestada de San Vicente de Paúl esta frase que ya se ha hecho santo y seña de la actividad apostólica de toda la Familia Vicenciana. Y lo hago para enmarcar todo ese muestrario de experiencias y proyectos que han desfilado por la sala de plenos. Como ha dicho alguno de los ponentes, este muestrario es el regalo más bello que la Familia Vicenciana puede hacer a los Fundadores en su 350 aniversario.

La primera actividad expuesta ha sido la “Oficina de Solidaridad Vicenciana”. Su director ejecutivo, el P. Miles Heinen explicó con claridad el origen, el funcionamiento, los objetivos, los resultados, los proyectos antiguos y nuevos de esta iniciativa ya fuertemente consolidada. Y si el lector quiere que le resuma en una sola frase el ser y el quehacer de esta “Oficina de Solidaridad Vicenciana”, tal vez le valga algo así como “ayudar a la Congregación de la Misión a obtener fondos para la evangelización y el servicio de los pobres”.

A continuación, han aparecido ante los ojos y los oídos de los asambleístas una serie de proyectos. Algunos ya conocidos, otros, menos conocidos o desconocidos del todo. Por ejemplo, la ingente obra del P. Pedro Opeka en Madagascar; la Casa de acogida, cerca de Roma, para la reinserción social de drogodependientes; la pastoral de la carretera en Brasil; la obra social de la Universidad de Saint John, en Estados Unidos; la obra para personas sin hogar, en Filipinas; la experiencia parroquial evangelizadora llevada a cabo por un equipo de sacerdotes y laicos, donde trabajan unos dieciséis laicos; la amplia actividad en las Islas Salomón, en un Seminario, en la pastoral parroquial, en la educación...

A todo este muestrario de la sala, puede añadir usted, atento e interesado lector, las experiencias e iniciativas, personales y provinciales, de servicio a los pobres que los asambleístas expusieron e intercambiaron en grupos de reflexión. El cronista da fe de que fueron abundantes, unas más creativas que otras.

EL CAMBIO SISTÉMICO

La exposición que ocupó más tiempo, casi toda la tarde, fue la del “cambio sistémico”. El P. Robert Maloney se ocupó de explicar su historia, las ideas matrices, las metas, el procedimiento, las actividades llevadas a cabo, las características de los proyectos, el presente y el futuro. Y lo hizo con la claridad y la brillantez de quien está dedicado en cuerpo y alma a este proyecto.

El P. Herminio Antonello plasmó, verbal y gráficamente, el cambio sistémico en una obra concreta en Italia: “Agua. Una gota de vida”. Una obra que implica a miembros de la Congregación y a Hijas de la Caridad. Una obra que se apoya en lo que significa y conlleva el cambio sistémico.

El diálogo con ambos ponentes fue extenso y fluido, a partir de tres cuestiones que los asambleístas trabajaron por grupos lingüísticos. Y, sin ánimo de hacer publicidad encubierta o descarada, el cronista recomienda leer el libro “Semillas de esperanza. Historias de cambio sistémico”. En él encontrará el lector el complemento necesario para entender bien esto del cambio sistémico.

O sea, que la de hoy ha sido una jornada de escucha y de diálogo, de reflexión y de trabajo, perfectamente moderada por el P. Jean Landousies. Todos los asambleístas son personas pacientes y laboriosas, dos requisitos indispensables para participar en una Asamblea General.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 6º

3 de julio de 2010

París ha amanecido cubierto con un manto plomizo. La lluvia ha hecho su aparición de una forma brusca. Da la impresión de que el sofocante calor va a dejar paso a un ambiente refrescante, pero es sólo una impresión. La Asamblea ha finalizado su primera semana de trabajo. Si usted, amable lector, examina el programa previsto por los organizadores, comprobará que esta primera semana se ha cumplido con exactitud. Se puede decir que la Asamblea ha caminado con paso ágil. No se han producido atascos dignos de consideración, lo cual es muy importante en una reunión de estas características.

Esta sexta jornada en realidad ha sido media jornada. Los asambleístas, como todo grupo laborioso, tienen derecho al fin de semana. Y así, se ha trabajado hasta la hora de la comida. Naturalmente, también esto estaba previsto. Y los asambleístas han elevado plegarias de alabanza al Señor y a los organizadores por el descanso reparador que les espera.

El día comenzaba a las nueve de la mañana con la celebración de la Eucaristía en la capilla de San Vicente de Paúl. La noticia estaba en que el presidente de la Eucaristía era el cardenal de París, Mons. André Vingt-trois, un cardenal con un apellido curioso y con un rostro sonriente y bonachón. Sin especiales ceremonias, con la sencillez de estar en familia, el cardenal animó a los asambleístas a trabajar con ilusión como lo hicieron los Fundadores. Y a las diez, los asambleístas ya estaban en la sala de plenos de la Rue du Bac, después de envolverse en paraguas, chubasqueros y otros atuendos variopintos contra la lluvia.

LOS POBRES NOS EVANGELIZAN

En realidad el trabajo asambleario de esta media jornada ha sido más bien breve, tranquilo y sencillo. Y para calentar motores, lo primero que han hecho los asambleístas es contemplar un video de la India. Es una novedad que se ha inaugurado en esta Asamblea: ir poniendo en la pantalla de la sala, en diversos momentos, una serie de vídeos o películas cortas que vayan recordando la voz de los pobres, la realidad de la marginación, la crueldad de la insolidaridad, la interpelación de “nuestros amos y señores”. Tal vez, a más de un asambleísta le pueda resultar monótono o repetitivo. Pero no cabe duda de que es una buena forma de revolucionar las conciencias.

Y esta mañana, los asambleístas han contemplado unas imágenes duras de la vida de un grupo de leprosos rechazados por la sociedad y por sus mismas familias. Unos leprosos recogidos en un Centro de las Hijas de la Caridad y que, como diría San Vicente de Paúl, nos evangelizan con su sola presencia.

PREPARANDO LA ELECCIÓN DEL SUPERIOR GENERAL

Lo decía el moderador, P. Gabriel Naranjo: “Vamos a acercarnos a lo que llamaríamos trabajos propios de una Asamblea”. Y cualquiera que esté un poco familiarizado con la dinámica y el contenido de la Asamblea General sabe que uno de esos “trabajos propios” más importante es la elección del Superior General. Para ello, en esta mañana se ha llevado a cabo la llamada “votación indicativa”, según el número 37 del Directorio. Observe el atento y fiel lector que me refiero a “votación indicativa”, o sea, que es el paso previo para la elección definitiva. Los asambleístas han escrito el nombre o los nombres (no más de tres) de sus candidatos, los escrutadores han recogido las papeletas, las han metido en un sobre, han cerrado el sobre, y se lo han entregado al Superior General. El escrutinio se hará fuera de la sala y el lunes se verá el resultado. Después vendrá la elección. La fecha señalada es el próximo jueves día ocho.

UNA COMISIÓN ESPECIAL

En la sala de plenos, el cronista ocupa un lugar al fondo. Pero el cronista no está solo. A su lado acostumbran a sentarse tres personas conocidas por el nombre de “sintetizadores”. Esas personas son los Padres José Ignacio Caamaño, Marcelo Manimtim y Jean Daniel Planchot. Ellos forman la Comisión de síntesis. Una Comisión nueva, con un trabajo intenso, delicado y no siempre fácil. Porque sintetizar todo lo que se hace y se dice en una Asamblea General es una labor de orfebrería fina.

Bueno, pues esta Comisión rindió cuentas esta mañana. El P. José Ignacio Caamaño presentó el fruto de su trabajo a los asambleístas, y éstos se fueron a reflexionar, evaluar y dictaminar el trabajo de los sintetizadores.

Este cronista, como es obvio, no ha conocido Asambleas Generales muy antiguas. Supongo que entonces no habría una gran información. Pero esta Asamblea General puede pasar a la historia como la Asamblea de la información. Repare usted, lector, que entre las Actas oficiales, la Comisión de síntesis y estas humildes y modestas crónicas hay información abundante y sobreabundante.

Y la jornada terminó con la perspectiva del descanso, de la excursión turística o del ocio apacible y doméstico. Cada asambleísta habrá escogido su programa de fin de semana. Este cronista también hace uso de ese derecho y se despide hasta el lunes.

CELESTINO FERNÁNDEZ

 

Día 7º

5 de julio de 2010

Todavía con el grato sabor del festivo fin de semana, los asambleístas han vuelto al trabajo. A los paseos por París, a la celebración de la Eucaristía dominical en Notre Dame, a la excursión a Versalles o a otros parajes históricos, hoy le sucede la cotidiana sesión de plenos, trabajos en grupo, reuniones, mociones, enmiendas, papeles, horarios y demás herramientas de la Asamblea. Es la vida de toda Asamblea. Y los asambleístas son plenamente conscientes de que no han venido a esta mágica ciudad a ver museos o monumentos -que siempre es bueno, justo, saludable y culto el verlos-, sino a trabajar lo mejor posible por la Congregación de la Misión.

