VISITA A LA MISIÓN DE MADAGASCAR

 

 

 

ENTREVISTA AL

P. JOAQUÍN GONZÁLEZ, VISITADOR

 

 

 

El día 31 de octubre del pasado año 2005, el P. Joaquín González, Visitador de nuestra Provincia de Madrid, emprendía un viaje a la Misión de Madagascar. Y, el día 22 de noviembre, regresaba con la mente y el corazón llenos de emociones, sensaciones, vivencias, recuerdos... Han sido veintiún días muy bien aprovechados, visitando a los misioneros españoles -también a muchos nativos- que llevan nada menos que cuarenta años dando su vida en la Misión de Madagascar, concretamente en la zona de el Androy.

En esta entrevista, el P. Joaquín González nos va desgranando todo lo que allí ha vivido y nos trae la presencia cálida y entrañable de nuestros queridos y recordados misioneros de el Androy.

 

 


-Cuéntanos tu experiencia, tu primera impresión.

--No es fácil resumir en unas líneas la experiencia vivida durante mi viaje. Todo contacto con otros mundos es una gran riqueza personal y supone siempre algo muy gratificante. Es bueno abrirnos a otras realidades y culturas y ver que hay otras concepciones de la vida distintas a la nuestra, que hay otros valores con los que nos podemos enriquecer y, sobre todo, que la Iglesia es universal y que pertenecemos a una Congregación sin fronteras. Personalmente, este viaje ha sido uno de esos momentos que marcan y dejan huella. Te impresionan muchas cosas: la entrega de los misioneros, la ilusión con la que trabajan, la obra que han realizado... Pero si algo me ha llamado la atención, ha sido la gente malgache: su sonrisa, su mirada, su alegría en medio de la pobreza... Esto te impacta, sobre todo a nosotros que vivimos en el primer mundo; un mundo saturado de cosas, pero con un vacío interior profundo, sin saber sonreír y sin esperanza en nuestros corazones.

 

-¿Qué finalidad tenía tu visita a Madagascar?

--Mi estancia en Madagascar no ha tenido el carácter de visita canónica. Esta es la primera vez que un Provincial español se hace presente en el Androy sin tener la visita un carácter de oficio. Como todos sabemos, desde el 27 de septiembre del 2000, el grupo de misioneros españoles dejó de pertenecer jurídicamente a la Provincia de Madrid y se incorporó a la Provincia de Madagascar. Por tanto, mi visita, como ya dije en su día, tenía la finalidad de fortalecer las relaciones fraternas y afectivas. Sólo pretendía alentar a los misioneros en su trabajo, compartir sus inquietudes y acercarme un poquito al mundo de la pobreza. Además, nuestras Asambleas Provinciales han insistido en el interés por la misión y los misioneros. Precisamente, uno de los cauces que tenemos para cumplir con ello es la visita del Provincial o de un Delegado suyo.

 

-¿Qué relación hay actualmente entre los misioneros españoles de Madagascar y las Provincias de España?

--Aunque jurídicamente pertenecen ya a la Provincia de Madagascar, se sienten muy unidos a sus Provincias de origen: ocho, a la de Madrid; dos, a la de Salamanca. Tienen un gran interés en que no haya una desvinculación afectiva y humana hacia sus Provincias de origen y de nosotros hacia ellos. Están muy agradecidos al apoyo, humano y económico, que desde los comienzos recibieron de las Provincias responsables de la misión: Zaragoza, Salamanca y Madrid. La relación de las tres Provincias españolas con la misión debería seguir igual de estrecha mientras queden allá misioneros españoles. Sin la aportación económica de las Provincias españolas, sería imposible realizar en el Androy toda la actividad social y evangelizadora que desarrollan. Nuestro apoyo fraterno y económico sigue siendo vital.

 

-¿Desde cuando hay misioneros españoles en Madagascar?

--Me vas a permitir que haga un poco de historia sobre la presencia de la Congregación de la Misión en Madagascar. Nos puede venir bien refrescar la memoria.  En el año 1648, San Vicente de Paúl ya envió misioneros. Fue el P. Almerás, sucesor de San Vicente, quien, debido a las grandes dificultades surgidas, clausuró la misión el año 1674. Después de más de 200 años de ausencia, la C. M. fue nuevamente invitada a evangelizar en la Isla Roja. Y fue Monseñor Santiago Crouzet, C. M., nombrado Vicario Apostólico de la zona sur de la isla, quien en el año 1896 llegó a estas tierras, acompañado por un grupo de misioneros franceses y etíopes. En 1911, fue erigida la Provincia malgache. Ésta, en el año 1932, contaba ya con 40 misioneros. Pero el número descendió notablemente debido a la segunda guerra mundial. El P. Clemente Cassan, antiguo misionero en China, fue nombrado Visitador en el año 1953 y, sin tardar, pidió al P. William Slattery, Superior General, colaboración para dar un nuevo impulso a la Misión. Respondieron a la invitación las Provincias de Turín (1962), la antigua Provincia de Madrid (1965), Eslovenia (1968) y Polonia  (1979). A cada grupo se le asignó una zona del territorio. Al grupo español le correspondió el Androy, donde siguen trabajando desde entonces. De todos estos países, incluida Francia, queda aún presencia de misioneros.

