Madagascar: misión “ad gentes”

 

La historia de los misioneros de la Congregación de la Misión en Madagascar se divide en cinco períodos: en tiempo de San Vicente de Paúl (1648-1674); retorno de la C. M. a Madagascar (1896-1911), erección de la Provincia (1911-1961), internacionalización(1961-1977) y malgachización.

 

 

 

EN TIEMPO DE SAN VICENTE (1648-1674)

El año 1648 San Vicente envió a Madagascar a dos de sus mejores misioneros. Eran los pioneros de una larga serie que no había hecho más que comenzar. En las conferencias pronunciadas por el fundador en San Lázaro incluía con frecuencia noticias y comentarios sobre la evolución de dicha misión. En diversas ocasiones manifestó su deseo más íntimo de trasladarse a tierras de misión. Solía incluso describir las virtudes y el celo apostólico de los primeros misioneros enviados a tan lejana isla. Fue el P. R. Almerás, primer sucesor de San Vicente, quien, debido a las grandes dificultades surgidas en el año 1674, clausuró la misión. De esta manera se ponía punto final al primer período de la presencia vicenciana en Madagascar.

 

 

 

RETORNO DE LOS MISIONEROS A MADAGASCAR (1896-1911)

Clausurada la misión por el P. R. Almerás, la ausencia de misioneros vicencianos se prolongó por espacio de 222 años. En 1896 la C. M. fue invitada a evangelizar en aquella inmensa isla del Océano Índico. A finales del siglo XIX, Madagascar había pasado a ser protectorado francés. En lo eclesial, el territorio fue dividido en tres vicariatos: norte, centro y sur. El Papa León XIII nombró a Mons. Santiago Crouzet, C. M., misionero a la sazón en Etiopía, Vicario Apostólico de la zona sur que abarcaba 1/3 de la isla. Mons. S. Crouzet tuvo la feliz ocurrencia de llamar a los misioneros de la C. M. para emprender de nuevo la evangelización interrumpida durante más de dos siglos. Efectivamente, Mons. S. Crouzet, acompañado por un grupo de misioneros franceses y etíopes, en abril de 1896 desembarcó en Fort-Dauphin. No tardaron en surgir las dificultades, debido a factores de distinta naturaleza: climatología adversa, carencia de comunicaciones, inseguridad y, sobre todo, la desconfianza de los nativos con relación a unos misioneros considerados cómplices de la potencia colonizadora.

 

 

 

NACE LA PROVINCIA MALGACHE (1911-1961)

En 1911 fue erigida canónicamente la Provincia de Madagascar. El oficio de Visitador recayó sobre el Vicario Apostólico Mons. S. Crouzet. La joven Provincia se responsabilizaba de la evangelización de un Vicariato de proporciones inmensas. En 1929 ingresó en la C. M. Tomás Zafimasina, primer cohermano malgache, quien en 1929 sería ordenado presbítero. En 1932 el P. Juan Bautista García fue nombrado Visitador en lugar de Mons. S. Crouzet, quien siguió siendo Vicario Apostólico. La Provincia contaba en este momento con cuarenta misioneros. Pero el número de cohermanos descendió debido a la segunda guerra mundial de 1939-1945. Por este motivo los misioneros vicencianos se vieron obligados a concentrar sus actividades misioneras en un territorio cada vez más reducido, coincidente con las diócesis de Fort-Dauphin, Farafangana e Ihosy. El resto fue confiado a los Asuncionistas y los Padres de la Santa Familia.

 

 

 

LA INTERNACIONALIZACIÓN (1961-1977)

A pesar de la reducción del territorio confiado a la C. M., el número de misioneros venidos de Francia era a todas luces insuficiente. Por otra parte, en 1960 Madagascar había logrado la independencia, con lo cual se iniciaba un nuevo período en lo concerniente a la acción misionera. El P. Clemente Cassan, antiguo misionero en China, el año 1953 fue nombrado Visitador de la Provincia. Sin pérdida de tiempo pidió al P. William Slattery misioneros para dar un nuevo impulso a la misión de Madagascar. Respondieron a la invitación las Provincias de Turín (1962), Madrid (1965), Eslovenia (1968) y Polonia (1970). A cada uno de estos grupos le fue confiada una zona del territorio.

 

 

 

HACIA LA MALGACHIZACIÓN

En la década de los setenta el número de vocaciones sacerdotales y religiosas aumentó en Madagascar. Varios jóvenes manifestaron su deseo de ser misioneros de la C. M., a fin de seguir a Jesucristo evangelizador de los pobres. Esto supuesto, la Provincia organizó las estructuras a fin de poder dar una buena formación a los aspirantes. En 1983 se abrió una casa en Antananaribo para los seminaristas mayores; más adelante, en 1986, se inauguró el Seminario Interno, ubicado en algunas de las dependencias de la Casa Provincial, y, en 1990, se inauguró el Teologado en Fanarantsoa. Los misioneros españoles, responsables de la misión del Androy, dependiente de la Provincia de Madrid, el 27 de septiembre del 2000 se unieron canónicamente a la Provincia de Madagascar. Se trata de un hecho sin duda muy significativo ya que desde esa fecha todos los misioneros vicencianos de Madagascar forman una sola Provincia.

 

 

A partir de 1982-1983 las sucesivas Asambleas Provinciales han ido señalando algunas líneas de acción. Las más significativas son las siguientes: dar nuevo impulso a la primera evangelización en las zonas rurales, en las que 2/3 de la población no ha recibido el bautismo; ofrecer a las nuevas vocaciones una buena formación vicenciana y sacerdotal; abrirse a la misión “ad gentes” enviando algún misionero a la vecina Viceprovincia de Mozambique; fomentar, en la medida de lo posible, las misiones populares; colaborar con decisión en la formación del clero y en la animación de la Familia Vicenciana; a través de una eficiente y auténtica inculturación, encarnar el espíritu vicenciano en la cultura malgache. Con estas intenciones, la Provincia de Madagascar se propone hoy proseguir la acción misionera coincidiendo con los inicios del tercer milenio.La provincia cuenta, en este momento, con 93 sacerdotes, diáconos, hermanos y estudiantes incorporados. Un nativo, el P. Benjamín Ramaroson, desempeñaba, partir del 28 de agosto del 2001, el oficio de Visitador (recientemente, ha sido nombrado obispo de la diócesis de Farafangana). Las Hijas de la Caridad llegaron a Madagascar el año 1897. Desde entonces han colaborado, codo con codo con los misioneros, en el servicio y anuncio de Jesucristo al pueblo malgache.

 

 

Once cohermanos españoles continúan animando la misión del Androy. Desde aquí, les tenemos muy presentes en la oración. Cuenten todos ellos, lo mismo que las Hijas de la Caridad de Madagascar y, en particular, del Androy, con nuestro apoyo y sincera estima.

 

JOSÉ IGNACIO FERNÁNDEZ MENDOZA, C. M.