Los asambleístas también saben que les espera una semana distinta y un poco especial. Porque el programa anuncia algunos acontecimientos extraordinarios, o sea, fuera de lo ordinario: retiro de oración y de reflexión, elección del Superior General, elección del Vicario General, elección  de los Asistentes Generales... También este cronista espera, con cierta curiosidad, los acontecimientos de esta semana que hoy ha comenzado. Uno tiene un poso de deformación profesional y ansía hechos noticiables y novedosos. Y toda elección tiene siempre un punto de salsa periodística.

UNA FECHA ESPECIAL EN EL CALENDARIO DE LA ASAMBLEA

Durante toda la mañana de esta jornada, me ha rondado por la cabeza una idea no sé si genial o simplemente absurda. Y es hacer una petición formal para que el segundo lunes de las Asambleas Generales sean declarados solemnemente como “el día de los canonistas”. ¿Por qué? Usted lo entenderá inmediatamente.

Resulta que, consultando las crónicas de la Asamblea General anterior, la de 2004, hizo su aparición en la sala toda una batería de mociones, añadiduras, supresiones de términos, votaciones, explicaciones más o menos jurídicas, matices, anotaciones... Todo ello referido al Documento de trabajo de entonces. Hoy lunes, y en esta Asamblea, ha vuelto a aparecer la misma batería de enmiendas, explicaciones, supresiones, añadiduras, mociones y, por supuesto, votaciones. Y todo esto referido al tema de los Estatutos, de los Postulados y de alguna propuesta.

A lo mejor, querido lector, es una mera coincidencia que sirve al cronista para echar un poco de humor en un día tedioso y monótono. Pero la jornada de hoy es normal en toda Asamblea. Es como la travesía del desierto que toda Asamblea tiene que hacer. El tema de los Estatutos y Postulados es “materia muy propia” de una Asamblea General, y no queda más remedio que abordarlos. Aunque resulte un día nada noticiable y muy cansino para los asambleístas. Menos mal que el moderador, el P. Dennis H. Holtschneider ha sabido dirigir el diálogo y las votaciones con elegancia, con sapiencia y con una sonrisa imperturbable.

ESTATUTOS, POSTULADOS Y PROPUESTAS

No le voy a cansar, benévolo lector, con la narración de las enmiendas o modificaciones a un gran número de estatutos que los asambleístas han entregado al representante de la Comisión de los mismos, el buen canonista y mejor persona P. Alberto Vernaschi. No le voy a cansar tampoco con la relación de los números de los Estatutos que se han votado en la sala por no sufrir ninguna modificación por parte de los asambleístas. Esa labor pertenece a las Actas oficiales. Sólo le diré que los asambleístas han trabajado en grupos durante tres cuartos de hora para anotar sus modificaciones; que un grupo nutrido de asambleístas pedía más tiempo de estudio; que a otro grupo, un poco más nutrido, le era suficiente con el tiempo de estudio que se había empleado; que se votó, por tres veces, esa ampliación de tiempo de estudio; que por tres veces ganaron los que no querían más tiempo... O sea, la dinámica normal de una Asamblea viva.

A los asambleístas nuevos, que hay bastantes, esto les puede cansar y extrañar un poco. Incluso se puede leer en sus rostros. Los veteranos saben que siempre hay un día “especial” en estas magnas reuniones y lo suelen tomar con filosofía y epiqueya.

UN POSTULADO IMPORTANTE

De entre todo lo estudiado y dialogado en este día, destaco un Postulado puesto por el Superior General. Se refiere a la ampliación del número de Asistentes Generales. Ahora mismo, hay cuatro (el Vicario General y tres Asistentes Generales). El Postulado pide que haya cinco (el Vicario General y cuatro Asistentes Generales). El Postulado, por importante, ha ocupado un tiempo considerable en la discusión asamblearia. El P. Superior General ha expuesto sus razones y motivaciones, y los asambleístas han expresado sus puntos de vista, a favor y en contra, con toda serenidad y libertad. Y, después de muchas vueltas y revueltas, ha sido votado y aprobado.

COMO EN UNA FAMILIA

La asamblea General es también una familia, no sólo un parlamento o un foro de discusiones y decisiones. Una familia que ora, que se ríe, que se saluda efusivamente por los pasillos, que gasta bromas, que comparte... Y una familia que siente lo que le ocurre a sus miembros. Por eso, la Asamblea tiene presente al P.Arkadiusz Zakreta, Visitador de Polonia, que ha tenido que salir inmediatamente para su tierra para ser operado de apendicitis, y que evoluciona favorablemente; y al P. Norbert Ensch, Visitador de Alemania, que guarda cama por una fiebre alta. Y todos los asambleístas, traductores, ayudadores y éste que escribe damos el más sincero y sentido pésame al P. Joseph V. Cummins, magnífico traductor, por el fallecimiento de su madre.

La Asamblea avanza. Unos días al galope, otros al trote y alguno con atascos. La jornada de hoy ha tenido más de atascos que de galope. Pero todo forma parte del ser y del quehacer de la Asamblea. O sea, como la vida misma.

CELESTINO FERNÁNDEZ

 

Día 8º

6 de julio de 2010

Decía un poeta español, allá por la mitad del siglo XIX, que “nada es verdad ni mentira, que todo es según el color del cristal con que se mira”. Este antiguo relativismo viene a propósito de la jornada asamblearia de ayer. Porque si usted la mira con gafas oscuras, sacará una impresión más bien oscura; y si la mira con gafas coloreadas, su impresión se acercará al optimismo razonable.

A este cronista le ocurre lo mismo. Por una parte, daba la sensación de que la mayoría de los asambleístas estaban en una actitud pasiva, escuchando con cierta desgana las exposiciones de los diversos ponentes, con una acusada falta de espíritu crítico, como si habitasen en el mejor de los limbos.

Pero, por otra parte, también se puede hacer una lectura totalmente distinta. Y es pensar que los asambleístas se tomaron muy seria y responsablemente la actitud de escucha, de interiorización y de reflexión. Y como la escucha es uno de los caminos de la sabiduría, pues los asambleístas escogieron el mejor camino, y así resultó una jornada repleta de profundidad y de dinamismo interior. O sea, que, entre una cosa y otra, escoja usted, confundido lector, lo que más le apetezca. Ahora bien, este cronista no se hace responsable de sus opciones, y, por supuesto, las respeta escrupulosamente.

DÍA DE EXPOSICIONES

No piense usted que el de ayer ha sido un día dedicado a visitar exposiciones de arte, de historia o de geografía. Me refiero a otras exposiciones, es decir, lo que varios miembros de la Asamblea han expuesto a la sedente y escuchante sala. Prácticamente, el ochenta por ciento de la jornada asamblearia de ayer ha consistido en que unos exponían y la mayoría oía o escuchaba, que no es lo mismo.

Sin embargo, para ser más exactos, hay que añadir que el veinte por ciento restante lo ha vuelto a ocupar la cuestión de Estatutos, Postulados, recomendaciones al Superior General y Decretos tomados de la Asamblea General anterior. Para moderar estos asuntos jurídicos, ha vuelto a la mesa central el P. Dennis H. Holtschneider y su sonrisa tranquilizadora. Y a los atascos del día anterior, ha seguido ayer un ritmo ágil y sin sobresaltos, como si los asambleístas no tuvieran muchas ganas de enzarzarse en discusiones más o menos nominalistas.

FORMACIÓN, DIVINO TESORO

Todo el bloque de exposiciones ha tenido un común denominador: la formación continua o permanente, con todos sus derivados, consecuencias y aplicaciones. Que la formación, en todos sus tiempos y niveles, es imprescindible y fundamental, resulta una verdad casi dogmática; y que la formación es un tesoro que hay que cuidar y desarrollar, es una afirmación de sentido común.

Por eso, la primera exposición, desde la segunda hora de la mañana, ha corrido a cargo de los Padres Marcelo Manimtim y J. Carlos Fonsatti, responsables del CIF (Centro Internacional de Formación) que tiene su sede en esta Casa Madre de San Lázaro. Y ellos han ido explicando la historia, la programación temática, los objetivos y las bondades de este organismo. Muchos posibles lectores de estas crónicas han hecho estos estudios del CIF en su versión de tres meses, en la de un mes o alguna especial como la de los Hermanos o la denominada de “liderazgo”. La sala aplaudió, dio sus parabienes, animó a los responsables a seguir adelante y todo resultó bien.

Por la tarde, más exposiciones sobre la formación. En una llamada “mesa redonda”, se reunieron unos cuantos ponentes y fueron desgranando diversos aspectos del tema. Unos fueron más breves que otros y todos pusieron la mejor buena voluntad para captar la atención del auditorio.

Comenzó el P. José Antonio Ubillús, Asistente General, hablando de la importancia de la formación desde los tiempos de San Vicente de Paúl hasta hoy. Y trazó lo que podríamos llamar el eje de la formación: un camino nunca acabado y una exigencia de nuestra vocación. Sin olvidarse de una urgencia ineludible: reavivar el don recibido. El P. Daniel Vásquez, Visitador de Colombia, habló de la formación permanente en CLAPVI (Conferencia de Visitadores de América Latina y el Caribe). Resaltó que la formación permanente ocupa un primerísimo lugar en CLAPVI. Y trazó un completo panorama de objetivos, líneas de acción, dificultades, limitaciones, esfuerzos e ilusiones. Hay que resaltar dos frutos especialmente fecundos: la escuela de espiritualidad en Curitiba (Brasil) y la escuela para formadores en Colombia.