 

-Dinos algo de la región dónde trabajan los misioneros.

--La misión encomendada a los españoles se encuentra en el Androy, diócesis de Fort-Dauphin, en la zona sur de la isla, con unos 22.000 kilómetros cuadrados y una población de 500.000 habitantes. Es una zona con un clima muy seco, casi desértico, con unas posibilidades agrícolas y ganaderas realmente muy limitadas. Es una de las regiones más pobres de Madagascar. El 15 de octubre de 1965, pisaron tierra los primeros misioneros: los Padres Manuel Coello, José Luis Cuesta, Manuel Garrido, Julio Herrero, y los Hermanos Francisco Martínez y Clemente López. El  31 de mayo de 1966, los españoles se hicieron cargo de la Misión. Actualmente trabajan desde seis centros misioneros: Ambovombe (1956), Tsihombe (1961), Antanimora (1969), Bekily (1972), Beloha (1974) y Beraketa. Desde estos lugares proyectan toda su acción misionera en la región del Androy. Hay que añadir que, allí donde fueron llegando los Paúles, hoy también están presentes las Hijas de la Caridad. Ellas prestan una ayuda extraordinaria y son un buen complemento para la evangelización.

-Háblanos de los trabajos que hacen los misioneros.

--Nuestros misioneros son unos “todoterreno”. Evangelizan “de palabra y de obra”. De palabra: mediante la catequesis, la predicación, la enseñanza, la formación de los catequistas... Lo hacen en pueblos grandes, con unas hermosas iglesias levantadas por ellos mismos; así como en la “brousse” (los campos), en recónditos poblados, con capillitas de barro y paja. Y de obra: sosteniendo escuelas, colegios, internados, dispensarios... Organizan proyectos para combatir el hambre y ofrecen programas de promoción humana. Por dar unas cifras, tienen un total de 94 escuelas, con un número de 6.457 alumnos en total. En estas “cantinas escolares”, todos los días se cocina un plato de arroz para que los niños puedan hacer al menos una comida medianamente consistente. Han puesto interés en la promoción de vocaciones y, en estos momentos, uno de los misioneros españoles  es el responsable del seminario menor diocesano. Tengo que decir que los Hermanos coadjutores, que en otro tiempo trabajaron en la misión, han dejado muy alto el listón en el gremio de la construcción.

 

-¿Es momento para seguir enviando nuevos misioneros a Madagascar?

--La Provincia malgache cuenta actualmente con 91 miembros, 45 son nativos y el resto extranjeros; en el Seminario de la C. M. tienen 20 estudiantes, y cuatro en el Seminario Interno. La edad media de la Provincia está en 49 años. Es una Provincia con un futuro esperanzador. Y aunque en el Androy,  region encomendada a los españoles, ya se han incorporando cinco misioneros malgaches, aún serían muy bien recibidos nuevos refuerzos extranjeros. Ciertamente, la mies sigue siendo mucha y los obreros pocos. En nuestra Provincia, me consta que hay interés por las misiones “ad gentes”; la cuestión está en que en España hay pocas vocaciones y aquí también se necesitan misioneros jóvenes. No obstante, ya San Vicente nos pone en guardia contra los que buscan recortar o abandonar las misiones difíciles a causa de su distancia, de falta de personal o de la pérdida del espíritu misionero: “Serán gentes comodonas, personas que no viven más que en un pequeño círculo, que limitan su visión y sus proyectos a una pequeña circunferencia en la que se encierran como en un punto, sin querer salir de allí” (S. V., XI, 397).

 

-¿Y qué opinas de la participación de los laicos en la misión?

--Sé que este tema ya se lo han planteado más de una vez los misioneros. Entiendo que el idioma es una barrera muy grande. Uno no puede ir para un par de meses; ahora bien, por un tiempo más largo, varios años, y con una especialización concreta, sí sería posible. Los misioneros, juntamente con el Visitador de Madagascar y con la organización de Misevi, tendrán que continuar reflexionando sobre la posibilidad de incluir laicos en la misión del Androy. Todo esto, yo entiendo que requerirá ajustes y sacrificios, de una parte y de otra, pero los beneficios para los pobres, para el laicado vicenciano y para los mismos misioneros, tendrán más peso que las dificultades.