El P. Paulus Suparmono, Visitador de Indonesia, se centró en la formación permanente a nivel provincial, como un proceso largo y paciente que llevan a cabo en su Provincia y la manera de realizarlo con ilusión no exenta de dificultades. Finalmente, el P. Robert Petkovsek, de Slovenia, tuvo una intervención profesoral sobre la formación individual, o mejor, la autoformación permanente. Fue una intervención densa, navegando entre la teología, la filosofía, la espiritualidad y la psicología. Si hubiera tenido más tiempo, le habría quedado bordada.

Con el trabajo en grupos de los asambleístas, durante tres cuartos de hora, sobre tres preguntas en torno a la formación, y el diálogo más bien escaso y flojo en la sala, terminó este día de un mes de julio que, de nuevo, amenaza con calor agobiante.

... Y MAÑANA, PEREGRINACIÓN INTERIOR
O dicho en román paladino, retiro de oración, reflexión y discernimiento. Porque los asambleístas se van a preparar, mañana día 7, para las próximas elecciones de Superior General, Vicario General y Asistentes Generales. Y lo van a hacer como Dios manda: con un día completo de retiro. Lo dará el P. Javier Álvarez, de la Provincia de Madrid y Director General de las Hijas de la Caridad, y versará sobre “La autoridad en la Congregación”.

Le anuncio, paciente lector, que mañana no habrá crónica. Los asambleístas se retiran a su castillo interior. Y este cronista, a sus asuntos.

CELESTINO FERNÁNDEZ

 

Día 9º

8 de julio de 2010

EL P. GREGORY G. GAY,
REELEGIDO SUPERIOR GENERAL
DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

Eran las 10, 45 de la mañana del 8 de julio del año de gracia de 2010, cuando explotó en la sala de plenos un aplauso más fuerte y más prolongado de que costumbre. Toda la sala, puesta en pie, ovacionaba con calor al P. Gregory G. Gay reelegido Superior General de la Congregación de la Misión y de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Esta es la gran noticia del día. Y esta es la crónica más sencilla y fácil de escribir. Porque todas las demás actividades de esta jornada -que las hubo- quedan totalmente oscurecidas por la elección del Superior General.

UNA ELECCIÓN SENCILLA Y NORMAL

Si usted, expectante lector, no ha asistido nunca a la elección de un Superior General, tal vez se haga una película llena de solemnidades o de ritos enigmáticos. Bueno, pues le diré que es algo normal, sencillo, transparente, sin aditivos ni colorantes extraños. Déjeme que se lo cuente como en una especie de fotogramas, después usted mismo une los fotogramas y obtiene una película muy distinta de la que se imaginaba en su cabeza.

La sesión comenzaba con algo tan lógico para una comunidad creyente como es la invocación al Espíritu Santo con el canto gregoriano, naturalmente en latín, del “Veni Creator Spiritus”. El moderador, P. Gabriel Naranjo ambientaba el acto con una reflexión evangélica y vicenciana en torno a lo que iba a hacer, en ese preciso momento, esta Asamblea General.

Para no dejar ningún cabo suelto, el moderador recordaba el Directorio en los apartados que trata de la elección del Superior General, contaba los electores presentes en la sala -ciento catorce-, refrescaba la memoria de los presentes acerca del número de votaciones y de los votos necesarios, se repartían las papeletas, cada asambleísta escribía un nombre, se recogían las papeletas y un escrutador iba leyendo el nombre escrito en cada papeleta. Imagínese, atento lector, este nada complicado mecanismo electoral durante tres veces, o para decirlo más técnicamente, durante tres escrutinios, y tendrá en su cabeza todo el proceso seguido para la elección del Superior General.

“¿ACEPTA USTED LA REELECCIÓN?”

Para completar la película, le contaré lo más sustancial e importante. En el tercer escrutinio, el P. Gregory G. Gay obtuvo el respaldo necesario de los asambleístas. Y como es de obligado cumplimiento, el moderador le hizo la pregunta clave: “¿Acepta usted la reelección como Superior General de la Congregación de la Misión?”, y el reelegido pronunció un rotundo “Yes”. Los aplausos de toda la Asamblea pusieron la música alegre y sonora a esa afirmación del reelegido Superior General.Como es habitual y natural en estos casos, todos los presentes fueron pasando, uno por uno, a dar el abrazo de fraternidad al sucesor de San Vicente de Paúl. Incluso la Superiora General de las Hijas de la Caridad y su Consejo también participaron en este gesto de cercanía.

DESDE EL CORAZÓN

De ahí salieron las palabras que el P. Gregory G. Gay dirigió a la Asamblea. No llevaba ningún discurso preparado ni improvisó ninguna disquisición académica. Simplemente, apeló al corazón y con toda sencillez vino a decir: “Amo a la Congregación de la Misión. Amo a la Familia Vicenciana. Amo a los pobres. La elección es trabajo del Espíritu Santo. Prometo llevar a cabo, en estos años, lo que dice la Asamblea. Prometo fidelidad al carisma. Gracias por vuestro cariño”.

Y LA ASAMBLEA SIGUIÓ CON SU TRABAJO

Un buen amigo me preguntaba por teléfono: “¿Toda la jornada de ayer se redujo a la elección del Superior General?”. Mi amigo no ha estado nunca en una Asamblea General. Por eso, no sabe que la Asamblea siguió con su trabajo. Un trabajo bastante pesado, tedioso, cansino, repetitivo, espeso. La razón es muy simple: se había quedado suelto un estatuto y había que volverlo al redil. El cronista se aburrió hasta la saciedad y el estatuto fue repasado, discutido, analizado, visto desde todos los ángulos, votado párrafo por párrafo... Da la impresión de que, a veces, los asambleístas se imponen grandes penitencias. Todo sea por el bien de la Asamblea.

También, hubo reuniones por grupos continentales para buscar criterios para la elección del Vicario General y proponer nombres para ese servicio. Pero esto se verá reflejado, mañana, en la elección correspondiente.

EN PRIMERA PERSONA CON EL P. GREGORY G. GAY

Unas horas después de su reelección, este cronista le pidió al P. Gregory G. Gay una pequeña entrevista para estas crónicas. Y el P. Gregory no dudo un solo instante en concedérmela. Todos conocemos al P. Gregory, pero es bueno que él también exprese sus sentimientos y sus pensamientos para todos los lectores de este doméstico medio de comunicación.

- ¿Le ha sorprendido la reelección?
-- No. Porque he tratado de actuar de forma muy clara, muy sencilla en lo que ha sido mi experiencia de estos seis años, y  he dado a los cohermanos la oportunidad de ver si quieren caminar por esta línea o no. Después de haber escuchado los diferentes diálogos en la sala, veo que  las cosas que yo considero importantes siguen siendo cosas importantes para los cohermanos. Referente al futuro de la Congregación, no voy a mencionar las cosas porque se puede leer en mi informe al principio de la Asamblea.

- ¿Cómo se encuentra en estos momentos?
-- En estos momentos me encuentro bien, como ya expresé a todos. El sentimiento no es el mismo que yo tenía hace seis años, porque, hace seis años, yo no sabía lo que significaba ser Superior General. Ahora sé que es un trabajo enorme, que exige mucha energía, pero estoy dispuesto a continuar con mi idea de hacer un plan de pgneralredistribución del trabajo dentro del Consejo y la Curia y, al mismo tiempo, lo que ya dije después de la elección, en cuanto a lo que es una constante en mí desde hace seis años y que no ha cambiado. Me refiero a mis sentimientos: mi amor por la Congregación, mi amor a la Familia Vicenciana y mi amor a los pobres. Esto no cambia y por ello me siento animado a seguir en esta línea.

- Comienza una nueva etapa. ¿Con qué ánimo?
-- Con un ánimo bueno. Lo que para mi será muy importante es que la Asamblea General escoja, para el Superior General, un buen equipo de trabajo con el que podamos trabajar juntos, distribuyendo el trabajo tal como es necesario, para el bien de la Congregación y las otras responsabilidades que todos tenemos en relación a la Familia Vicenciana.

- ¿Le han proporcionado muchos disgustos estos seis años pasados?
-- Yo creo que es normal dentro del contexto de una responsabilidad grande, como es el ser Superior General, el experimentar disgustos. Tal vez una de las cosas que me disgusta más es cuando observo ausencia del celo que se debe tener como vicenciano. Me disgusta, sobre todo, cuando veo  que no somos como San Vicente quería, con esa virtud que él más quería; me estoy refiriendo a  cuando  no somos sencillos, cuando no somos transparentes en lo que queremos decir y faltamos a la caridad al no decir directamente a la persona lo que uno piensa. Muchas veces, hablamos fuera de lo que sentimos y no lo hacemos directamente con la persona. Yo lo he experimentado y siento que es lo que más me disgusta: cuando no hablamos directamente con el interesado, tal vez por miedo de que no lo va aceptar o algo así. La falta de sencillez me disgusta mucho.

- ¿Y alegrías?
-- Muchas alegrías. Tal vez la oportunidad de experimentar, como dije en mi informe, el carisma  vivo en diferentes lugares, sea en la Congregación, en las Hijas de la Caridad o en otras ramas de la Familia Vicenciana, sobre todo cuando trabajan juntos con mucho entusiasmo. Por ejemplo, sentí una gran alegría cuando España celebró el Congreso de la Familia Vicenciana; el nivel de entusiasmo y el deseo de encaminar la Familia Vicenciana era muy real. Otro motivo de gran alegría es cuando, yendo de un país a otro, experimento este mismo entusiasmo, muchas veces en situaciones muy difíciles.

- ¿Cómo ve la Congregación en estos momentos?
-- Tengo mucho optimismo y mucha esperanza. Hemos escuchado una intervención aquí, en la Asamblea, que yo escuché también en 2004, creo que fue la misma persona. Me refiero a que estamos disminuyendo en número. Esto es solamente una parte de la Congregación. Lo interesante para mi es la parte de la Congregación donde el Superior General y los Asistentes hemos visto cómo la Congregación está joven, donde la Congregación está creciendo, y poner nuestra mirada hacia allá. Debemos asegurar un buen liderazgo, buenos líderes para estos lugares. No se trata de decir que no pongamos interés en las otras partes del mundo, sino que debemos reenfocar energías que, tal vez, hemos puesto en una parte del mundo y dirigirlas hacia esta otra parte donde estamos en crecimiento.

-Y a los pesimistas, ¿qué les dice?
-- Yo creo que tal vez una de las dificultades es que, cuando no tenemos una experiencia suficientemente internacional, caemos en actitudes pesimistas porque vemos solamente nuestra propia realidad y, si esta propia realidad no anda bien, si estamos perdiendo el espíritu o estamos disminuyendo en número, podemos estar más preocupados por el mantenimiento, en vez de impulsar una creatividad que nos haga ir hacia delante. También puede ocurrir esto cuando tenemos dificultades con cohermanos jóvenes, que viven a su manera, de forma un poco independiente... Yo digo que es mejor que abramos horizontes a la Congregación internacionalmente, y ello puede tener un efecto positivo para reanimar la propia realidad. Yo he oído a Sor Evelyne Franc hablar en el sentido de que todos somos parte de una cosa entera, en nuestro caso la Congregación de la Misión, y de que debemos sentirnos orgullosos donde el carisma está fuerte y con efectos positivos, sobre todo, en el servicio a los pobres y en la evangelización. Esto puede ser una forma de ayudarnos a la conversión, a la renovación en los lugares donde somos débiles y en los que, tal vez, hemos disminuido un poco.

- ¿Qué espera de esta Asamblea?
-- Espero de esta Asamblea primeramente que continuemos con un proceso de diálogo. Veo, pues está muy claro, que hay diferentes mentalidades en cuanto a lo que es una Asamblea. Hay dos diferentes grupos aquí: unos con la idea de una Asamblea más en la línea de lo legal y el buen orden y temas como Estatutos, Postulados... y todos los argumentos para su aprobación o no. Otra actitud que siento y que es más relevante ahora, es la de una Asamblea que quiere ser más dialogal y donde hablamos de los asuntos que más nos importan, por ejemplo ¿qué nos dicen los pobres? Y por ahí es por donde debemos ir en los próximos seis años. Tuvimos que cancelar una parte de la Asamblea, que para mí iba a ser muy interesante: eran diferentes talleres sobre temas importantes, sobre situaciones actuales y de interés para la Congregación en diferentes partes del mundo. Voy a recomendar que esto sea tratado en la reunión de los nuevos Visitadores y también en el Encuentro de Visitadores dentro de tres años,  temas de importancia como los abusos sexuales, la cuestión del envejecimiento de los cohermanos y de las Provincias... Qué hacer para confrontar eso, qué hacemos con las grandes propiedades, con  el tema de los bienes, cómo podemos ir manejándolos de una manera más justa... Todavía nos queda el hablar de un asunto que va a ser difícil pero me importa escuchar el diálogo para sacar unas orientaciones, y es la cuestión de la reconfiguración y la mayor colaboración que debe existir a nivel interprovincial. También debemos meternos a fondo en otros Estatutos en los que, a mi entender, hay cosas interesantes sobre las que los cohermanos se deben expresar. Lo que me fastidia es cuando comenzamos a pelear “por palabras” y nos olvidamos que lo interesante es el tema. Hoy he aprendido mucho y me ha gustado percibir que a unas personas les gustan las cosas hechas según la ley y otras prefieren que seamos un poco más flexibles con la ley, y luego dejemos más espacio al espíritu para que nos guíe por dónde debemos caminar.

-La Asamblea se prepara ahora para elegir al Vicario General y a los Asistentes Generales. Expóngame sus criterios sobre este asunto.
-- Una cosa muy importante es escoger un buen equipo, un buen Consejo General, para llevar adelante el trabajo que la Asamblea General nos propone para los próximos seis años. Para ello tengo varios criterios: que pongamos atención a lo que dicen las Constituciones referente a que un Asistente General: es para “asistir” al Superior General en la línea de cumplir lo que pide la Asamblea General y que trabajemos juntos. Aunque estamos disminuyendo en algunas partes, estamos aumentando en otros lugares, y tenemos que asegurar que escojamos líderes que comprendan esta situación y que puedan ayudar, teniendo en cuenta esta realidad de crecimiento de la Congregación. También necesito Consejeros que no tengan miedo al trabajo. Ya he hablado de hacer una redistribución del trabajo dentro de la Curia, dentro del Consejo, pues está demasiado centralizado en el Superior General. Esto exige que la persona tenga salud, buena salud. No es que tenga que ser joven, pero tiene que ser un trabajador constante. Es también muy importante que sea una persona que, obviamente, ama a Dios, ama a la Comunidad y que ama también a los pobres, y que va manifestando esto con sus disposiciones cuando, por ejemplo, está en la Curia, cuando está de viaje, que reza con la Comunidad, que participa en las actividades comunitarias y que muestra una cercanía y una sensibilidad hacia los pobres. Y, finalmente, que sea un hombre vicenciano que manifieste las virtudes características, sobre todo, la sencillez.

-¿Cuál ha sido su primer pensamiento cuando la Asamblea le ha mostrado su cariño con un sonoro aplauso?
-- Algo que yo traté de repetir entonces, y fue: gracias por su amor, por su apoyo; siento que una gran cantidad de cohermanos me respetan, me quieren, están dispuestos a apoyarme. Eso me hizo sentir bien y me dio ánimos para continuar.

Y el P. Gregory se despide del cronista con la misma sonrisa con la que le recibió. Y el cronista le da la enhorabuena, le desea lo mejor, le da las gracias y piensa que está ante una buena persona, un cristiano cabal y un vicenciano convencido y convincente.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 10º

9 de julio de 2010

 

“Con humildad, acepto la misión que la Asamblea me ha concedido”. Y los prolongados aplausos de todos los presentes en la sala rubricaron la sincera confesión del hombre que, momentos antes, había obtenido la confianza mayoritaria de la Asamblea. Se llama Javier Álvarez Munguía. Y alrededor de las 10, 45 de la mañana de este día 9 de julio, ha sido elegido como nuevo y flamante Vicario General de la Congregación de la Misión.

Lo mismo que ayer la gran noticia de la Asamblea General era la reelección del Superior General, también la gran noticia de hoy ha sido la elección del Vicario General. Pero no ha sido lo único noticiable, aunque sí lo más noticiable. Los asambleístas, una vez cumplida esta importante tarea, han proseguido su andadura laboral, según el programa previsto. Y en la sesión de hoy han vuelto a mezclarse exposiciones en forma de “mesa redonda”, diálogos, trabajo en grupos, presentaciones, discusiones civilizadas, reflexiones... O sea, todos los ingredientes de esta clase de magnas reuniones.

Y, como siempre, algún asambleísta me decía que esas sesiones eran muy monótonas y repetitivas. Pero, como he dicho más de una vez, es difícil encontrar formatos más ágiles y divertidos para una Asamblea. Los temas que hay que tratar son muchos y variados. Y los asambleístas deben armarse de grandes dosis de paciencia y templanza, virtudes muy recomendadas por los grandes maestros de la vida espiritual y temporal.

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

Eso dice el sabio y castizo refranero español. Y así fue en esta ocasión. Porque, al tercer escrutinio, salió el nuevo Vicario General. Si usted, asiduo lector, quisiera narrar para la Historia de la Congregación esta elección, yo le brindo un esquema rápido, telegráfico y propio de una agencia periodística. Podría ser éste:

Estando reunida en París la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión, siendo moderador el P. Dennis H. Holtschneider, después de recordar el número 118 del Directorio, oídas las palabras del Superior General expresando sus criterios acerca del perfil del Vicario General y de los Asistentes Generales, contados los 112 votantes presentes, se procedió a la votación por tres veces consecutivas y salió elegido el P. Javier Álvarez Munguía. El electo aceptó, la sala aplaudió, muchos le dieron una afectuoso abrazo, las consabidas máquinas digitales de hacer fotos aparecieron por todas las latitudes, y los asambleístas sonrieron por el trabajo bien hecho.