 

-¿Cuáles son, a tu juicio, los principales retos que tiene en este momento la Misión?

--Hay que partir de algo fundamental: la evangelización misionera implica siempre el encuentro de culturas. El evangelio tendrá que impregnar la cultura promoviendo los valores ya presentes en ella y, a la vez, cuestionando cuanto no es de Dios dentro de esa cultura. La inculturación del Evangelio es un proceso largo y difícil. Exige estudio y reflexión. Requiere diálogo, respeto y humildad. Ahora bien, hay otros retos más concretos. No es fácil, tras 22 días de visita a la Misión, señalar los retos; no obstante, después de escuchar a los misioneros, sí me atrevo a apuntar algunas prioridades para el futuro. Toca ahora consolidar y afianzar el trabajo realizado hasta hoy; tras una “etapa de “creación y expansión”, tiene que venir una “etapa de consolidación y afianzamiento”. Tendrán que seguir intensificando la formación del laicado a través de procesos serios de fe, sobre todo en los centros urbanos. La selección y formación de buenos catequistas será fundamental para mantener las pequeñas comunidades en los poblados. Otros de los retos importantes será saber integrar a los misioneros nativos en las comunidades y en los trabajos de los misioneros españoles; deben ir pensando en el relevo. Tendrán que seguir dedicando medios y personal a la promoción vocacional. Creo que ya ha llegado el momento de hacer una revisión de ministerios y de pensar qué puestos pueden atender y qué centro o centros deberían entregar al Sr. Obispo. Se impone para el futuro un  nuevo estilo de comunidades, al menos, con tres miembros en cada una de ellas. Será necesario ir asegurando estructuras y recursos para que, en el futuro, las obras que atienda la Provincia malgache se puedan autofinanciar.

 

-Pronto se van a celebrar los 40 años de la llegada de los misioneros españoles a Madagascar. ¿Se piensa hacer algo con esta ocasión?

--Efectivamente, para mayo del 2006 se cumplirán cuarenta años de trabajo de los españoles en la misión del Androy. Ya se está pensando en hacer alguna publicación especial. Será bueno recoger el trabajo de los misioneros y misioneras españoles, así como dar a conocer su obra. Los misioneros que están o han pasado por la misión han escrito, con sudor y lágrimas, una gran historia. Historia para ver, pero también para contar. De esta manera, las generaciones venideras se encontrarán con una gloriosa historia misionera para recordar. Y será bueno que, entre ellos y nosotros, seamos imaginativos para dar a conocer la misión y entusiasmar a otros con este ideal tan vicenciano. En cada una de nuestras Comunidades, deberíamos pensar qué hacer, a lo largo del 2006, para ayudar y dar a conocer la misión de Madagascar en su  aniversario de presencia española.

 

- ¿Qué mensaje quieres enviar a los misioneros del Androy?

-- Ante todo, vaya por delante mi agradecimiento por el trato cercano y por la acogida tan fraterna que recibí durante la visita. Si tengo que enviar un mensaje, lo quiero hacer en nombre de los Padres y Hermanos de las Provincias de Zaragoza, Salamanca y Madrid. Lo primero de todo, quiero felicitarlos y agradecer su entrega, su sacrifico y su esfuerzo entre la gente antandroy. Vosotros, que un día salisteis enviados,  nos estáis recordando que pertenecemos a una Congregación misionera y nos estáis ayudando a vivir este espíritu en nuestras Comunidades, así como a transmitírselo a los seglares con los que trabajamos. Os digo, también, que en España os tenemos presentes, que os recordamos, que oramos por vosotros y que no estáis solos, aunque a veces os lo tendríamos que demostrar un poquito más. Y os recuerdo que aquí, desde donde un día fuisteis enviados, seguís teniendo vuestros amigos y vuestras casas, bien para cuando vengáis de vacaciones o para cuando decidáis regresar definitivamente. Pero, sobre todo, en estas fechas, quiero enviaros una cordial felicitación navideña en nombre de todos nosotros. Y quiero deciros que, aunque estéis lejos de vuestra familia y compañeros, sé que estáis rodeados de otra familia que os quiere y necesita. Que sintáis, especialmente en estos días, el cariño de toda aquella gente. ¡Que el nacimiento del Hijo de Dios os llene siempre de alegría y  de entusiasmo!

 

CELESTINO FERNÁNDEZ, C. M.

(Tomado del Boletín Informativo de los PP. Paúles

de la Provincia de Madrid, nº 275, noviembre-diciembre 2005).