Y como colofón hermoso, no estaría nada mal que usted añadiera las breves y sentidas palabras que el nuevo Vicario General pronunció en el momento de su disponible aceptación: “Gracias por la confianza. He pedido al Señor que no llegara este momento. Pero ha llegado. Con humildad, acepto la misión que la Asamblea me ha concedido”.

vicgenEL P. JAVIER ÁLVAREZ EN PRIMERA PERSONA

Al terminar la sesión electoral, este cronista, buen amigo del P. Javier, le pidió que, con brevedad, le respondiera a dos cuestiones: que me contase algo de su vida, sobre todo para los lectores que no le conocen mucho, y que me expresara sus sentimientos en esta ocasión especial. Y él lo hizo con gusto y de esta manera:

“Procedo de la región castellana del centro de España. Fui ordenado en 1982 por el Papa Juan Pablo II. Uno de los ministerios que he desarrollado con más gusto ha sido la formación de los nuestros, durante los quince primeros años de mi vida ministerial. Las Hijas de la Caridad ha sido el otro ministerio que ha ocupado mi atención, mi dedicación y mi entrega. Primero, como Director de la Provincia de “Santa Luisa” (Madrid) y, más tarde, como Director General. Sufro y me preocupa mucho la situación de pobreza en la que vive tanta gente en el mundo. Me interroga mucho la increencia y la pérdida de valores humanos y cristianos de nuestras sociedades desarrolladas. Desde estos dos supuestos, no se puede discutir la actualidad de nuestro carisma vicenciano”.

“En estos momentos, coexisten dentro de mí dos sentimientos. Por una parte, siento una gran pena por dejar el servicio que he desarrollado hasta ahora, como Director General de las Hijas de la Caridad, en el que me encontraba muy centrado y muy ilusionado. Nunca agradeceré bastante a las Hermanas la buena acogida y el ánimo que siempre me han dispensado. El otro sentimiento es de esperanza. Cuando miro mi nueva misión, me siento igualmente ilusionado y animado. Estoy decidido a dar lo mejor de mí mismo y a entregarme totalmente al trabajo que me ha pedido la Asamblea. Creo que me va a servir mucho la experiencia de la internacionalidad que he adquirido durante los seis años trascurridos en París, gracias a las Hijas de la Caridad, a las que amo y admiro profundamente”.

UNA PALABRA MÁGICA: RECONFIGURACIÓN
Y en estas andaba la Asamblea, cuando entró en la sala una palabra o expresión entre mágica y misteriosa. Me refiero a la palabra y al tema de la “reconfiguración”. Lo hizo en forma de “mesa redonda”. Y formaron parte de ella, el Visitador de París, P. Elie Delplace, el Visitador de Toulouse, P. Jean-Ives Leboeuf, el Visitador de USA-Western, P. Henry F. Perry, y el P. José María Nieto.

Los tres Visitadores fueron exponiendo su experiencia de “reconfiguración”, como algo vivido por ellos con intensidad. Pertenecen a unas Provincias que son fruto de la ”reconfiguración”, y nadie mejor que ellos para ilustrar a los asambleístas con los logros y dificultades de ese proceso especial. Todos ellos, sin obviar los problemas, dieron un testimonio positivo. Dejaron claro que, en su balanza, pesaban más los gozos que las sombras, después de un proceso largo de discernimiento, de reflexión y de creatividad.
El P. José María Nieto hizo una amplia y muy bien elaborada reflexión sobre el tema, partiendo de que es la primera vez que se trata este tema en una Asamblea General. Se refirió a la reconfiguración como una transformación profunda, un cambio sistémico que afecta a muchas instancias de la Congregación, un cambio que aterriza en algo nuevo. Recordó algo bastante lógico: que la reconfiguración no es una mera colaboración interprovincial, y que trae gozos, pero también dolores, como todo nacimiento.

Evidentemente, los asambleístas preguntaron, dialogaron y discursearon. Al cronista le dio la impresión de una pequeña babel, donde cada uno entendía la dichosa palabra de diversas maneras, formas y aplicaciones. Tal vez, esté ahí la clave.

OTRA CUESTIÓN DE TÉRMINOS
Pero no acababa ahí la “cuestión de términos”. Y es que también subieron a la palestra los “sufridos sintetizadores”. Ya he hecho referencia, alguna vez, a esta Comisión de síntesis. Hoy volvieron a presentar su trabajo. Y en la sala volvió a aparecer el axioma latino de “tantas sentencias como cabezas”. Cada asambleísta entiende eso de la “síntesis” según sus entendederas. Los de la Comisión miran a un lado y a otro y no encuentran un mínimo consenso en el significado de este término. Y este cronista tiene la impresión de que la “cuestión de términos” seguirá por los siglos de los siglos.

Mañana es sábado. Y si alguno pensaba que los asambleístas no iban a trabajar durante ese día bíblico, se equivoca. Los asambleístas son trabajadores y estarán en la sala dando ejemplo de laboriosidad.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 11º

10 de julio de 2010 

Paso a paso, la Asamblea ha culminado su carrera de dos semanas. Casi sin darse cuenta, los asambleístas van coronando la cima de sus trabajos y sus días. Hoy mismo, han concluido uno de los trabajos prioritarios: la elección completa del nuevo Gobierno General de la Congregación de la Misión. Recuerde el atento lector que las “tareas electorales” comenzaron el pasado jueves día 8, que primero fue reelegido el Superior General, que después le tocó el turno al nuevo Vicario General, y que, en el programa de este sábado asfixiantemente caluroso, se anunciaba la elección de los cuatro Asistentes Generales. Y hoy los asambleístas han cumplido su objetivo después de tres horas y cuarto, con seis votaciones más ágiles de lo que todo el mundo pensaba, con un ambiente distendido y con algunas dosis de humor.

CUATRO HOMBRES Y UN DESTINO

Cuando el moderador, el P. Jean Landousies, empezaba a invocar los número 44, 45 y 46 del Directorio para recordar la metodología y el proceso electoral, los asambleístas ya estaban con ganas de recibir las papeletas y de escribir su candidato en ellas. Y ése es el resumen de esta sabatina jornada mañanera: votar, votar y votar, con alguna que otra pausa en mitad de la serie de votaciones.

consejo

El resultado ha sido que, desde hoy, los Padres Eli Chaves dos Santos, Zeracristos Yosief, Varghese Thottamkara y Stanislav Zonták forman, junto al Superior General y al Vicario General, el equipo encargado de dirigir los pasos de la Congregación de la Misión durante los seis años venideros. Son cuatro hombres para un mismo destino. El cronista no les conoce demasiado, pero por lo visto y oído puede certificar que son buenas personas, buenos vicencianos y con suficiente valía y competencia para estos especiales y específicos menesteres.

Tienen una procedencia brasileña, eritrea, hindú y eslovaca, pero es previsible su conjunción, su ilusión y su ánimo esperanzado. Los cuatro apuestan por una Congregación universal, fiel a sus raíces y atenta al mundo globalizado de hoy.
SU TARJETA DE PRESENTACIÓN
Ya decía la teología escolástica que nada se ama si no se conoce. Por eso, este cronista les ha cedido la palabra a los cuatro elegidos, para que ellos mismos se presenten. Haciendo una salvedad. Como el primer Asistente General elegido, el P. Eli Chaves dos Santos, no estaba ni en la Asamblea ni en la sala, sino en sus trabajos evangelizadores por tierras de Mozambique, su presentación la hace el Visitador de Río de Janeiro, P. Agnaldo de Paula.

-- P. Eli Chaves dos Santos: “Nació en el Estado de Minas Gerais (Brasil), hace 57 años. Entró en el Seminario Interno de la Congregación de la Misión en el año 1972, en la ciudad de Aparecida, Estado de Sao Paulo. Emitió sus votos en 1977 en la ciudad de Petrópolis. Fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1979 en su tierra natal. Está especializado en Teología dogmática. Sus ministerios han sido varios y variados: formador del Seminario menor, formador de estudiantes de filosofía, director del Seminario interno, vicario parroquial, párroco, Consejero provincial durante dos mandatos, Visitador durante tres mandatos, Coordinador nacional de la Familia vicenciana, Asesor espiritual de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Y actualmente está en Mozambique como misionero y como Director Provincial de las Hijas de la Caridad”.

-- P. Zeracristos Yosief: “Nací en Hebo, Segheneiti (Eritrea), el 29 de enero de 1961. Fui a la escuela primaria y a la escuela superior en Hebo, una escuela dirigida por los Padres Paúles. Entré en el Seminario Interno en 1983 y fui a Nápoles para los estudios de filosofía y teología. Hay que recordar que, hasta 1992, éramos una Región de la Provincia de Nápoles. Fui ordenado sacerdote el 4 de agosto de 1991 en Hebo. Después de mi ordenación, fui a Roma para ampliar estudios. Obtuve la licenciatura en Teología sistemática en la Gregoriana, en 1993. Después de una corta estancia en Estados Unidos, volví a casa. Mi primer destino fue como miembro del equipo de Misiones Populares. Después fui director del Seminario interno en Hebo, director de estudiantes de filosofía y teología, y allí permanecí hasta mi nombramiento como Vice-Provincial. Nuestra Vice-Provincia fue declarada Provincia el 27 de noviembre de 2006, y continué como Visitador hasta el 18 de mayo de 2010. Esto es todo lo que tengo que decir”.

-- P. Varghese Thottamkara: “Nací el 23 de mayo de 1960 en Cheranalloor, una pequeña aldea católica, en Kerala (India). Después de terminar los estudios de secundaria, entré en el Seminario menor de la Congregación de la Misión en julio de 1976. Fui admitido en el Seminario Interno el 11 de mayo de 1982 en Gopalpur, Orissa. La incorporación definitiva fue el 10 de mayo de 1986, y fui ordenado sacerdote el 6 de enero de 1987. Mi primer ministerio fue en Orissa, con la juventud. En 1990 fui enviado a Etiopía para ayudar en la formación de los estudiantes vicencianos. De 1995 a 1997, me especialicé en Teología moral en Roma. De vuelta a Etiopía, continué enseñando Teología moral y fui director del Seminario mayor vicenciano en Addis Ababa. También fui Consejero provincial en Etiopía. Al volver a la India, en 2002, trabajé en la formación de los seminaristas mayores. En 2004 fui elegido Consejero provincial y Asistente provincial. Mientras tanto, en 2005, fui nombrado por el Superior General,  Procurador General ante la Santa Sede. En el año 2006 fui elegido Visitador de la Provincia de India Sur, ministerio que he ocupado hasta ahora. Quiero trabajar en unión y colaboración con el Superior General y con los otros miembros de la Curia. Espero crecer más en el amor a los pobres y en la vivencia de las virtudes vicencianas”.

-- P. Stanislav Zonták: “Nací el 25 de septiembre de 1961 en Brezovicka, al norte de Eslovaquia. Ocupo el quinto lugar entre mis hermanos. Cursé mis estudios de primaria y de secundaria en Lipany. Entré en la Congregación de la Misión el 27 de septiembre de 1981. Hice el Seminario Interno y los estudios de filosofía y teología en Bratislava, y fui ordenado sacerdote el 15 de junio de 1986. Trabajé durante dos años como vicario (1988-1990), y después otros dos como párroco en la misma parroquia (1988-1990). En 1990 comencé la misión en Ucrania (en ese tiempo aún formaba parte de la Unión Soviética). En los años 1993-1994 me ocupé de la formación de los nuestros, como director espiritual del Seminario Interno en Kosice (Eslovaquia). Posteriormente (años 1994-1996), seguí mis estudios superiores en Roma, en la Universidad Pontificia de Espiritualidad (Teresianum), donde obtuve la licenciatura en Espiritualidad. Desde 1996 hasta 2002, trabajé en la formación de los nuestros, como director del Seminario mayor en Bijacovce (Eslovaquia) y, al mismo tiempo, fui profesor en el Instituto Teológico de Bratislava, donde enseñé Teología moral y Psicología pastoral (1997-2004). Durante ese tiempo, continué mis estudios hasta alcanzar el Doctorado en Teología moral por la Universidad de Komensky, en Brastislava. También he sido Visitador de la Provincia de Eslovaquia (2002-2008), Presidente de la Conferencia de Superiores Mayores de Eslovaquia (2002-2006), Vice-presidente de la CEVIM (2005-2008). En 2008 fui nombrado Director provincial de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Eslovaquia, y en 2009, el Superior General me nombró Visitador de la Provincia del Congo”.

Y acabada la tarea mañanera y con la perspectiva del descanso dominical, los asambleístas y demás ayudadores fueron agasajados con una cena por las Hijas de la Caridad en la Casa Madre de la Rue du Bac. Aunque antes, rezaron devotamente la hora litúrgica de Vísperas en la Capilla de las Apariciones. Que no está reñido el rezo con el alimento.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 12º

12 de julio de 2010

El cielo de París ha sido benévolo y compasivo. Al amanecer de este lunes adormecido, nos ha regalado una tormenta con gran aparato eléctrico. Parece que el calor agobiante ha desaparecido por unas horas, pero es sólo un espejismo. España ha entrado, por fin, en el olimpo del fútbol, al conquistar, con tenacidad, maestría y humildad, el campeonato mundial de balompié. Y la Asamblea General se dispone a entrar en su recta final. Los asambleístas, como estudiantes aplicados, han vuelto al aula con la conciencia de que faltan cinco días para terminar el curso, es decir, para culminar la Asamblea. Y, por supuesto, están decididos a sacar una nota brillante o, por lo menos, bastante notable.

Por lo demás, la tarea de este lunes ha pivotado en torno a dos grandes bloques: una exposición de algunas Conferencias de Visitadores, y la presentación y votación de una larga serie de Estatutos. El lector asiduo se dará cuenta de que éste suele ser el telón de fondo de la Asamblea: la mezcla de lo dialogal y lo jurídico. Ha sido, casi siempre, la tónica de todas las Asambleas, y tal  vez los hados nos digan que tiene que ser así. Por otra parte, se da oportunidad para que cada asambleísta muestre públicamente su reconocida u oculta vocación de predicador, de polemista o de jurista. Naturalmente, a unos les gusta más una cosa y a otros, la contraria. Es como la vida misma. Porque una Asamblea es, de alguna manera, un reflejo de la vida.

UN VIAJE INTERCONTINENTAL
No se preocupe usted, lector inquieto. Los asambleístas no se han ido de viaje durante esta jornada. Han permanecido atados a sus escaños en la sala de plenos. El viaje al que me refiero es solamente virtual, como dirían los cibernéticos. Un viaje pilotado por unos guías expertos como son los Presidentes o responsables de las Conferencias de Visitadores.

Y así, durante la primera parte de esta mañana, se presentaron ante los asambleístas los Padres Mathew Kallammakal, Visitador de India Norte, Michael J. Carroll, Visitador de USA Este, y Daniel Vásquez, Visitador de Colombia. Los tres hablaron como Presidentes de sus respectivas Conferencias: APVC (Conferencia de Asia-Pacífico y Filipinas), NCV (Conferencia de Estados Unidos) y CLAPVI (Conferencia de América Latina y el Caribe).

Los tres fueron mostrando lo mejor de su paisaje y de su paisanaje. Y los tres hicieron hincapié en un catálogo de realidades conseguidas, de objetivos más o menos logrados, de retos encarados y de sueños y deseos esperanzadoramente planteados. En las tres intervenciones fueron saliendo, al unísono, expresiones como: renovación interior, formación inicial y permanente, colaboración interprovincial, relación con la Familia Vicenciana, cursos de formación especial y especializada, vivencia de la identidad y de la espiritualidad vicencianas, compromiso radical con los más pobres y excluidos, encuentros variados y periódicos, iniciativas de todo tipo para llevar a cabo la misión, creatividad para encontrar nuevos caminos y nuevos métodos evangelizadores, potenciación del ser y del quehacer misionero...
Este cronista no se resiste a subrayar una hermosa idea que el moderador, P. Gabriel Naranjo recogió al final de esta “mesa redonda”. Vino a decir que la realidad de estas Conferencias de Visitadores en la Congregación de la Misión es un fruto del Concilio Vaticano II. Porque recogen, de alguna manera, la eclesiología conciliar: un concepto de Iglesia más participativo y comunitario.

ENCIENDAN LA MÁQUINA Y VOTEN
Ha sido la frase más repetida por el moderador. Este cronista comenzó, desde la segunda parte de la mañana hasta el final de toda la sesión de la tarde, a contar las veces que salía esta frase de la boca del P. Gabriel Naranjo. Pero, entre idas y venidas, fue perdiendo el hilo, se despistó y no terminó de contar. Sin embargo, puede dar fe de que este artilugio, que los primeros días de la Asamblea se negaba a funcionar adecuadamente, hoy ha funcionado con bastante precisión y ha sido el protagonista de la jornada.

Y es que han vuelto a aparecer los Estatutos. Unos señores antipáticos para algunos asambleístas y bastante simpáticos para otros. Todavía quedaba sin presentar una lista grande de Estatutos, y hoy el Presidente de la Comisión, el P. Alberto Vernaschi, con una paciencia de senador romano, los ha hecho desfilar por la pasarela asamblearia. Han desfilado uno por uno, número por número, párrafo por párrafo, apartado por apartado. Algunos han aparecido adornados con algunos aderezos mayores que la Comisión ha incorporado a petición y propuesta de los asambleístas, como está prescrito por el Directorio. Otros han sufrido solamente ciertos retoques verbales que no cambian su contenido sustancial.

Lógicamente, esta larga sesión se ha caracterizado por las intervenciones constantes de los asambleístas en forma de preguntas, aclaraciones, modos, algún que otro discurso enfervorizado, cuestiones terminológicas, enmiendas parciales o totales, consideraciones jurídicas y pastorales, acuerdos y desacuerdos, traducciones no coincidentes en una o en otra lengua... Eso sí, todo ello con el debido orden y con una exquisita educación.

Y, a cada intervalo de tiempo, sonaba la voz del moderador: “Enciendan la máquina y voten”. Y los asambleístas daban su aceptación o su desacuerdo con la dichosa máquina. A decir verdad, la máquina casi siempre se apuntaba al botón de la aceptación. En la jornada de mañana, seguirán presentes en la sala los Estatutos restantes. Y seguirá también la voz del moderador llamando al uso de la máquina.

La jornada de hoy también ha discurrido festivamente fuera de la sala. Los asambleístas y ayudadores españoles han compartido la victoria futbolística con todos los asambleístas y con todos los miembros de la comunidad de la Casa Madre. Y lo han hecho con un detalle alimenticio. Lo mismo que los dos cohermanos holandeses. Porque el fútbol no es solamente cuestión de goles, sino escuela de fraternidad y de amistad.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 13º

13 de julio de 2010

Bueno, pues resulta que hoy es martes y trece. Y en algunas culturas -en otras, es el viernes y trece-, este guarismo es señal de mala suerte o de peligro inminente de que algo no va a ir bien. Evidentemente, usted me dirá, irónico lector, que eso es una leyenda irrisoria y sin fundamento o una superstición propia de personas incultas. Pero, a veces, funciona. Y la prueba está en la jornada asamblearia de este martes. Da la impresión de que una legión de hadas enredadoras se colaron, a media mañana, por las rendijas de la sala.

Quiero decir con esto que tenía que llegar el día temido, y llegó. En toda Asamblea suele haber un día gris, aburrido, lleno de repeticiones, con poca brillantez, con la sensación de que el tren se atasca y es incapaz de avanzar unos cuantos kilómetros con ritmo normal. Me decía un asambleísta que la casi totalidad de la jornada de hoy se puede comparar a un caminante tratando de luchar denodadamente contra la niebla de las palabras y el viento de las dubitaciones. Tal vez, esto les resulte exagerado a los veteranos en estas lides, pero los más novatos suelen sorprenderse mucho con sesiones como la de hoy.

Y usted me preguntará cuál ha sido la razón. Yo sólo le adelanto que hay una palabra que siempre asusta en todas las Asambleas. Ya salió en la crónica anterior y ha vuelto a salir en la sesión de hoy: los Estatutos. No es que este cronista tenga manía a ese bendito vocablo, pero casi siempre suele ser piedra de tropiezo en las Asambleas.

DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD

Sin embargo, la mañana comenzó bien. Y el trabajo sorprendió gratamente a los asambleístas. Se trataba de recordar y revivir todos los videos que, a lo largo de las jornadas asamblearias, han sido proyectados en la pantalla grande. Videos que genéricamente se titulan: “El grito de los pobres”. Videos que han ido describiendo, con crudeza y realismo, el mundo terrible y olvidado de los que son arrojados a los márgenes de la historia. Videos que han intentado enseñar, sin espiritualismos desencarnados, el oscuro reverso de la vida.

Para que se haga una idea, le recuerdo al lector algunos temas de estos videos: mujer pisoteada, prostitución, inmigración, alcoholismo, leprosos, habitantes de la calle, drogadictos, víctimas de la guerra, enfermos pobres y sin recursos sociales, enfermos de Sida, jóvenes de familias desestructuradas, indigentes...

Si algún asambleísta pensaba que estos retratos de la pobreza y de la marginación servían solamente para empezar distendidamente las sesiones y para ver un poco de cine doméstico, hoy habrá descubierto su verdadero objetivo: escuchar con el corazón el incesante grito de los pobres, meterlo dentro de sus entrañas y dejarse zarandear por él. Tarea nada fácil en estos tiempos.

Y así, los asambleístas se han reunido por grupos, han comentado el impacto que les han producido esas imágenes, han pasado de la ficción a la realidad de “nuestros amos y señores”, y han sacado algunas conclusiones personales y congregacionales. Un trabajo sencillo que han ido exponiendo en la sala. Sería demasiado prolijo transcribir lo que los grupos han ido manifestando. Han sido frases breves, pero sinceras: desde una llamada a la sensibilidad hasta una urgencia de cercanía a los pobres; desde una mirada de fe hasta una evangelización integral; desde un interrogante sobre nuestro modo de vida hasta un desafío a ser verdaderamente comprometidos en la transformación de este mundo; desde una creatividad liberadora hasta “correr a ayudar a los pobres como se corre para apagar el fuego”.

OTRA VEZ LOS ESTATUTOS

Ya anuncié, en la crónica anterior, que hoy volverían los Estatutos. Y si el lunes ocuparon casi toda la jornada, este martes también han vuelto a tomar posesión de la mayor parte del día. No crea usted, malpensado lector, que los asambleístas quieren sufrir una especie de tormento asambleario. Se trata, sencillamente, de que esta XLI Asamblea General tiene el encargo ineludible de revisar los Estatutos, y primero es la obligación que la devoción. Y ante la obligación, no queda otro remedio.

Si usted quiere saber cómo transcurrió la media sesión matutina y toda la sesión vespertina, no tiene nada más que releer la crónica anterior. En la jornada de hoy, se continuó presentando, estudiando, discutiendo, aclarando y votando una serie de Estatutos. Conservó su gran paciencia el Presidente de la Comisión, P. Alberto Vernaschi, y moderó con maestría y saber estar el P. Dennis H. Holtschneider.

Pero ha habido una diferencia: la Asamblea se ha atascado, sobre todo, en un Estatuto, y ahí ha estado la clave del citado “martes y trece”. Ha sido un Estatuto completamente nuevo: el referente a las Conferencias de Visitadores. Sólo le diré, querido lector, que este Estatuto, que contiene tres párrafos, ha estado paseándose por la sala durante casi tres interminables horas. Ahora se dará usted cuenta del cansancio, la perplejidad, las dudas, los sofocos y demás afecciones físicas y anímicas de los asambleístas. Entre los que querían que las Conferencias de Visitadores formasen parte del cuerpo legislativo de la Congregación, entre los que no querían, entre los que no sabían si querían o no querían, entre los que querían otro nombre para esta criatura todavía en proceso de crecimiento, entre los que se apuntaban al nombre actual, entre los que ponían un modo, entre los que entregaban una nueva redacción, entre los que añadían una expresión, entre los que dudaban de una palabra... Total, que el Estatuto se encontraba tan contento en la sala, a pesar del descontento de los asambleístas.

            Termino esta crónica advirtiendo al lector que todavía queda pendiente algún que otro Estatuto. Esperemos que la cansina sesión de hoy haya sido solamente el día especial y accidentado que toda Asamblea tiene que pasar necesariamente. Y como las cosas hay que verlas positivamente, es bueno pensar que estos días “especiales” son siempre muy atrayentes para el futuro historiador de las Asambleas Generales de la Congregación de la Misión.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 14º

14 de julio de 2010

Cuando comienzo a teclear esta crónica, se escucha desde mi habitación el estruendo largo y acompasado de los fuegos artificiales al lado de la Torre Eiffel. Toda Francia está de fiesta nacional, y en París se ha notado mucho más, desde la mañana, con el famoso y tradicional desfile militar por los Campos Elíseos. La toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, y el eco de tres palabras mágicas -libertad, igualdad y fraternidad- han quedado grabadas para siempre en el corazón de Francia. Tal vez, el cielo totalmente nublado y la tromba recalcitrante de agua caída sobre París, hayan restado vistosidad a los festejos.

Pero también los asambleístas han celebrado fiesta. Aunque una fiesta doméstica y peculiar: la de la Familia Vicenciana, como anunciaba el orden del día. Porque ya viene siendo costumbre y tradición, en las últimas Asambleas Generales, la presencia de los representantes de algunas ramas de este más que tricentenario árbol vicenciano. Y esta fiesta ha tenido de todo, como en las mejores familias. Tiempo de trabajo, tiempo de celebración, tiempo de comida y de comensalidad. Por eso, la jornada de hoy bien podría titularse: un día de familia.

TIEMPO DE TRABAJO

Ha sido la primera parte de esta fiesta familiar. Una parte que ha ocupado prácticamente toda la mañana. Allí, en la mesa presidencial, se han reunido tres personas: el P. Manuel Ginete, Delegado General para la Familia Vicenciana, Yasmine Cajuste, Presidenta Internacional de JMV, y Mark McGreevy, Director ejecutivo del grupo Depaul International. La cuarta persona, Eduardo Marques Almeida, representante de la Sociedad de San Vicente de Paúl, estaba en Haití y también en la sala. Pero no se asuste, sorprendido lector, no hay ningún milagro de bilocación. Se trata, sencillamente, de que esta cuarta persona habló a los asambleístas desde un video grabado para la ocasión.

Los cuatro han hablado de su experiencia vicenciana, de las tareas y actividades de su Asociación, de los compromisos y objetivos presentes y futuros, de sus sueños y esperanzas, de la unión con todas las ramas de la Familia Vicenciana, del papel que tiene la Congregación de la Misión en el acompañamiento y formación del laicado vicenciano, de la creatividad en la misión, de la opción radical por los pobres, de la atención especial a la pastoral juvenil, de lo que aportan y pueden aportar a la Congregación de la Misión, de la actualidad y significatividad de la espiritualidad vicenciana, del liderazgo, de lo que se lleva  acabo y de cómo se podría hacer mucho más por los pobres y empobrecidos, del carácter global del carisma vicenciano, de la vivencia del carisma vicenciano en el servicio a los pobres... Todo ello se podría resumir en una frase del P. Manuel Ginete: “Lo importante, para San Vicente, no estaba en quién hacía la obra, sino en que los pobres fueran atendidos”.

Tampoco han faltado los consejos y recomendaciones para la Congregación en general. Unos consejos dados con respeto y cariño, como se dan en todas las familias que se llevan bien, pero que podrían llevarse mucho mejor.

TIEMPO DE CELEBRACIÓN

Ha sido la segunda parte de esta fiesta. Y se ha llevado a cabo en la capilla de San Vicente de Paúl, en la Casa Madre de San Lázaro. Allí, a las cinco de la tarde, los asambleístas, los ayudadores, la Superiora General de las Hijas de la Caridad y su Consejo, varias Hijas de la Caridad y un buen ramillete representativo de algunas Asociaciones vicencianas, se han juntado para celebrar la unión y la fraternidad en la celebración por excelencia que es la Eucaristía. Con sencillez y como mandan los cánones litúrgicos, presidió la Eucaristía el Visitador de Toulouse, el P.Jean-Yves Leboeuf y se creó un ambiente de verdadera familia.

No faltó la sorpresa, al final de la celebración: la lectura de una carta del Papa Benedicto XVI dirigida al Superior General de la Congregación de la Misión y a la Superiora General de las Hijas de la Caridad. Una carta llena de ánimo para seguir trabajando por la evangelización y el servicio de los pobres. Una carta donde, a propósito del 350 aniversario de la muerte de San Vicente de Paúl y de Santa Luisa de Marillac, el Papa resalta la entrega y la creatividad de los Fundadores como signo creíble para los hombres y las mujeres de hoy.

TIEMPO DE COMENSALIDAD

Y la fiesta de la Familia Vicenciana ha terminado como se acostumbra en las familias bien avenidas. Algunos lo llamarán cena o comida; este cronista escoge otro nombre: comensalidad. Porque no se trataba solamente de comer, sino de encontrarse, de dialogar, de pasar un buen momento. Este cronista se acordó de aquello que San Vicente de Paúl dice en el capítulo VIII de las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión: “A la manera de amigos que se quieren bien”.

En definitiva, este 14 de julio ha sido un día distinto en la XLI Asamblea General de la Congregación. Los asambleístas ya otean el horizonte final. Pero todavía quedan dos jornadas, y todavía queda bastante materia de trabajo. Las prisas no son buenas consejeras. Por eso, los entendidos en el arte del peregrinaje suelen decir que hay que caminar sin prisa pero sin pausa.

CELESTINO FERNÁNDEZ

Día 15º

15 y 16 de julio de 2010 (Final de la Asamblea)

Pues sepa, paciente y comprensivo lector, que la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión ha terminado hoy, 16 de julio del año de gracia de 2010, a las 11, 20 horas oficialmente y a las 13, 15 horas litúrgicamente. Si usted mira el calendario, tome nota, por si fuera necesario, de que esta Asamblea General finaliza bajo los dadivosos y sobrenaturales auspicios de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de otros renombrados santos como Vitaliano, Sisenando, Fausto, Rainelda, Abundancia, Edit y Justiniano. Y no se olvide de que ésta es la última crónica, que suma el número quince desde que empezó esta magna reunión.

La Asamblea ha terminado como empezó: con un ambiente de fraternidad, de cordialidad y de verdadera convivencia. Este cronista, que no anda nada sobrado en el don de lenguas, puede asegurar que ni el idioma, ni la cultura, ni la  idiosincrasia, ni la ideología son obstáculos para la buena relación, el entendimiento y la unión. Es la prueba de que la Congregación es universal, ecuménica y familiar. Y es también el reflejo de que veinte días de convivencia fraterna hacen que nos demos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa, y que el idioma del corazón es más entrañable y auténtico que el lenguaje gramatical.

Mientras escribo, muchos asambleístas y colaboradores andan atareados en poner en orden sus maletas y en despedirse entre abrazos e intercambios de teléfonos y correos electrónicos. La Casa Madre de San Lázaro se queda un poco vacía y nostálgica. Y la ciudad de París también tiene un cierto tono de tristeza, a tenor de su cielo nublado.

UN CAMINO DE FIDELIDAD CREATIVA
Hacia la mitad de la Asamblea, muchos asambleístas se preguntaban si habría un Documento final, un mensaje o algo parecido, que plasmase de alguna forma lo hecho y dicho durante estos días. Primero, se habló de que sería suficiente con la síntesis hecha por la correspondiente Comisión, después empezó a rumorearse la posibilidad de un escrito oficial con carácter de Documento. Y en ésas estábamos, cuando en la mañana del pasado día 15 surgió lo esperado. El secretario de la Asamblea, el P. Corpus Delgado -trabajador incansable hasta la extenuación- presentó a los asambleístas un escrito de cuatro folios, gestado por la Comisión Central. Era la respuesta a esa inquietud asamblearia.

Se trata de un una especie de Documento sencillo y bien estructurado, que pretende ser cayado y brújula para el camino congregacional durante estos seis años venideros. No es ni un texto normativo ni un vademécum formativo. Es una propuesta para el camino. Recoge lo principal del llamado Documento de consulta previo, y lo que se ha ido proponiendo en esta Asamblea General.

Su contenido tiene tres apartados: los dos primeros como una reflexión de las vivencias y convencimientos de estos últimos seis años. Y el tercero como una especie de líneas de acción, para que la fidelidad creativa a la misión no se quede en los paisajes de la buena voluntad, sino que aterrice en la realidad tocante y sonante.
Como siempre ocurre, a unos asambleístas les pareció bien; a otros, no tan bien. Los de aquí opinaron que la criatura estaba bien, pero mal vestida; los de allá intentaron ponerla un vestido más reluciente y actual; los de acullá se contentaron con un pequeño maquillaje... Unos querían bautizar a la criatura; otros no sabían qué nombre ponerla; y no faltaron quienes eran indiferentes al nombre y a la misma criatura.

Por fin, en la breve y última sesión de la Asamblea, la de hoy mismo, la criatura documental fue presentada en sociedad, arreglada, bien vestida y lista para salir a la vida congregacional. No sé si por convencimiento o por las prisas de la inminente clausura asamblearia, la criatura fue aceptada y aplaudida. Y pudo presumir de tener un nombre sonoro: “Fidelidad creativa a la misión”.

LOS FECUNDOS SUDORES DE UNA COMISIÓN
Me refiero a la llamada Comisión de Síntesis. Y me refiero a sus tres componentes con cariño. Porque hoy han cosechado un pequeño triunfo y un reconocimiento a sus sudores. Han estado, durante toda la Asamblea, con preocupación y agobio intentando encontrar el camino adecuado para su trabajo. Han buscado, tanteado y discurrido para dar con la clave de algo nuevo y difícil. Y, por fin, parece que la Asamblea ha reconocido positivamente su esfuerzo. Al menos, el aplauso recibido, después de leer en la sala su escrito, así lo ha confirmado.

“OFICIALMENTE, DECLARO CLAUSURADA ESTA ASAMBLEA”
Con estas palabras y siguiendo el ritual establecido, el Superior General clausuraba la XLI Asamblea General de la Congregación de la Misión. Antes había pronunciado una breve alocución compuesta de agradecimientos. Como él mismo dijo, tal vez, sin querer, se podría quedar algún agradecimiento en el olvido. Pero este cronista atestigua que no hubo ningún olvido. Agradecimiento a Dios y a todos los que, de alguna forma han hecho posible esta Asamblea. Usted mismo, perseverante lector, puede hacer la larga lista, porque cuando el Superior General dijo “todos”, ciertamente citó a todos, hasta a los mismos asambleístas por su asistencia y participación.

Hay que subrayar el agradecimiento al anterior Vicario General, P. Józef Kapusciak, y a los anteriores Asistentes Generales, Padres José María Nieto, José Antonio Ubillús y Gerard Du Tran Cong. El abrazo del Superior General a cada uno de ellos y el aplauso larguísimo de la sala fueron la mejor prueba de gratitud.

CODA FINAL
Este cronista termina aquí su modesta labor. Estas crónicas nacieron con vocación de servicio y así quieren concluir. Evidentemente, no tienen ni han pretendido tener rango de oficialidad. Ese honor pertenece a las Actas. El cronista se ha movido muy a gusto por los vericuetos asamblearios y ha constatado, en vivo y en directo, la cercanía y el afecto de todos los asambleístas. Y no quiere terminar estas líneas sin enviarle a usted, querido lector, el más entrañable agradecimiento. Porque sin usted, sin el lector, no existirían estas crónicas. Salud y hasta siempre.

CELESTINO FERNÁNDEZ